domingo, mayo 3, 2026

BOMBAS URIBISTAS PRETENDEN MARCAN EL COMPÁS DE LA AGENDA ELECTORAL

OpiniónBOMBAS URIBISTAS PRETENDEN MARCAN EL COMPÁS DE LA AGENDA ELECTORAL

Para quienes no viven en las zonas afectadas y parece no importarles nada ni nadie hasta que lo pierden, no se trata de la celebración del Año Nuevo Chino, ni de festejos porque algún equipo de fútbol haya salido campeón. Para los más “inspirados” en los chismes de galería de las redes sociales, Petro o su administración es absolutamente ajeno. Se trata de los delincuentes de siempre.

¿Y esta gente pretende volver a gobernar el país a través de mequetrefes como Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, ambos marionetas del titiritero Álvaro Uribe para no seguir coleccionando fallos judiciales siempre en suspenso? Poco después de la llegada de la candidata del Centro Democrático, el pasado 2 de mayo, se denunció la coerción de contratistas y trabajadores administrativos de la Alcaldía, a fin de obligarlos a asistir al acto de la Plaza Bolívar de Pereira. Pero después es el Pacto Histórico el de los tamales o los dineros a ese efecto…

Por desgracia, en este momento toca omitir estos graves delitos electorales viniendo a deslegitimar la democracia colombiana. Hay hechos peores, cuando el aspirante oficialista, Iván Cepeda, va punteando ampliamente todas las encuestas mientras la derecha dividida no hace pie ni juntándose: Entre el 25 y 26 de abril de 2026 no puede describirse sin rabia: una explosión en la vía Panamericana, a la altura del Túnel de Cajibío en Cauca, terminó golpeando a gente común, a quienes nada tenían que ver con la violencia, dejando una cifra aterradora que empezó a hablar de 19 personas muertas y decenas más heridas. No es un hecho aislado ni casual; es parte de una espiral de violencia que sigue creciendo en la región, señalada una vez más hacia grupos armados que actúan con total desprecio por la vida, en medio de un ambiente político y electoral que debería ser de garantías, no de miedo.

La principal víctima, la gente de a pie, saliendo a manifestarse de blanco intentando hacer visible el dolor, el rechazo, la impotencia. Pese al rápido accionar del gobierno, enviando tropas, reforzando la seguridad en la región, durante veinte años de gobiernos uribistas los colombianos aprendieron “de malas” que no son las armas las herramientas encargadas de darle la victoria, sino las políticas si en realidad se pretende resolver la parte económica.

Sin embargo, es muy fácil afirmarlo de manera teórica aunque no de llevar a la práctica, cuando el pueblo tiene el gobierno pero las instituciones, la justicia, industriales, empresarios, terratenientes, políticos inescrupulosos, concentran el poder, empeñados en forzar situaciones a su favor, de espaldas a la mayoría, requiriendo soluciones no tan democráticas como a los electores de Petro les gustaría.

Si cambiar un fiscal fue tan complicado, superando intereses, presiones, decisiones de cúpulas cerradas, para acabar nombrándose a otra funcionaria adepta al poder de turno; ¿cómo atacar de lleno a los artífices de la provocación, a quienes se les encomienda mantener el país atrasado, desigual y estancado, luchando contra sus propios demonios? Evidentemente, no existe marco legal para hacer esto posible. Más, si hubiera un gobierno capaz de hacerlo, aún contando con el abrumador apoyo del pueblo, sería catalogado de “dictador”, “comunista”, sería visto “de reojo” desde los Estados Unidos, además de ser acusado de autoritario, de vulnerar la “libertad”, así sea la de robar con absoluta impunidad.

Lo menos que pedir, es el cese de los señalamientos del uribismo de ser el gobierno el autor de los atentados, cuando el verdadero damnificado de las acciones directas es el mismo, la base de sus votantes y dejen así de subestimar a la gente a la cual a estas alturas ya no pueden engañar más a nadie, tras quedar al descubierto toda la suma del daño que no dejaron por hacer.

Completa alevosía

La clase política continuista y la extrema derecha saben perfectamente quiénes son los responsables de los atentados. Pueden faltar a la verdad, lanzar falsas acusaciones, dilatar, tergiversar, detrás de las prebendas de costumbre, utilizando la necesidad de algunos ciudadanos llegado el caso, hasta para mandarlos a la muerte en hechos como el suscitado.

Desde luego, nadie va a ver al casi octogenario doctor Álvaro Uribe Vélez conectando alambres en el medio del monte, ni a su similares, Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella o mucho menos a Germán Vargas Lleras, manipulando explosivos plásticos o empuñando fusiles, porque alguien debe dar la cara….

Del mismo modo que siempre mandonearon al campesino, al obrero traidor, al empleado público o privado como si fuera su sirviente, lo hacen con las organizaciones armadas ilegales que se autodenominan de izquierda y derecha, pero cuyo mínimo común múltiplo es el negocio de la guerra. Es comprensible… Con lo costoso que resulta en Colombia ganar dinero trabajando con semejantes alimañas, cualquier “camellito” vale su peso en oro…

¡Ahora resulta que los ineptos, corruptos, facinerosos, narcos, perpetradores de la ruina nacional crónica, a quienes Petro les puso un bozal a la medida de su profunda vocación democrática, al verse sin salida, recurren a la violencia para después salir a vender una falsa seguridad! ¡Causa vergüenza ajena escuchar a quienes a causa de profundos perjuicios políticos todavía los defienden! ¡Siempre son, fueron y serán ellos los encargados de semejantes desmanes, porque para ellos los colombianos son basura apenas imprescindible cada dos o cuatro años cuando hay elecciones!

Causa risa oírlos decir “cada cual es libre de pensar cuanto quiere”, mientras la guía de todas sus acciones consiste del enriquecimiento particular e ilícito, calificando lo popular de “populismo” al pretender acaparar los negocios el Estado a través de una estructura piramidal donde “los de arriba la reparten con los de más abajo” respetando las “jerarquías”.

Y después de cuatro años donde la corrupción no pudo ser del todo erradicada -en especial si se pretende conformar una mayoría electoral, dejando en evidencia el completo subdesarrollo de todo el arco político- pretenden volver a empoderarse de un país parcialmente desendeudado, con la economía en crecimiento, para volver a vaciarlo a sus anchas después de cuatro años de no poder hacerlo.

Las bombas del uribismo, de la extrema derecha, más que buscar generar una agenda política adversa, deberían ser como los latidos recordando a la sociedad seguir viva y el “despertador” para comprender la necesidad de no dejarse mentir nunca más. Porque en política, si la mayoría elige a los verdugos, los que pagan el precio son todos in importar a quien votaron.

Panorama esclarecedor

Al tiempo, el candidato “abogangster”, ex defensor de delincuentes de cuello asegura bajar el salario mínimo y retornar a la “seguridad democrática uribista” -otra vez la vigilancia extrema como estrategia de flexibilización laboral, de construir rentabilidad con miseria ajena, poniendo muertos- en caso de ser electo.

En “cambio”, Paloma Valencia, la misma “comprometida” en “respetar el aumento”, una de las demandantes de la Reforma Laboral y Pensional, “muere por la boca” proponiendo a Álvaro Uribe Vélez como su ministro de defensa: Un retroceso de más de veinte años en materia de paz, justicia social, de represión violenta asegurada. De “ñapa”, para evitarle pagar por sus crímenes de lesa humanidad ni ser extraditado a la Argentina, donde si podría ser juzgado con mayor severidad.

Ambos podrían protagonizar la nueva versión de una vieja telenovela, auspiciada por arroz Diana: “Dos para una misma mentira”.

¿Quién en sano juicio podría elegir a estas bestias, que tratando de disputarse el apoyo de las conciencias más oscuras de la sociedad, confiesan una completa disposición a imponer el disciplinamiento social a sangre y fuego, tratando las justas demandas sindicales con mano de hierro, reactivando las masacres, el aparato represor o ajustando la economía al recortar el gasto para todos menos ellos?

Sus principales socios son las familias, los clanes, las maquinarias de las regiones, frente a la incapacidad de los dirigentes del partido de gobierno, los cuales a pesar de ganar en muchos casos las elecciones locales, se ven más favorecidos por la figura excluyente del Presidente, sus propuestas, que a raíz del discurso de sus distintos referentes, profundamente divididos a veces por razones insignificantes.

Esa es la razón por la cual la obra de gobierno no llega a los departamentos, ni se termina de visibilizar, gracias al mantenimiento de las burocracias al interior de las instituciones. Esto, más allá de la elección ocasional de dirigentes dentro de las distintas corporaciones, aunque sin mayor trascendencia para desplazar a los históricos vaciadores de municipios y departamentos, junto a sus prácticas políticas repugnantes.

De allí la necesidad imperiosa de proseguir el cambio de la mano de Iván Cepeda, junto a la esperanza de impulsar las reformas sociales hundidas por los mismos que prometen el oro y el moro con tal de hacerse elegir, haciendo promesas de campaña carentes de ideología. Si quedó demostrado de manera sobrada el cumplimiento de muchas de ellas por la administración Petro; ¿para qué votar entonces por quienes no las van a cumplir, como viene sucediendo en los últimos cincuenta años?

Asignaturas pendientes

Quizás en lugar de proseguir debatiendo sobre lo malo y lo bueno conocido, sería imperioso plantear la forma de avanzar un paso más, removiendo de las instituciones del Estado a quienes impiden de forma deliberada los avances del país, democratizando entre otras la justicia, llamando a la elección de jueces, fiscales, procuradores, junto a senadores, diputados o concejales.

No basta con identificar a los farsantes. Deben ser señalados con pruebas en mano, siendo sujetos del veredicto de la opinión pública antes del de la justicia, depurando la política de elementos indeseables. De igual modo, declararse el voto secreto y obligatorio, para evitar haya los suficientes dineros capaces de comprar voluntades, siendo menos de la mitad de los habitantes los electores del presidente de todos los colombianos.

También penalizar a los encargados de organizar operaciones mediáticas, difundir falsos rumores por motivos políticos, sin contar con las debidas evidencias, porque ello hace parte tanto del fraude como del engaño, haciendo parte de la retroalimentación de la estructura temerosa, dependiente de la clase política, cuando debería ser completamente al revés.

Aún los con los grandes avances y todo, los gobiernos progresistas, reformistas, suelen quedarse algo cortas al momento de asumir con firmeza las medidas cualitativas demandadas por el país, el pueblo o la institucionalidad, omitiendo unas veces, otras sin querer, la toma de decisiones adecuadas por causa de una eventual vocación democrática, la cual impide a la postre acabar la “máquina de impedir” del establecimiento retardatario.

De igual modo en que los norteamericanos aseguran “no negociar con terroristas, ni delincuentes”, no se instalará una tiranía ni una dictadura cuando se acata la voluntad del pueblo frente a las arbitrariedades de una minoría. De hecho, muchos ven la esperanza de esa concreción en la figura de Iván Cepeda, por ser el único con el perfil para cumplirlas, mientras De la Espriella y Valencia son dos cheques sin fondo. Dos estafas garantizadas con un solo dueño jugando a dos bandas, sembrando Colombia de bombas para robarle la esperanza a la mayoría.

Carlos Alberto Ricchetti

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