¿QUEREMOS UNA PRESIDENCIA DE ESPECTÁCULO O UNA DE RUMBO CLARO?

Opinión¿QUEREMOS UNA PRESIDENCIA DE ESPECTÁCULO O UNA DE RUMBO CLARO?

Cada campaña política vuelve a poner sobre la mesa la misma pregunta, aunque nadie la formule en voz alta: ¿queremos un presidente que entretenga o un presidente que gobierne? Porque lo que estamos viendo en estas elecciones no es política, es programación de entretenimiento.

Los candidatos showman —los maestros del gesto, del baile improvisado, del video viral, de los efectos especiales — han convertido la contienda en un escenario donde importa más el aplauso que la idea, más la ocurrencia que el plan, más el ruido que el rumbo.

Son expertos en distraer, lanzan polémicas como quien lanza confeti, fabrican enemigos para mantener la atención, exageran gestos para alimentar la emoción. Todo es brillo, nada es fondo. Todo es espectáculo, nada es país.

Y mientras tanto, la niñez observa. La juventud imita. La sociedad aprende. 

Aprende que para aspirar al poder no hace falta carácter, sino cámara. 

No hace falta coherencia, sino escándalo. 

No hace falta ética, sino engagement.

Pero existe otro tipo de campaña, menos ruidosa, menos vistosa, menos “viral”, que no necesita efectos especiales para sostenerse. Son campañas que hablan de programas, no de polémicas; de proyectos, no de shows; de rutas de gobierno, no de bailes. Campañas que no prometen milagros, sino trabajo. Que no venden humo, sino horizonte. Que no buscan seguidores, sino soluciones.

El problema es que, en la era del espectáculo, la seriedad parece aburrida. 

Y en la era del algoritmo, la profundidad parece invisible.

Sin embargo, son esas campañas —las que no gritan, las que no insultan, las que no actúan— las que realmente muestran un futuro cierto a sus electores. Las que entienden que gobernar no es entretener, sino orientar. Que un país no se construye con emociones de temporada, sino con decisiones de largo aliento.

La pregunta, entonces, vuelve a nosotros: 

¿qué presidencia queremos? 

¿Una que nos distraiga o una que nos conduzca? 

¿Una que haga ruido o una que haga país? 

¿Una que piense en unos pocos o una que piense en TODOS los colombianos?

Porque si normalizamos la campaña‑espectáculo, terminaremos normalizando el gobierno‑espectáculo. Y un país gobernado desde la frivolidad no avanza, se desgasta, se divide, se extravía.

Colombia no necesita un animador. 

Necesita un rumbo.

1 COMENTARIO

  1. Muy bien determinado estos conceptos caballero Javier.
    Me ha gustado su artículo, y espero que sean muchos los que se deleite en su lectura, y pueden comulgar con sus apreciaciones. Su columna tiene mucho peso y espero verle más de seguido con sus artículos, enriqueciendo al Opinadero.com.
    Cordial saludo de AMBUO.

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