Un quejido cada día se infiltra más en la Nación por la aparición de nuevos hechos escandalosos salidos con la intención de causar daño al modelo democrático, a la vida y su relación social que incluye la seguridad, el maltrato en el juego político, la mentira como brújula y todo lo que queda por enumerar, sin dejar de mencionar la intranquilidad, la incertidumbre, la muerte en seguidilla, tal como el suscrito lo anotó en otra ocasión al expresar que el baúl de los asombros no se agota, y esas pesadillas causan aplausos en palaciegos arrimados que antes no habían pisado alfombra mullida, al decir del escritor portugués Fernando Pessoa en “El libro del desasosiego”, en uno de sus acápites: “es una confesión de preocupación por algo o alguien material o tal vez ilusorio como los mismos conceptos que el tal pesimista intenta destrozar”. En otras palabras: quien está al frente de la majestad de la República, lo único que lo excita en su pasión por ejercer la suerte de su mandato, es la refriega y no la discusión de las ideas. El activismo lleva a provocar una reacción o una respuesta (aún contraria) “en algo o en alguien”. Hoy, a un año del fin del periodo, según la norma constitucional, la causa demoledora continuará. No hay que dudarlo; resulta cosa de inocentes seguir clamando por acuerdos nacionales, cuando todo lo contrario ocurrirá: falacias construidas para quedarse allí o en dominio de su influencia. De parte de la ciudadanía y las fuerzas políticas, el respeto por el lapso que le queda en condición de jefe del Estado, así ese provenir incite a morderse las uñas la gente contraria a la ideología que busca, por un mismo rasero, que todos sean pobres, según las observancias en Venezuela, Cuba y Nicaragua. A Petro se le olvidó, o mejor, escondió, la narrativa de construir una amplia fuente de riqueza por medio de una productividad intensa que determine creación de empleo digno, la utilización de tecnología, un sistema educativo amplio, pertinente y de calidad como vanguardia del progreso. Lo que sí hay que reconocer en Petro es la fotografía tridimensional que ha mostrado de la pobreza galopante en que vive buena parte de la población que ha servido a las bandas criminales (ya no existen guerrillas políticas) a ser poseedoras de amplios territorios no solo en la Colombia Profunda, sino en cercanías a capitales y dentro de ellas. La ola invernal a través de la T.V. ha mostrado la crudeza de la miseria, la desesperanza, el olvido y las promesas convertidas en falacias por sus incumplimientos. Grandes territorios gráficamente señalados como partes de la soberanía nacional no son, de manera real, pertenencias de la Constitución. Hay conglomerados que luchan por subsistir, pero en cambio son subyugados, violentados y asesinados por malandros que parecen recibir “consideración, amor y simpatía” en altas esferas. ¡Qué pesar! Los discursos de la mayoría de los precandidatos deben enfocarse a lo que debe ser la reconstrucción del país, la cual será larga en el tiempo y extensa en sus resultados. Por lo tanto, habrá necesidad de formular y aprobar Políticas de Estado que garanticen su continuidad Inter períodos. Básicamente, los programas que ofrezcan los aspirantes deben contar con pilares en un gobierno de reconstrucción nacional, a saber:
1) el grave aspecto fiscal, 2) la prestación de la salud, 3) el narcotráfico,
4) la corrupción, 5) la inseguridad, y 6) la rectificación pensional.
Mientras tanto, hay que seguir actuando en defensa de la democracia y sus instituciones. Es necesario salir a la calle cada vez que se requiera para evitar el daño a estas. Solo así, la civilidad unida será determinante.
“¡Fuerza, Miguel!”



Su relato es la visión de Colombia que tiene la ultragodarria. Clasista racista,, aporofóbica, camandulera, decimonónica.. No fntienden que el mundo ha cambiado, que Colombia ha despertado. Que PETRO nos ha devuelto la esperanza de que sí es posible un país menos injusto, menos desigual.
MILLONES Y MILLONES Y MILLONES Y MILLONES DE COLOMBIANOS DEL COMÚN… ¡SOMOS PETRO!