Malthus habló de cómo la población sobrepasaría la capacidad de producir alimentos como preludio a la crisis, la aparición del motor propició la reacción de los obreros ingleses por el temor a que la máquina sustituyera al hombre como músculo de la produción, el Club de Roma predijo el agotamiento de las materias primas y el desastre ambiental en solo unos pocos años y ahora es el chip el enemigo del trabajador; en todos los casos el desarrollo tecnológico y la aparición de nuevos quehaceres dieron un respiro a lo que hoy parece cierto.
De todo lo dicho hay algo inocultable: la pobreza y el hambre, tragedia que se hace monstruosa en el mal llamado tercer mundo como si gran parte de Africa, Asia y América no fueran parte de un todo, del tambor global del que habló Marshall McLujan, refiriéndose a la comunicación como primer fenómeno global, dado que la información, como fenómeno contemporáneo, llega a todos los rincones del planeta, aún allí en donde la riqueza, el desarrollo, y la educación son aves exóticas.
Algunos extremistas utilizan como argumento para pregonar el cambio, el cual es sin duda la bandera más repetida al punto de haberse convertido en inpresicindible en todas las campañas políticas, sean ellas de izquierda, derecha o intermedias; dicen ellos, los pregoneros del cambio y del totalitarismo populista, que Colombia está en la INMUNDA, que es una dictadura en donde los derechos fundamentales son conculcados, a pesar de ser este un pais que permite que exdelincuentes sean legisladores, por la gracia de los Santos, los De la Calles y otros que engañaron a todo un pais.
Colombia es, según algunos sistemas de medición, uno de los países más desiguales del mundo, e incomparable con otros mejor calificados como: Haití, Venezuela o Cuba, ya que allá hay menos desigualdad porque, en ellos, como en el vecino país, el 98% de la población se encuentra por debajo del límite de pobreza, en ellos no hay desigualdades, que sí existen donde no todos son pobres de solemnidad, ni ricos los llenos de dinero, hecho cierto que sin embargo no puede ocultar que en nuestra patria hay pobreza, hambre y dolor que inunda nuestras calles y avenidas; muchos muchísimos están en situación lamentable, pero, y he aquí el pero, esta desgracia no es patrimonio exclusivo nuestro, y aunque mal de muchos consuelo de tontos, lo cierto es que a la pregunta: ¿con cual de los países de nuestro continente, desde el Río Grande hasta la Tierra del Fuego se puede encontrar un país en mejor situación que la nuestra?, es fácil verificar que la lista no alcanza a copar los dedos de una mano.
Los jóvenes irresponsables que conducen a altas velocidades piensan eróneamente que ellos nunca se accidentarán y por lo tanto están tranquilos cuando sobrepasan los límites y con ellos los riesgos de matar a terceros o causarse daños inrreparables se incrementan de manera exponencial, tonta manera de pensar que acompaña a quienes borrachos no solo violan las normas, sino que destrozan su vida y la de sus víctimas.
De la misma manera, quienes ignoran la evidencia, las pruebas al canto de cómo los totalitarismos, vendidos como el nirvana, donde la equidad y la igualdad producirán la sociedad perfecta; terminan indefectiblemente arruinando, empobreciendo, embruteciendo y destruyendo todas las libertades; los discursos populistas que siempre aparecen después de las crisis económicas y sociales como la que acabamos de padecer, convencen a quienes, cuando verifican la realidad ya es tarde; perder las libertades es rápido, recuperarlas es tarea casi imposible.


