Un nuevo barrio irrumpe en la vida citadina de Pereira, uno más, de los tantos que han surgido en el último período.
Los primeros pobladores comenzamos a ocupar las casas, con la ilusión del estrene y la expectativa de un nuevo vecindario. Porque es indudable que de un buen o mal vecino depende la clase de vida que nos espera en estos conjuntos cerrados, donde la estrecha vecindad es inevitable y en muchos casos, no hay reglamento de convivencia que funcione.
Poco a poco, el barrio va adquiriendo vida, los nuevos residentes van llegando, cargados de muebles e ilusiones, con la esperanza de una vida que comienza.
Todos miramos expectantes a los lados y hacia el frente, esperando recibir algún indicio sobre la clase de vecino que nos cupo en suerte.
Finalmente, y transcurridos los primeros días, podemos respirar tranquilos. Constatamos que somos de los mismos: profesionales o empleados clase media, de costumbres sanas y apariencia grata.
A simple vista no se avizoran escándalos ni ruidosas rumbas hasta el amanecer, todo parece indicar que la vida transcurrirá de manera tranquila y placentera.
A medida que transcurre el tiempo y por diversas circunstancias, los vecinos comienzan a abandonar el barrio, la vida los lleva a otros lugares. Cada vez que un vecino se va, es como una historia que concluye, un ciclo que se cierra. Y por supuesto, cuando un vecino se va, nos invade la zozobra sobre el nuevo residente que llegará a ocupar su lugar.
Un día, cuando apenas comenzaba a conformarse el barrio, llegó a estrenar su nueva casa, justamente al frente de la nuestra, una joven pareja que se amaba y que poco a poco, llena de ilusiones, tomados de la mano y mirando con amor su nido, lo llenaron de detalles.
Pusieron adornos, un mueble acá, otro por allá, modificaron los espacios, clavaron puntillas, sembraron unas astromelias en el antejardín que se mantenían prendidas con unas bellas flores color fucsia…
Pasaron los meses y la pareja compartía su vida, hasta que un día, a ella no la vimos más.
Él se quedó solo, como sola y grande parecía su casa.
La familia cambió. Ya no era la pareja que empezó esta historia, ya no eran él y ella. Ahora era solo él.
Después, llegó su madre que venía de alguna parte, y un hijo adolescente que también volvió, con su hermoso perro labrador. Ahora, la nueva familia eran ellos tres… ¡Y el hermoso labrador, por supuesto!
Siguió pasando el tiempo, la familia parecía adaptarse al nuevo espacio, y de pronto, un día, todos se marcharon, cada uno con distinto rumbo.
La casa quedó sola, la nueva familia dejó de serlo.
El chico tuvo que partir, sin querer irse, pues aquí tenía nuevos amigos a los que quería, su perrito labrador que lo acompañaba a todas partes, y una familia que, aunque era como era, había sido su familia durante el tiempo que permanecieron juntos. Ahora todos se fueron, seguramente buscando otros lugares donde continuar sus vidas.
Y esa casa, a la que un día llegó una pareja llena de ilusiones, ahora está vacía. Solo quedan esas bellas astromelias color fucsia que inexplicablemente todavía florecen, como testigos mudos de esta historia.
Al mirar esa casa vacía pienso en lo efímero que es todo, en esa forma tan peculiar que tenemos los seres humanos de iniciar y cerrar ciclos a lo largo de la vida. Y no lo puedo evitar, al mirar esa casa, me vuelve a la mente el temor que siempre me aborda en estos casos:
Y ahora, ¿quiénes serán nuestros próximos vecinos?



Qué historia tan emotiva consuelo y me parece muy real la gran importancia que tiene un buen vecino para una buena convivencia
Muchas gracias Vale por tu comentario! Me gustó mucho!
Creo que siempre existirá esa incertidumbre de los que vivimos en conjuntos residenciales, quienes somos, como somos, que tal somos, lo único que uno espera es sentir esa seguridad y esa sensación agradable después de pasar esa puerta de seguridad saludando a los vigilantes y a los eventuales vecinos que se vá encontrando mientras va uno llegado a su confortable morada.
Gracias Jorge, que comentario tan bonito, en realidad es importante el vecindario, pero también lo son todas esas historias que ocurren a nuestro alrededor, las familias como se van transformando y especialmente las astromelias que son testigos de tantas historias
Excelente descripción de vivir en conjuntos cerrados, en los cuales no me he podido adaptar desde que vivo en esta ciudad, hay muchas condiciones y restricciones sociales respetables, hay control desde portería hasta la puerta de la casa y, de muchos otros requisitos. Yo soy del barrio popular de laderas, de periferias donde la vida se siente convulsa cada momento, cada instante sin peligros, con seguridad, donde se encuentra una realidad pulsiva, con lenguajes estéticos que dan vida a mi vida cultural. Esto no es un gesto de resentido social, es de principios. Y por el contrario admiro los grupos sociedades que viven en pequeños espacios cerrados, en los mismos diseños de sus habitáculos que adquieren unidad para muchas cosas desde lo administrativo. «La unidad»
Boaventura de Sousa Santos, sociólogo portugués, sostiene que las sociedades periféricas y semi-periféricas no deben ser entendidas simplemente como «atrasadas» o inferiores, sino como lugares de resistencia, innovación epistémica y producción de nuevos conocimientos frente al dominio del pensamiento occidental.
Felicitaciones por tu dibujo descriptivo a través de las palabras.
Gracias James por tu comentario. Agrego que en conjunto cerrado o abierto, igual es muy importante el vecindario y especialmente las redes de apoyo que se van conformando. También son interesantes las historias familiares que se van desenvolviendo a nuestro alrededor y especialmente esas astromelias fucsia como testigos de tantas historias! Gracias!
Hola Consuelo, siempre me haces volar la imaginación.
Son cosas que suelen suceder en nuestra cotidianidad, nos sucede a muchos, hasta que nos acentamos en nuestro hogar, aún asi la tranquilidad y seguridad de vivir en un conjunto cerrado nos da un parte de tranquilidad, aunque no por eso nos podemos confiar del todo, las cosas ahora son mas complejas y siempre vendrán buenos y malos vecinos, te mando un abrazo 🤗
Muchas gracias Linda! El vecindario es muy importante como factor de cohesión social y redes de apoyo. También son interesantes todas esas historias que van ocurriendo a nuestro alrededor y que reflejan el transcurso de la vida misma. Gracias!
Las cosas han cambiado hoy no tiene nada que ver con lo que se vivía con los vecinos
Había respeto, solidaridad.
Hoy la indiferencia,
Y la intolerancia campa en esta sociedad que cada día está más contaminada socialmente
Eso es verdad, querida Soledad, pero hay que reconocer que todavía hay vecindarios donde existe el apoyo mutuo y la solidaridad que son la bases de las redes de apoyo. Además de esas lindas historias de amor que ocurren a nuestro alrededor!
Muy buen escrito, Consuelo. Creo que a muchos nos pasa lo mismo, sentir temor o incertidumbre hacia los cambios es natural en los seres humanos. Un buen vecino puede hacer la diferencia entre el bienestar o situaciones problemáticas, de allí la expectativa que producen los nuevos vecinos.
Exactamente Wilson, eso es inevitable un vecino puede convertirse en un gran amigo o en un enemigo, puede hacer la vida agradable o desagradable, son muy importantes los vecinos!
Consuelito que buena narrativa de lo que todos vivimos de una u otra manera con o sin compañía siempre hay incertidumbre de quien vendrá a ser nuestro vecino, de un flechazo vinieron a mi mente los vecinos de mi casa paterna con sus historias propias las cuales recuerdo asombrándome de mi memoria de esos tiempos…hoy día en mi apartamento realmente no se de mis vecinos. Gracias amiga por compartir
El panorama que pintas en tu artículo con la expectativa de saber quién compartirá el aire que respiras, si consolidará el espíritu de la sana convivencia, deja un sabor un poco agridulce con tono nostálgico por la incertidumbre sobre la suerte los que se fueron y no lograron echar raíces de permanencia y disfrute del barrio.
Ello me habla querida Consuelo de tu sentido de empatía y acogedora vecindad para suerte de los que comparten contigo ese espacio vital.
Son historias de vida que habitan en las casas llenos de sueños, felicidad, y muchas vivencias con los compañeros de los lados de la casa, unos van y vienen buenas personas, sociables, otros timidos, egocentricos, poco amistosos, y dejan siempre un recuerdo de una etapa de la vida que compartieron en nuestro vecindario y dejaron huella en la historia del conjunto