De tenerse en cuanta lo mucho que se habló culminada la primera vuelta de los comicios del pasado 31 de mayo, cualquier análisis y apreciación podría resultar precipitada, si bien existen algunos indicios permitiendo avanzar hacia el conocimiento pleno de la realidad.
La leve ventaja obtenida por el ultraderechista y acérrimo adalid del uribismo, Abelardo de la Espriella, con 10.361.499 votos (43,74 %) sobre los 9.688.361 (40,90%) de Iván Cepeda1, llegaron con la algarabía revanchista de los simpatizantes del primero, junto a la sensación de incomprensión de los segundos.
Quizás estos últimos, intentando en medio del triunfalismo imperante hasta pocas horas, de interpretar porqué, al parecer, las mayorías pusieron eventuales reparos a la continuidad de las transformaciones iniciadas en el país.
Cuando el consuelo del avance a una segunda vuelta no alcanzaba a cubrir las expectativas de los votantes del oficialismo, lo que comenzó como una serie de denuncias de irregularidades al interior de las redes sociales, cobró mayor relevancia en momentos que el Presidente de la República, Gustavo Petro, anunció el no reconocimiento de los resultados electorales.
Por su parte la derecha, verdadero y comprobado ariete contra los cambios demandados desde la base de la sociedad, en defensa permanente de sus privilegios, aprovechó la ocasión para acusar otra vez al mandatario de “dictador”, de pretender “perpetuarse en el gobierno”, aunque el gobierno siempre le demostrara lo contrario.
Lo cierto, es que al no haber permitido entre otras la reforma electoral, la mal llamada “oposición” -conglomerado de personajes polémicos, grotescos, de ética dudosa, llamando “ideología” al conjunto de intereses mezquinos que los nuclea de manera circunstancial- muy probablemente, los colombianos hubieran podido gozar de la transparencia merecida a la hora de conocer los resultados.
El detonante fue la escasa diferencia de 673.138 sufragios, durante un conteo que al concluir de forma parcial, como se sabía, demolió la teoría del triunfo en primera vuelta y tras la cual, los principales referentes de las campañas salieron a manifestar apoyos o veredictos personales frente a la situación.
Testimonios
La derrotada candidata del uribismo, Paloma Valencia, a pesar de haber sido inmolada por “su papá”, esta vez en el altar de “Firmes por la Patria”, al decir de un excelente amigo de El Opinadero, no vaciló en sepultar las graves rispideces con De la Espriella para manifestarle incondicional apoyo. Al final, volvió a hacerse la voluntad de Álvaro Uribe Vélez, jugando de manera permanente a “varias puntas”, en el sentido formal de unificar la extrema derecha, así sea luego del enviar una de ellas al cadalso como tantas otras veces con personas del común.
En realidad, la extrema derecha y sus alicaídos aliados pretendieron hacer de las elecciones una segunda consulta interna donde Paloma Valencia tenía “las de perder”. El voto reaccionario “coherente”, se decantó hacia las filas abelardistas, temeroso de anteponer una candidata que además de “mujer” -misoginia mediante- ya no solo carece de la capacidad, sino de la estabilidad emocional para asumir la primera magistratura, a pesar de la lealtad indiscutible y del fanatismo exacerbado.
La amiga de Paloma Valencia, Claudia López, se decantó por argumentos de menor parcialidad. Aprovechó el discurso final hacia sus acólitos, para marcar diferencias entre los candidatos ganadores. Sus duras críticas a De la Espriella, las acompañó de señalamientos directos a Iván Cepeda, reclamándole “asumir el liderazgo de su campaña, en lugar de dejársela a Petro”.
Sin embargo, la ambigüedad eterna de la antigua peñalosista, si bien dio la impresión de decantarse hacia Cepeda más allá de las observaciones realizadas, es la misma que no permite esclarecer el destino de los poco más de 200.000 votos obtenidos, de apariencia insignificante pero decisivos en una contienda reñida.
Otro de los autoproclamados líderes de centro -una categoría ideológica inexistente, según algunos expertos- el “neutral” y funcional, Sergio Fajardo, apartó la mirada de las ballenas de la mente para manifestarse contra Abelardo de la Espriella, para catalogarlo de “atarván” que “no debiera alcanzar la Presidencia”. Con más de un millón de adhesiones, si los votos de López no vienen mal, los del docente son imprescindibles para obtener el triunfo.
Sumadas las indecisiones, costándole muy buena parte de sus electores, la atenta mirada de uno de sus principales aliados políticos, el pseudo izquierdista líder del MOIR, Jorge Enrique Robledo, máximo común divisor de los movimientos populares donde supo arribar “con el caballo”, podría acapararle problemas a corto plazo.
Robledo, enemigo personal declarado de Petro pero con sólidas amistades entre personajillos de la extrema derecha, si bien no apoyaría de manera directa a De la Espriella, jamás consentiría el acercamiento de Fajardo a la campaña de Iván Cepeda Castro. Las diferencias de pensamiento serían lo mínimo. A espaldas del electorado, la falta de empatía, el resentimiento y porqué no decirlo, la manifiesta envidia hacia el Presidente, quien lo venció reiteradas veces en sus intentos de erosionar el campo popular, abren un serio interrogante.
En cuanto a los demás candidatos, no se dieron a conocer otros apoyos ajenos a los de Luis Gilberto Murillo y Carlos Caicedo del movimiento Fuerza Ciudadana a Cepeda, mientras Centro Democrático, Cambio Radical, el partido de “Fico Gutierrez” y la “U”, ya se habrían inclinado a favor de De la Espriella, aunque ya lo habían hecho en la elección del domingo 2.
Aunque algunos politólogos o analistas hablan de estancamiento en el número de votantes de De la Espriella, de las posibilidades de aumentar los de Iván Cepeda, el panorama es incierto de cara a la segunda vuelta, a efectuarse el próximo 21 de junio.
Búsqueda
A propósito de las declaraciones del primer mandatario, en el transcurso de estas horas solicitó al registrador, Hernán Penagos, un encuentro en la Casa de Nariño para iniciar diálogos a fin de esclarecer la existencia o no de fraude electoral 3.
Aunque Iván Cepeda en idéntico lapso también reconoció no reconocer los resultados electorales, se diferenció al señalar que durante la supervisión realizada anoche de la cual hizo parte, “no se habían encontrado evidencias de actuciones significativas capaces de alterar los resultados actuales”.
La eventual discrepancia, no hace a profundas diferencias a pesar del deliberado interés de la derecha de pretender suscitarlas para “arrastrar agua hacia su molino”. En realidad, el presidente tiene la autoridad, la potestad, las atribuciones hasta donde lo confiere la ley, a exigir la revisión de los mecanismos de consulta y de los formularios E-14 que en principio, serían la prueba reina de la existencia de irregularidades aún no oficializadas.
Si tales afirmaciones resultaran inexactas, “el oso” político tendría consecuencias devastadoras, abriendo una inevitable “tela de juicio” sobre la legitimidad, más que de las elecciones, de la validez, de la credibilidad de los sustentos ético – morales, doctrinarios y de conducta de los lineamientos del gobierno progresista. Tendría un efecto suicida sobre lo construido a lo largo de este cuatrienio
No obstante, hay un hecho contundente aunque pueda sonar susceptible, alejado de la imparcialidad al momento de finiquitar un análisis serio y veraz: Hasta los más hostiles detractores de Petro saben que nunca haría afirmaciones sin contar con evidencias precisas. Siempre fue un académico. No, el típico manipulador político sabiendo justificarse aún careciendo de la razón.
Lo demostró al denunciar la relación Estado – paramilitarismo dentro del Congreso, de la infiltración de la mafia dentro del Estado, con nombres, sitios, cifras, datos fáciles de constatar, ante los que la misma justicia de hoy, dominada por el uribismo, la derecha, no tuvo otra salida distinta a la de fallar sentencia. Esto, a diferencia de sus contradictores, quienes lo acusaron, lo acusan, lo acusarán a punta de insultos, de faltas de respeto; de trivialidades de rango similar a la certeza de un chisme de galería. El tiempo acabó dándole la razón.
Frente a la mentira de los bandidos, testigos privilegiados de acciones propias o ajenas de baja calaña sin la necesidad de echarse las cartas entre gitanos, la decencia, en cambio las personas cuidadosas de la honorabilidad, la palabra, tienen demasiado por perder. Mucho menos ahora, cuando ni siquiera su nombre está sometido al escrutinio popular y deja un legado garantizado para los tiempos, junto al prestigio internacional para asegurar que Colombia no es solo tierra de buenos escritores, asesinos, narcos o corruptos, sino de gente con valores reales. Y en caso de equivocarse, se rectificará aún a costa de su propia cabeza, porque con todos los aciertos, los errores, es incapaz de vivir en la mentira.
En cuanto a quien será electo Presidente de la República, dependerá de las estrategias de campaña, de los alineamientos, de las actitudes sinceras apartando las ambiciones personales en beneficio de Colombia, algo más valioso que toda las maquinarias o los dineros más grandes del mundo.
Carlos Alberto Ricchetti
Fuentes
1 Resultados elecciones presidenciales en Colombia 2026: finaliza el preconteo; Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda se enfrentarán en segunda vuelta: https://www.eltiempo.com/politica/elecciones-colombia-2026/resultados-elecciones-presidenciales-en-colombia-2026-falta-una-hora-para-que-cierren-las-urnas-de-votacion-asi-avanza-la-jornada-electoral-3560900


