En una extraordinaria historia olvidada por muchos años y renacida por su hija Irene, nos muestra el valor del cargar con las consecuencias de ser consistente en el pensar, el decir y el hacer, algo fácil de escribir, pero muy difícil ejercer.
En la capitulación de Alemania en la Segunda Guerra Mundial ocurrida el 8 de mayo de 1945, se recupera el testimonio gráfico de la resistencia al nazismo a partir de una fotografía en blanco y negro que permaneció olvidada hasta 1991. Es un retrato en la que destaca un hombre cruzado de brazos entre una multitud disciplinada que hace el saludo nazi. ¿Quién era él? ¿Por qué se negó a hacer el saludo nazi arriesgándose?
El 14 de febrero de 1939 Adolfo Hitler llegó al puerto de Hamburgo al bautizo del acorazado Bismark, el primer gran buque de guerra alemán de 35 mil toneladas construido por la armadora de barcos Blohm & Voss; buque que dos años después, fue hundido por la marina británica.
Miles de trabajadores estaban en el bautizo de la nueva nave de la Armada alemana, levantaron el brazo para saludar a Adolf Hitler, gritando: ¡Heil Hitler!, excepto August Landmesser. Es posible que varios trabajadores pensaran como August, que no estuvieran de acuerdo con lo que estaba haciendo Hitler; incluso pensaran que era inhumano que se discriminara y se persiguiera a los judíos, pero solo August Landmesser decidió cruzarse de brazos y salir en la foto en una estampa de desobediencia.
Landmesser no lo supo en ese momento que con su “rebeldía máxima” estaba firmando su sentencia de muerte. Tenía razones para estar cruzado de brazos. Se vio obligado a afiliarse al partido Nazi para conseguir trabajo; poco después de hacerlo conoció a Irma Eckler. Todo cambió. Vivía en pareja, sin estar casados; las leyes de Nuremberg, prohibían a los alemanes contraer matrimonio con mujeres judías.
Cuando el Hitler visitó la base naval, August ya tenía una hija llamada Ingrid y lo habían expulsado del partido Nazi; aunque seguía trabajando en la naval Blohm + Voss, sabía que era cuestión de tiempo para que lo despidieran. Decidió huir a Dinamarca y le arrestaron. Cuando le separaron de su compañera, ella estaba embarazada.
Este ario de nacimiento y su novia Irma Eckler, judía y embarazada, querían casarse. Su solicitud de matrimonio fue rechazada en agosto de ese año por las autoridades del registro civil de Hamburgo a pesar de que en septiembre 15 entraría en vigor la denominada “ley para proteger la sangre y el honor alemanes”. La enmienda prohibía la unión entre judíos y alemanes arios, incluso anulaba aquellos matrimonios que fueran realizados en el extranjero. August Landmesser impugnó la decisión ante el ministerio del interior del Tercer Reich sin éxito.
Irma Eckler, nació el 12 de junio de 1913, de familia judía, previendo la amenaza de los nacionalsocialistas, la madre de Irma decidió bautizar a sus hijas como cristianas evangélicas en 1931. A finales de ese año, el matrimonio Eckler había decidido divorciarse y la mujer contrajo matrimonio con el ario Ernst Graumann. Las hermanas de Irma también unieron sus vidas a alemanes arios, con los que tuvieron hijos. Y eso fue determinante para que sobrevivieran a la persecución nazi. Irma no tuvo la misma suerte.
El 12 de junio de 1937, en su cumpleaños 24, Irma se encontraba embarazada de su segunda hija. También fue proclamada una de las tantas leyes absurdas de los nazis, en la que castigaban con prisión preventiva a todos aquellos que cometieran el denominado delito de “deshonra racial”, es decir para los alemanes arios y judíos que se mezclaran entre sí. El 6 de agosto de 1937 Irene Eckler nació, su padre August Landmesser se encontraba en medio de un proceso por cometer delito de deshonra racial. El 15 de septiembre de ese año fue puesto en detención preventiva. En mayo de 1938 Landmesser logró su libertad porque dentro de sus argumentaciones de defensa aseguró que su novia sólo era mitad judía al tener un abuelo ario.
Landmesser pasó por un campo de concentración y luego lo enviaron al frente. A Irma, después de dar a luz a Irene, la asesinaron. August fue trasladado al campo de prisioneros de Börgermoor, en Emsland, en donde permaneció hasta enero de 1941; murió en el frente de batalla, no se conocen registros. Fue Irene, quien después de muchos años, en 1996, dio a conocer la historia de su padre. Había sido llevada a un orfanato y luego de contactar con su hermana, que había sido criada por la abuela materna, ató cabos y contó lo sucedido a su familia.
August Landmesser sigue siendo un símbolo de valor y convicción, hoy los partidos alemanes rechazan pactar con la extrema derecha. Son los que rechazan y condenan la violencia de género, la homofobia y el asesinato de personas por su raza o cualquier condición que los diferencie. En este mundo en el que a veces parece que todo vale, en el que todo parece ser políticamente correcto, si lo acepta la mayoría. Quienes se desmarcan de las líneas en las que no creen, son vistos como ovejas negras, se les trata de inconsecuentes, pero lo cierto es que en la gran mayoría no existe un pensamiento crítico que los lleva a la estupidez. Los medios de comunicación alteran la realidad siguiendo un libreto dictado por sus dueños, quienes en muchos casos son propietarios de los medios de producción, del sector financiero, de la tierra, muy cercanos al poder político. Nos falta la actitud y firmeza de August Lanmesser.
No todo es políticamente correcto, aunque cada día nos autocensuramos, poco hacemos por dejar de lado las voces de los intolerantes, más los que agreden a la sociedad con sus opiniones racistas. Todas las personas tienen derecho legítimo de expresar sus ideas, pero no todas las opiniones son respetables, ni aceptadas. Las hay que nos quieren hacer menos humanos, son deleznables y todo aquel que no las denuncia, inconscientemente las apoya. Estamos en un remolino que puede transformar la sociedad para mal, no podemos consentir más atropellos contra la diversidad. August Landmasser se opuso en firme cuando el proceso ya estaba en marcha. No siempre la mayoría tiene la razón. Las minorías merecen el apoyo de todos cuando defienden su supervivencia, pero es una gran minoría la que tiene el poder económico y político, y saben cómo sabotear el desarrollo social humano sin asco y con total impunidad, como el bombardeo irracional reciente ocurrido en la franja de Gaza contra su población por el estado de Israel.
Gestos como el de August nos hacen más humanos, nos diferencia como especie. Los valores representados es la postura de brazos cruzados y rostro esquivo en medio de la multitud representa valentía, desobediencia civil, conciencia moral y resistencia al racismo.


