Las imágenes desfilaron por mi mente como una película rebobinada. Pero esta vez no era ficción: era la película de mi vida, proyectada en pequeños fotogramas, a todo color y con banda sonora incluida. Todo sucedió en el gramado del diamante de béisbol de la Villa Olímpica de Pereira.
De pronto me vi frente al niño que fui, orgulloso bajo el uniforme de Los Halcones, disputando el campeonato infantil en el “peladero” de los bloques multifamiliares Primero de Febrero. Un deporte nacido en la costa Caribe colombiana comenzaba a filtrarse en el gusto de mis amigos de infancia en Pereira, enclavada en las estribaciones de la Cordillera Central.
Lo descubrimos en una excursión al río Consota, donde solíamos sacudirnos el polvo mañanero en las tardes soleadas. Allí, un hombre de edad indescifrable y piel morena —Mincho, lo llamaban— lanzaba pelotas al aire con un bate de madera. Los jóvenes que lo rodeaban atrapaban aquellas bolas con guantes de cuero y las devolvían con precisión mágica. Nos vio embelesados y, sin dudarlo, interrumpió la práctica para invitarnos a acercarnos y explicarnos las reglas básicas.
Un rayo hipnótico nos tocó. Pocos días después, en vez de volver al río, íbamos directo a las canchas del Inem, donde Mincho entrenaba a su equipo de peloteros. Los uniformes y los implementos nos resultaban extraños: guantes, bates, zapatos con tacos metálicos. Nosotros veníamos del mundo del balón de cuero, la camiseta sudada y los guayos negros con taches de acero. Así era el fútbol en Colombia, y Pereira no era la excepción… hasta que conocimos el béisbol.
Armamos nuestro equipo con nueve titulares. Aprendimos que el juego se dividía en nueve episodios, cada uno con dos turnos: ataque y defensa. Descubrimos la emoción de batear, de correr las bases, de ser ponchados o de atrapar la bola en el aire. Era un universo nuevo, extraño para nuestros vecinos, pero mágico para nosotros.
Los muchachos de los barrios cercanos —Primero de Febrero, Los Periodistas, las calles adyacentes al Coliseo Mayor Rafael Cuartas Gaviria— se unieron a la fiebre. En el “peladero” que luego sería la Plaza de las Banderas, nos bautizamos como Los Halcones y practicábamos con la devoción de quien entra a una nueva religión.
Marco Luis Correa, comerciante del sector y padre de dos compañeros, creyó en nuestro sueño. Donde otros veían un capricho, él vio futuro. Importó los primeros zapatos con spikes y las manillas de cuero. Su esposa, doña Dora, diseñó los uniformes inspirados en la liga americana: pantalones bombachos, camisas de manga larga y gorras de visera rígida.
La fiebre creció. Don Marco Luis se convirtió en presidente de la primera liga departamental, y Pereira comenzó a disputar campeonatos desde las categorías preinfantiles hasta juveniles sub-17. En 1974, la ciudad fue sede de los Juegos Atléticos Nacionales y estrenó un bello diamante de béisbol en la Villa Olímpica. Como era de esperarse, los equipos de la Costa Caribe se coronaron campeones.
Luego vino el declive. El fútbol reclamó el escenario y la infraestructura se destinó a la mayoría. El diamante se transformó en canchas de fútbol que llevan el nombre de Antonio José Valencia, padre del civismo pereirano. Una ironía: ese nombre merecía el estadio de fútbol que él mismo ayudó a levantar. Pero esa es otra discusión.
Desde entonces, Denis Darío Correa Pescador ha sido la voz solitaria que convoca a los viejos peloteros para recuperar lo que siempre fue suyo.
El domingo 10 de mayo, día de la madre, volví a mi niñez. Al lado de Gentil Flórez —uno de los mejores lanzadores de mis años infantiles— me calcé el guante en la mano izquierda. Frente a mí, un grupo de hombres de mi edad, 68 años en promedio, lanzaba pelotas de sofbol. Ellos integran el equipo 60 Plus, que se prepara para disputar una serie internacional en Cali, representando a Risaralda en un campeonato de mayores. Allí, varios de mis amigos de infancia volverán a ser protagonistas.

Gracias halcones por haber volado alto en mi niñez, gracias Denis Darío por mantener viva la práctica del deporte de mi infancia y gracias a mis compañeros peloteros, porque hoy retorné al niño interior que desde lo más adentro de mi corazón me proporciona el sentimiento de la nostalgia.



Excelente cronica, el beisbol y el softbol son deportes muy completos, pero la ceguera y la miopia de nuestros dirigentes deportivos, si es que se pueden llamar asi no han dejado crecer estas hermosas disciplinas.
Pero aqui seguimos haciendo la brega!!!
Gracias querido Fernando por hacer alusión a nuestra lucha de reclamar el único diamante de béisbol de la región, mientras Dios nos de salud allí estaremos reclamando el derecho de los peloteros a usar su diamante de béisbol. #ddcp
Gracias por la visita a nuestro entorno, que a pesar de todos los impase que se han presentado seguimos disfrutando, nuestro sueño es ver el Diamante convertido en el escenario que tanto niños, niñas y adultos lo disfruten permanentemente. Nuestros sueños nunca mueren.
Gracias por su presencia y este artículo sobre el mejor deporte el béisbol
Gracias, hermano del pasado. Tú hiciste lo que Marco Aurelio llamaba “guardar memoria de lo recto”: tomar lo efímero del juego y volverlo historia. Sin tu crónica, el sudor de ayer sería silencio hoy. Elegiste dar testimonio cuando nadie lo pedía. Eso es virtud en acto.
*Para ese equipo que no se rindió:*
Y a los que sostuvieron el guante cuando no había luz al frente: ustedes encarnaron el _Amor Fati_. No controlaban el futuro, ni los campos, ni el olvido de otros. Solo controlaban su disciplina. Practicaron sin aplauso, sin promesas, fieles al presente que tenían: el próximo lanzamiento, el próximo turno al bate.
Séneca decía que ninguna obra noble se hace sin constancia. Ustedes fueron constancia hecha equipo. Se negaron a morir porque entendieron que la grandeza no está en el resultado, sino en no abandonar lo que uno decidió amar.
Hoy el marcador muestra algo de lo que podemos sentirnos orgullosos. Pero el verdadero orgullo no es el hoy. Es saber que cuando el destino ofreció rendición, elegimos el trabajo. Que cuando el futuro era niebla, igual salimos a entrenar.
Al amigo que escribió y al equipo que resistió: gracias por enseñarnos que el carácter no depende de las circunstancias. El béisbol en Pereira existe porque ustedes decidieron que debía existir, un día a la vez.
Su exquisitez literaria me hizo contener el aliento. Gracias a personas como usted, que le dan sentido a nuestras luchas, existimos guerreros que desde la palabra luchamos por lo justo. Dios lo guarde.
Gracias x Tener En Cuenta Este Maravilloso Deporte. El Único Diamante d Beisbol y Softbol En El Eje Cafetero y El q Reina Es El futbol. Duro q No Encuentren La Diferencia. Halcones Softbol Club Risaralda y Otros CLUB Existen. ………
Siempre encontrarán en mi a un defensor de la causa del beisbol y el sofbol
Respuesta de la Redacción
A cada voz que se sumó en este espacio de memoria y resistencia, nuestra gratitud. Sus palabras confirman que el béisbol y el sóftbol en el Eje Cafetero no son solo deportes: son disciplina, constancia y sueños compartidos.
A quienes evocaron la lucha por el diamante, les acompañamos en esa causa justa: el derecho de los peloteros a tener un escenario digno.
A quienes recordaron la fuerza de las madres y familias que sostuvieron este camino, reconocemos su legado de valentía y esperanza.
A quienes defendieron la historia y la constancia de los Halcones, celebramos que la memoria se mantenga viva gracias a su testimonio.
El Opinadero existe para dar voz a estas luchas y para que la historia no se pierda en el silencio. Que cada comentario sea también un compromiso: seguir entrenando, seguir soñando, seguir escribiendo juntos la crónica de un deporte que se niega a desaparecer.
Gracias por acompañarnos. Aquí seguimos, como ustedes, haciendo la brega.