Amado creador de la vida, de la esperanza y de los sueños que aún resisten en medio de las tormentas humanas, hoy elevo esta plegaria por Colombia, por sus montañas, sus ríos, sus selvas y sus ciudades; pero, sobre todo, por el corazón de su gente, que muchas veces está cansado, herido y confundido. Te pido por los niños que crecen en medio de la violencia, escuchando palabras de odio cuando deberían ser de amor y de esperanza. Protégelos de la indiferencia y del pesimismo; permite que encuentren maestros que inspiren, familias que abracen y comunidades que los acompañen. Te pido también por los jóvenes, muchos de ellos atrapados entre el miedo y la incertidumbre, intentando construir un futuro en una tierra donde a veces parece más fácil desarraigar que cosechar. Ilumina sus caminos para que no pierdan la fe en sí mismos ni en el país que habitan. Que descubran que el conocimiento, la solidaridad y la empatía son más poderosos que la violencia y el resentimiento.
Señor de la sabiduría, toca el corazón de quienes gobiernan y de quienes aspiran a gobernar. Que comprendan que el verdadero liderazgo no nace de la arrogancia ni de la amenaza, sino de la capacidad de escuchar el dolor ajeno y de servir con humildad. Que ningún interés personal esté por encima del bienestar colectivo; que entiendan que un país no se construye humillando al otro ni sembrando divisiones entre hermanos.
Te pido también, amado creador, que concedas a las colombianas y los colombianos la sabiduría necesaria para elegir, en medio de tantas voces y promesas, a la candidata o al candidato que verdaderamente encarne los valores que nuestro país necesita. Que sepamos reconocer en quienes aspiran a dirigir los destinos de la nación la honestidad, la sensibilidad humana, el respeto por la vida, la capacidad de diálogo y el compromiso genuino con los más vulnerables. Que no nos dejemos arrastrar por el odio, la manipulación o el fanatismo, sino que podamos decidir con conciencia, serenidad y amor por Colombia, pensando en el presente, pero también en el futuro de las próximas generaciones.
Permite que los colombianos podamos reconocernos como hermanos, aun en medio de nuestras diferencias. Que aprendamos a debatir sin destruirnos, a pensar distinto sin odiarnos y a convivir sin convertir al otro en enemigo. Arranca de nosotros el fanatismo que enceguece y el orgullo que endurece el alma. Bendice a quienes trabajan por la paz, por la educación, por la salud y por la dignidad humana; a los maestros, campesinos, médicos, obreros, líderes sociales y ciudadanos honestos que silenciosamente sostienen este país con su esfuerzo diario. Hazles sentir que su trabajo tiene sentido y que ninguna obra hecha con amor es inútil.
Ayúdanos a sanar las heridas del pasado y a construir un futuro donde la compasión sea más fuerte que el odio y donde la vida tenga más valor que cualquier diferencia política o ideológica. Que Colombia vuelva a creer en la reconciliación, en la bondad y en la posibilidad de vivir en armonía. Amén. www.urielescobar.com.co


