¿Cómo inyectar de pereiranidad a los nuevos habitantes de la ciudad? No habrá un nuevo civismo si no hacemos de los foráneos verdaderos pereiranos. Vienen a beneficiarse de nuestras bondades y virtudes, pero no encuentran mecanismos para insertarse en nuestra vida cotidiana y para involucrarse con nuestra idiosincrasia. Es imperativo que diseñemos entre todos instrumentos que permitan que se sientan bienvenidos y útiles al futuro de la comarca.
Uno de los motores de nuestro desarrollo ha sido el civismo: la capacidad de asociarnos para resolver problemas comunes y para ayudar a los más necesitados. La ciudad tiene al menos setenta ONG’s haciéndolo con éxito y entusiasmo, sin contar con las muchas otras entidades sin ánimo de lucro registradas en la Gobernación del departamento, las juntas de acción comunal y muchos otros grupos que trabajan por un propósito social único. En ninguna de ellas hay presencia activa de los bogotanos, de los antioqueños, de los vallunos que se han venido a vivir entre nosotros. Tampoco de los pereiranos pródigos que después de años y décadas por fuera de nuestro terruño han decidido regresar a vivir entre nosotros.
Urge una acción ciudadana para pereiranizar a quienes nos han escogido como su hábitat. Para imbuirlos de nuestras virtudes y abundancias. Para sensibilizarlos con nuestras expectativas y para que su papel entre nosotros no sea solamente el de «estar».
Ahora que se ha despertado un interés renovado por el ancestral civismo que hemos profesado y que ha sido vital en nuestro desarrollo es indispensable encontrar una manera de vincular a los nuevos pereiranos con ese altruismo y entusiasmo que nos caracteriza. Sirva esta columna para motivar a Pereira Cívica, a Orgullo Pereirano, a Ágora Cívica y a los demás colectivos que se han venido conformando en la ciudad para reavivar el civismo a que diseñen mecanismos de incorporación de los recién llegados. De igual manera a la academia y a las instituciones públicas para que diseñen políticas en tal sentido.
De por sí, la llegada de todos estos nuevos habitantes conlleva serios problemas de movilidad y el encarecimiento de la canasta familiar. Gentes nuevas con grandes poderes adquisitivos y acostumbrados a los altos costos de vida que tienen Bogotá y las grandes ciudades ven con agrado el modus vivendi más barato que tenemos, pero encarecen nuestros bienes y servicios al estar dispuestos a pagar más por ellos.
Estos nuevos pereiranos son —en su gran mayoría— personas pudientes capaces de generar nuevas dinámicas y de apoyar las existentes. Producir en ellos un nuevo sentido de pertenencia será indispensable para abordar juntos el desarrollo futuro y para darle vigor a la «pereiranidad». El mejor ejemplo de ello es el nuevo hospital de la Fundación Santa Fe de Bogotá, la Fundación Tatamá y la Fundación Santo Domingo que abrirá sus puertas el próximo año y que nació de la iniciativa de varios empresarios pereiranos, unos de nacencia y otros de adopción, que de manera muy cívica lograron vincular estas instituciones, comprometer a casi 500 donantes y sacar adelante este espectacular proyecto de salud.
Urge censar a los «nuevos pereiranos», tarea fácil si se revisan las licencias de construcción de los últimos cinco años, la compra de bienes raíces nuevos y usados en el mismo período, la lista de nuevos socios del Club Campestre de Pereira, etc.. Después vendrá la tarea más difícil pero importante: cautivarlos y vincularlos con acciones cívicas y solidarias, con proyectos de desarrollo y con causas propias de la pereiranidad. Es un reto enorme que impone el afán muy evidente que hay en la ciudad por recuperar el espíritu y el entusiasmo cívico de antaño y debiera ser una política de ciudad.


