A los 61 años no me siento viejo. Me siento mayor, con más vida vivida y con mucho todavía por aportar. Tal vez el problema no es la edad… sino las palabras con las que la describimos.
Tengo 61 años.
Y no me siento viejo. Tampoco me siento parte de eso que durante décadas llamamos “la tercera edad”.
Sí: soy adulto. Sí: soy mayor.
Pero, sobre todo, soy una persona que ha acumulado algo más que velas en la torta de cumpleaños. He acumulado conocimientos, experiencias, fracasos, triunfos, errores, aprendizajes y decisiones que me han enseñado a recomenzar más de una vez.
Y lo más importante: todo eso que he vivido todavía lo quiero compartir.
Porque esta etapa de la vida no es un cierre. Es una nueva fase de contribución.
El mundo está envejeciendo (y más rápido de lo que creemos)
Mientras escribo estas líneas, el mundo atraviesa una transformación demográfica silenciosa.
En América Latina, más de 98 millones de personas tienen hoy 60 años o más, lo que representa cerca del 14,7 % de la población regional.
Las proyecciones muestran que este proceso se acelerará: para 2030 la población mayor superará los 114 millones y hacia 2050 alcanzará cerca de 183 millones, es decir una de cada cuatro personas en la región.
Colombia no es la excepción. El país ha pasado de tener menos del 5 % de población mayor hace seis décadas a alrededor del 15 % en la actualidad, y la tendencia seguirá creciendo durante la próxima década.
Al mismo tiempo, los nacimientos están cayendo de manera acelerada, consolidando el proceso de envejecimiento poblacional.
La gente en el mundo no solo vive más tiempo. El mundo está cambiando su estructura de edades.
Las palabras que usamos también envejecen
Curiosamente, mientras la realidad cambia, el lenguaje muchas veces se queda atrás.
Durante décadas hemos utilizado distintos términos para referirnos a quienes superan cierta edad:
Anciano: una palabra que culturalmente suele asociarse con fragilidad o dependencia.
Tercera edad: un intento de clasificar una etapa posterior a la vida laboral tradicional, pero que suele transmitir la idea de cierre de ciclo. ¡Qué error!.
Adulto mayor: un término más respetuoso que introduce una categoría etaria, aunque sigue enfatizando la edad como rasgo principal.
Persona mayor: el concepto que hoy utilizan cada vez más los marcos internacionales, porque coloca en primer lugar a la persona y no a la edad.
No es un simple debate lingüístico. Es una manera de entender el lugar que ocupan millones de ciudadanos en nuestras sociedades.
Somos una generación que sigue aportando
Las personas mayores hoy emprenden, trabajan, estudian, lideran proyectos, cuidan familias, transmiten conocimiento, participan en política y generan innovación.
La llamada economía plateada o Silver Economy se ha convertido en uno de los motores emergentes de muchas economías. Esta generación en Colombia aporta, aportamos casi el 13% del PIB, según varios estudios.
Reducir a estas personas a una etiqueta demográfica es desconocer su aporte real.
Un marco internacional que respalda este cambio
Este cambio conceptual no surge de una moda.
Está respaldado por acuerdos y marcos internacionales, entre ellos:
Principios de las Naciones Unidas en favor de las personas mayores (ONU, 1991).
Plan de acción internacional de Madrid sobre Envejecimiento (2002).
Convención Interamericana sobre la protección de los derechos humanos de las personas mayores (OEA, 2015).
Década del envejecimiento saludable 2020‑2030 (OMS).
Todos ellos promueven un enfoque basado en autonomía, participación, dignidad y derechos.
Nombrarnos bien también es reconocer
Las sociedades cambian. Las pirámides poblacionales cambian. Las trayectorias laborales cambian. La longevidad cambia. Y cuando todo eso cambia, también deberían cambiar las palabras con las que describimos la realidad.
Pero no es para seguir una moda. Sino para reconocer algo simple: la experiencia no es un problema social. Es un capital social.
Es momento de revisar cómo hablamos de quienes han acumulado más años de vida. No desde la lástima. No desde el paternalismo. No desde la idea de que ya cumplieron su papel. ¡Jamás!.
Hay que hacerlo desde una convicción distinta: que la longevidad es una oportunidad, que la experiencia es un activo y que quienes hemos acumulado décadas de vida todavía tenemos mucho por construir.
Yo, por lo menos, a mis 61 años, pienso seguir haciéndolo. ¿Y Ud.?. ¿Se siente viejo, adulto mayor o de la tercera edad?.
Fernando Sánchez Prada
Comunicador y columnista



Así es Fernando, estoy de acuerdo contigo. Tengo 72 años y me siento plena de vida, llena proyectos y de ganas de hacer muchas cosas. Es necesario que las sociedades cambien su concepto sobre las personas mayores y dejen de pensar en que estamos “de salida”. Simplemente estamos en una etapa tan importante como las anteriores, tenemos sueños , planes, ilusiones y muchas cosas por vivir! Podemos decir que estamos en la parte alta de la montaña, con la enorme ventaja que donde estamos podemos contemplar todo el paisaje a nuestro alrededor y tenemos la visión completa de lo que nos rodea. No es maravilloso?