EJERCER BIEN LA CIUDADANÍA

OpiniónEJERCER BIEN LA CIUDADANÍA


Misiones diplomáticas y consulares con funciones de Registraduría .
Me he puesto a pasar la película, Lo que corre antes, durante y después de cada proceso electoral en Colombia. Y entendí algo profundo:  ejercer bien la ciudadanía no es solo marcar un tarjetón el domingo. Es entender y respetar todo lo que hay detrás de ese voto.

Antes, mucho antes del día electoral, empieza la tarea silenciosa. La Registraduría, el Consejo Nacional Electoral, funcionarios de planta, contratistas… todo el Estado se pone en función de la democracia. Se adecúan recursos, se garantiza presupuesto, se evoluciona en la tecnología. Se diseñan sistemas y software para que el voto sea puro, inviolable, que no sea «pacificado». Todo para que usted, cuando deposite ese papel en la urna, tenga la certeza de que nadie lo tocó.

Esa etapa preparatoria exige profesionalismo técnico y coherencia. Exige que las tres ramas del poder se respeten entre sí. Exige que la autoridad electoral, desde su independencia, imparta lineamientos y reglamentos para que se cumpla la Constitución y la Ley. Sin atajos, sin favores.

Luego viene la logística que viaja hasta la última vereda. Y ahí aparece lo más bonito de Colombia: la sociedad civil .Los testigos electorales que se levantan voluntariamente a las 5 AM. Los jurados de votación que dejan sus casas para cuidar su mesa. Los delegados de todos los partidos que se miran con desconfianza, pero se sientan juntos. Todos vigilándose, porque saben que la democracia se cuida entre todos.

Llega el día electoral. Las filas largas bajo el sol o la lluvia. Las personas verificando cédulas, buscando su puesto, recibiendo la papeleta. El momento sagrado: caminar hasta la urna y depositar el voto. Diez segundos que resumen cuatro años de espera, de promesas, de esperanza.

Y a las 4 de la tarde, paisanos, ahí se prueba el alma de un país. Empieza el conteo. Y con él llega la desconfianza natural. Todo el mundo presume que el otro va a hacer trampa. Los testigos desconfían de los jurados. Los jurados desconfían de los testigos. Hay tensión, hay alerta.

Pero ahí también está la sabiduría colombiana. Desde Nueva York, Connecticut y New Jersey, en el área tri-estatal, lo viví y lo vi funcionar. El Consejo Nacional Electoral autorizó mediante resolución un esquema que dio fe del gran esfuerzo colectivo. Todos los actores, vigilando, para que no se defraudara la voluntad popular. Para que el voto de la señora que madrugó en Manizales, o del joven que votó por primera vez en Pereira, contara. Y contara bien, con transparencia.

Después de las 4:15 PM llegan los boletines. Primero la incertidumbre, luego las celebraciones, las especulaciones, los análisis. Y antes de las 8 de la noche ya conocemos la tendencia nacional. Quién ganó. Quién gobernará los próximos 4 años.

Vaya también mi reconocimiento más profundo a los servidores públicos de carrera diplomática y consular que hoy lideran los procesos electorales de Colombia en el mundo entero. Son ellos quienes desde las misiones diplomáticas y consulados organizan, planean y ejecutan toda la logística para que millones de colombianos en el exterior podamos votar con dignidad. Su empeño, su sensibilidad y su respeto absoluto por la democracia han sido clave para que este proceso se haga bien hecho. Son personas formadas, comprometidas y respetuosas de la voluntad popular, que entienden que facilitar el voto de un connacional es defender la patria desde lejos. Gracias a su trabajo silencioso, la democracia colombiana llega sin fisuras hasta la última mesa en el último rincón del planeta.

Todo esto es para decirles una cosa: detrás de elegir a una persona hay logística, hay voluntad, hay confianza y también mucha desconfianza. Hay expectativa. Hay país entero*.

Por eso la democracia es el patrimonio más grande de una nación. No son las montañas, ni el café, ni el oro. Es la certeza de que si funciona bien, lo que la mayoría quiera es lo que se refleja en las urnas. Sin alteraciones. Sin trampas.
Ejercer bien la ciudadanía es eso: ser jurado con ética, ser testigo con respeto, ser votante con conciencia. Es defender el proceso antes, durante y después. Es entender que cuidar la democracia en cada detalle es la única forma de tener gobiernos legítimos. Y solo los gobiernos legítimos pueden pedirle sacrificios legítimos al pueblo.

Desde la diáspora, con el corazón en el Eje Cafetero, les digo: cuidemos nuestro patrimonio más sagrado. Cuidemos el voto. Ejercamos bien la ciudadanía.

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