domingo, mayo 3, 2026

LAS 14 ESTRELLAS Y UN VELORIO EN LAS CUMBRES: CUANDO EL “CERO HOMICIDIOS” NO CABE EN LA MISMA BANDERA Y LA CIFRA HUELE A MENTIRA.

OpiniónLAS 14 ESTRELLAS Y UN VELORIO EN LAS CUMBRES: CUANDO EL “CERO HOMICIDIOS” NO CABE EN LA MISMA BANDERA Y LA CIFRA HUELE A MENTIRA.

En la vereda Las Cumbres, en Apía, la gente no discute porcentajes. Discute silencios. El silencio de una casa abierta desde temprano, el sonido de las tazas, el café pasando, el murmullo de los vecinos que llegan sin que nadie los convoque porque en el campo uno se convoca solo cuando se muere alguien querido.

En una mesa, doblada con cuidado, hay una bandera de Risaralda: verde esmeralda, con sus catorce estrellas en arco. Alguien la trajo “por respeto”, como si esas estrellas fueran un inventario de lo que somos. Catorce municipios. Catorce pedazos de territorio. Catorce maneras de vivir. Y, a veces, catorce maneras de sufrir lo mismo.

Ese mismo día, en la otra cara del departamento —la institucional— circula un balance optimista: “cero homicidios en 9 de 11 municipios”, según el corte que se presentó al inicio de 2026 por parte de las autoridades. La frase suena bien. Es de las que se vuelven titular. Pero también es de las que se vuelve peligrosa cuando se usa como paraguas para tapar una realidad más compleja.

Porque, al mismo tiempo, en el área metropolitana (Pereira–Dosquebradas–La Virginia) se reportaban 17 homicidios a 22 de enero, con un incremento del 21 % frente al mismo periodo de 2025. Diez en Pereira, tres en Dosquebradas, cuatro en La Virginia. Eso no es un matiz de números: es una alarma.

Entonces el problema de fondo no es quién “tiene la razón”. El problema es la trampa del indicador: ¿Cómo una cifra puede ser cierta y, aun así, engañosa?. Cómo se puede hablar de “cero” y, al mismo tiempo, estar acumulando muertos. Y cómo, si no hacemos precisión, terminamos celebrando en el despacho lo que duele en la calle.

Eso es la trampa del indicador: el “cero” que depende del corte (Y de quién lo diga)

Una cifra sin contexto es un arma de comunicación masiva. No porque sea falsa, sino porque puede ser incompleta. ¿”Cero homicidios” en qué periodo exacto? ¿En qué municipios? ¿Con qué fuente y hora de corte? ¿Incluye zonas rurales? ¿Incluye tentativas? ¿Incluye casos en investigación? ¿Es un corte semanal, mensual, o una foto de un solo día?

Cuando una administración comunica seguridad, debería hacerlo con rigor casi quirúrgico. Porque la seguridad no se presta para marketing: se presta para decisiones. Y las decisiones se toman con series, no con fotos.

Dos territorios en uno: el rural que se calla y el metropolitano que está en llamas.

Risaralda no es una sola historia. Es, por lo menos, dos ritmos distintos: el rural que vive entre veredas y corregimientos; y el metropolitano que vive entre semáforos, barrios y microtráfico. Cuando una comunicación mezcla todo en un solo titular, aplana la realidad. Y al aplanarla, la vuelve inmanejable.

En Pereira, Dosquebradas y La Virginia, los homicidios tempranos del año no son solo un número: son un patrón que obliga a segmentar. ¿Dónde están ocurriendo? ¿A qué horas? ¿Con qué modalidad? ¿Con qué víctimas? ¿Se concentra en ciertas comunas, corredores, puntos de comercio, zonas ribereñas? Si no se responde eso, los operativos quedan como “presencia” y no como estrategia.

Y en el campo —donde Las Cumbres es un símbolo que se me cruzó por la memoria para esta columna— la violencia suele tener otra gramática: amenazas, silencios, conflictos antiguos, economías ilegales que se asoman sin pedir permiso. Allí la estadística llega tarde. Y cuando llega tarde, no sirve.

Lo que hay que exigir: datos abiertos, mapa de calor y metas verificables

Aquí va un pedido directo a Gobernación, alcaldías y fuerza pública: si van a hablar de seguridad, hablen con precisión:

  1. Datos abiertos y comparables: homicidios, lesiones personales, hurtos, extorsión, violencia intrafamiliar, con series y cortes claros.
  2. Mapa de calor por zona y franja horaria: porque la prevención no se hace con discursos, se hace con geografía y tiempo.
  3. Metas, por lo menos trimestrales verificables: no promesas. Y ya terminamos el primer trimestre de 2026 y vamos a pasos apresurados para el primer semestre. Metas. ¿Qué se va a reducir? ¿En cuánto? ¿Con qué acciones? ¿Con qué presupuesto? ¿Con qué responsables?
  4. Una narrativa honesta: que reconozca avances donde existan, pero que no maquille alertas. La confianza se gana diciendo la verdad completa, no la parte más cómoda, la del titular bueno en los medios de comunicación.

Una bandera no se dobla para esconder lo que duele

Vuelvo a Las Cumbres. A esa bandera doblada con cuidado. A esas catorce estrellas que representan los catorce municipios de Risaralda. Una estrella no brilla porque un comunicado lo diga. Brilla cuando el Estado cumple su función mínima: proteger la vida.

Si el comunicado oficial dice “cero”, pero en el área metropolitana la cifra va en ascenso, hay que parar y corregir el lenguaje. No para “dañar la imagen”, sino para salvar la realidad.

Porque la seguridad no es un concurso de titulares. Es un pacto con la gente. Y ese pacto se rompe cuando el ciudadano siente que le hablan con cifras para tranquilizarlo, no con datos para protegerlo.

En Risaralda, la bandera tiene 14 estrellas. Que no se conviertan en estrellas negras como las del profesor Mockus que hacía conteo de los muertos por la accidentalidad vial. Que no nos pase lo peor: que aprendamos a contarlas… mientras seguimos enterrando a los nuestros.

Fernando Sánchez Prada

Comunicador y Columnista

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