Por décadas, el apego ha sido considerado una necesidad humana básica. Desde la Psicología del Desarrollo, pioneros como John Bowlby y Mary Ainsworth demostraron que el vínculo afectivo con figuras significativas —especialmente en la infancia— es esencial para el desarrollo emocional y la estabilidad psicológica. El apego es, en este sentido, una respuesta biológica adaptativa, que nos impulsa a buscar seguridad, protección y conexión con los demás. Sin embargo, cuando esta necesidad natural se ve distorsionada por imperativos sociales modernos, puede tornarse desadaptativa. Vivimos en una época marcada por la soledad, el hiperconsumo y la desconexión emocional, donde muchas personas buscan, en sus vínculos afectivos, una especie de salvavidas existencial. En lugar de relaciones conscientes y sanas, lo que se forma es una dependencia emocional que funciona como una forma de evasión de la realidad. Desde la Psiquiatría, observamos cada vez con mayor frecuencia cómo el apego se convierte en una vía de escape frente al vacío existencial, al miedo o a la falta de propósito. En muchos casos, este patrón de apego disfuncional se asocia a comportamientos adictivos: relaciones tóxicas, consumo compulsivo, uso excesivo de redes sociales o sustancias psicoactivas. No se trata solo de “querer a alguien demasiado”, sino de un intento inconsciente de llenar un vacío interno con un otro que, en muchos casos, tampoco puede sostener esa carga, porque es claro que nada externo puede cumplir la función de “completitud” de las necesidades emocionales de un individuo.
Por su parte, el budismo ofrece una lectura profunda del apego como una de las principales fuentes del sufrimiento humano. Según esta filosofía milenaria, el apego surge del deseo de controlar lo impermanente, de retener lo que, por naturaleza, está destinado a cambiar. Esta resistencia al fluir de la vida genera ansiedad, frustración y dolor. Así, el apego nos aleja de la realidad y nos encierra en un ciclo de insatisfacción perpetua. La paradoja es que cuanto más buscamos “aferrarnos” a personas, cosas o emociones para sentirnos completos, más nos alejamos de nosotros mismos y de la posibilidad de vivir en plenitud. El verdadero desafío no está en dejar de necesitar a los demás, sino en construir relaciones desde la autonomía, la conciencia y la aceptación.
Este y otros temas vinculados a la salud mental contemporánea serán tratados en el IV Congreso Latinoamericano y del Caribe de Patología Dual, que se realizará los días 26 y 27 de septiembre del 2025 en Bogotá. El evento contará con la presencia de expertos de Argentina, México, Panamá y Uruguay, y será una oportunidad clave para abordar los desafíos clínicos de la coexistencia entre trastornos mentales y conductas adictivas. Este congreso, organizado por la Asociación Colombiana de Patología Dual y con el apoyo de universidades e instituciones como la Asociación Colombiana de Psiquiatría, es uno de los más importantes desde el punto de vista académico e investigativo en Colombia, Latinoamérica y el Caribe. Para las inscripciones y tener más información, visita: www.patologiadual.co.
Uriel Escobar Barrios, M.D. www.urielescobar.com.co



