RECONOCER QUE LOS ANIMALES SON DIFERENTES A LOS SERES HUMANOS ES CLAVE

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«Entre la vocación, la ciencia y la sensibilidad contemporánea, la historia de Manuela Vargas Mejía refleja el papel de la medicina veterinaria en un mundo que hoy reconoce a los animales como parte fundamental del núcleo familiar y social.»

​De la infancia a la vocación médica que entiende el lenguaje animal; comenzó hace más de 23 años, en el marco del año 2001. Conocí a una niña de movimientos precoces, inteligentes y tranquilos, Manuela Vargas Mejía. Hija de una fisioterapeuta pereirana y un músico ibaguereño, ambos radicados en Pereira y poseedores de una calidad humana a toda prueba, Manuela creció rodeada de arte, sensibilidad y un profundo respeto por los animales.

Aquel retrato casual que le tomé cuando era apenas una niña terminó ampliado y colgado en la pared de su habitación. Hoy, tras el paso de los años y los giros de la vida, el reencuentro con esta familia trajo consigo una grata sorpresa; esa misma niña es hoy médica veterinaria, graduada de la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP), y se alista para consolidar su propio proyecto clínico enfocado en la rehabilitación física y la recuperación de perros y gatos.

Una conversación en ruta el pasado domingo, durante un viaje corto por las carreteras de Risaralda, tuve la oportunidad de escuchar a la doctora Manuela en toda su amplitud. La conversación transitó entre el rigor científico, el análisis clínico, la anécdota académica y una visión casi filosófica sobre el mundo animal.

Manuela concibe a los perros y gatos no como simples mascotas, sino como «seres sintientes» y congéneres de vida. Sin embargo, el camino universitario no estuvo exento de crisis. Durante la carrera, enfrentó semestres complejos y asignaturas que cuestionaron su continuidad. En momentos de pausa, en un café o haciendo deporte, consideró seriamente retirarse.

Fue el respaldo incondicional de su madre, quien la instó a superar los obstáculos pasajeros y conectar con las áreas más nobles de la profesión, lo que la mantuvo en firme, al igual que su padre con apoyos fundamentales y ajustar su espíritu humano.

​Superar la exigencia académica implicó disciplina, carácter y un alto esfuerzo económico familiar, tratándose de un programa con importantes costos en matrícula y material especializado. A la par, el día a día de la carrera le enseñó a descifrar el lenguaje no verbal de las especies, el maullido de un gato, la postura de la cola, la fragilidad tras una intervención quirúrgica y el impacto emocional de cada paciente que no lograba sobrevivir.

«Hoy la juventud no solo adopta más y compra menos por un compromiso ético, sino que ha integrado a los animales como miembros plenos del hogar.»

La ética profesional y especialización en diagnóstico en la sociedad contemporánea es superlativo, donde amplios sectores jóvenes optan por la adopción responsable en lugar de la crianza tradicional, la ética veterinaria adquiere un rol preponderante.

Para Manuela, el compromiso deontológico prima sobre la remuneración económica. Esa postura ética se fortaleció tras superar pasantías exigentes y experiencias formativas complejas. Su desempeño, caracterizado por el rigor y el buen trato animal, la conectó con una reconocida médica especialista de la ciudad de Cali. Tras una semana de prueba en su clínica, la especialista identificó el talento de la Dra. Manuela y la impulsó a realizar estudios de posgrado en diagnóstico por imagen, una herramienta clave para determinar tratamientos ortopédicos y traumatológicos. De cierta manera, la influencia de su madre fisioterapeuta y la sensibilidad de su padre terminaron manifestándose en su pasión por la rehabilitación esquelética y muscular en pequeñas especies.

Entrevista con la Dra. Manuela Vargas Mejía

​Durante el recorrido interrumpido sutilmente cada vez que un perro o un gato se asomaban por una ventana o una puerta de un carro, sacándole a Manuela un saludo espontáneo, Sostuvimos el siguiente diálogo.

¿La medicina veterinaria fue una vocación propia o influyó algún entorno familiar?

R/ Desde niña he sentido un amor y conexión profunda por los animales, pero nunca consideré estudiar veterinaria realmente, en un inicio me interesaba la medicina humana, fue mi madre quien me dio esa perspectiva, me hizo reconocer mi amor incondicional por aquellos seres y me animó a ingresar a la facultad de medicina veterinaria, donde desde el primer momento supe que tomé la decisión correcta.

​¿Qué fue lo más difícil de todo tu periplo académico en la Universidad Tecnológica de Pereira?

R/. : Lo mas difícil fue salir a las prácticas profesionales porque es enfrentarse con la realidad de la clínica veterinaria diaria, horarios extensos, cirugías, ver el estado en el que llegan los pacientes y que muchas veces ya es tarde para hacer algo. Fue una experiencia que cambió mi perspectiva acerca de lo que yo quería en mi vida profesional, pero que en últimas fue el impulso que me llevó a descubrir lo que realmente me apasiona.

Para ti, ¿la medicina veterinaria es un fin en sí misma o un medio para transformar el entorno?

R/. Diría que es un medio, ya que su único propósito no es simplemente diagnosticar y tratar enfermedades, es tener una mirada integrada de las verdaderas necesidades de cada paciente, mejorar su calidad de vida, fortalecer ese vínculo entre tutores y mascotas y así lograr construir una sociedad más responsable y empática.

¿Cuál fue el momento o la anécdota más compleja que enfrentaste durante tu etapa universitaria?

R/. Con la llegada de la pandemia muchas cosas cambiaron, entre esas la educación, tuvimos que moldearnos a la educación virtual donde muchas cosas se veían limitadas, como el tema de compartir espacios académicos y prácticas, sin embargo es ahí donde la disciplina cobra un valor importante, y aunque las circunstancias eran retadoras para el aprendizaje se debía encontrar la manera de estar a la altura que la profesión exige.

​¿Cómo defines el rol del médico veterinario ante la relación actual entre el ser humano y los animales?

R/. Tenemos un papel fundamental, somos un puente entre el bienestar animal y el humano teniendo en cuenta que los animales cada vez ocupan un lugar más importante dentro de una familia y la sociedad, lo cual hace que nuestra responsabilidad y compromiso hacia ellos sea mayor, ya no se trata de simplemente mandar medicamentos, debemos prevenir el sufrimiento, promover una buena calidad de vida y educar a las personas para que comprendan mejor a sus animales.

​¿Es correcto tratar o hablarles a los animales como a seres humanos?

R/. Reconocer que los animales son diferentes a los seres humanos es clave para entender sus necesidades, su forma de comunicarse y de percibir el mundo. Hablarles con amor y cariño es algo positivo y fortalece el vínculo con sus tutores, sin embargo ignorar su naturaleza puede llevar a errores en su manejo, educación y bienestar. Humanizar no significa cuidar mejor, comprender y respetar su comportamiento es la mejor forma de demostrarles afecto.

¿Qué significa técnicamente el concepto de «seres sintientes»?

R/. Técnicamente un ser sintiente tiene la capacidad de experimentar sensaciones y estados como el dolor, bienestar, miedo, estrés, y son experiencias conscientes que pueden influir en su comportamiento. Reconocer a los animales como seres sintientes es aceptar que lo que experimenten a nivel físico y emocional importa y esto es clave para construir conceptos como la ética profesional. 

​¿Cuál ha sido tu mayor reto profesional hasta el momento?

R/. Hasta ahora mi mayor reto ha sido posicionarme en un área de la medicina veterinaria que aún está en crecimiento, como lo es la fisiatría veterinaria, por lo cual se encuentra mucho desconocimiento no sólo por parte de los tutores si no también de los mismos profesionales que aún no conocen esta alternativa. Esto ha implicado no sólo demostrar con resultados la eficiencia de estas terapias si no también hacer un trabajo educativo en profesionales y tutores sobre la importancia de la recuperación funcional y la calidad de vida de los pacientes.

¿En qué se parece la ética de la medicina veterinaria a la de la medicina humana?

R/. En este tema de la ética siempre habrá conceptos en común tales como el respeto por la vida, la honestidad y el compromiso de actuar siempre en beneficio del paciente. Lo que nos diferencia es que en veterinaria nuestros pacientes no pueden expresar con palabras lo que sienten, ni tomar decisiones sobre su tratamiento, entonces nuestra responsabilidad es mayor por tratar de comprender sus signos clínicos, velar por su bienestar y trabajar de la mano del tutor quien es su representación de primera mano.

​Desde tu perspectiva profesional, ¿consideras que Pereira cuenta con políticas públicas adecuadas para atender con dignidad a los animales?

R/. Considero que en Pereira si hemos avanzado en el reconocimiento de los animales como seres sintientes y hoy existen iniciativas orientadas a su cuidado en salud y protección.  Sin embargo es necesario seguir fortaleciendo la educación sobre tenencia responsable de mascotas, prevención del maltrato y abandono, acceso a programas de esterilización. El bienestar animal es una responsabilidad social y requiere compromiso permanente.

​¿Cuáles son tus perspectivas a futuro, dónde se encuentra tu consultorio y cuál es tu campo de especialidad?

R/. Mi especialidad es la fisiatría veterinaria, es un área enfocada en prevenir, tratar y recuperar la funcionalidad física de perros y gatos que presenten enfermedades neurológicas, ortopédicas, pacientes en estado de senilidad o deportistas. Mi objetivo siempre será velar por el bienestar y la mayor recuperación posible de mis pacientes. A futuro, mi propósito es continuar formándome en esta especialidad e impulsar una mayor cultura de rehabilitación dentro de la medicina veterinaria y contribuir a que más animales puedan acceder a tratamientos de especialidad basados en evidencia científica, teniendo en cuenta que la medicina veterinaria cada vez está avanzando más hacia abordajes preventivos, interdisciplinarios y enfocados en la calidad de vida, y mi meta es seguir siendo parte de esa transformación.  Actualmente cuento con un punto físico llamado TERAPIA Y FISIATRIA VETERINARIATAF en el barrio Corales pero también brindo el servicio a domicilio – WhatsApp: 3104984033.

Muchas gracias Dra. Manuela

​Este viaje no solo permitió constatar la evolución de aquella niña de la fotografía, sino también comprender, que la veterinaria moderna va más allá del afecto por las mascotas, se trata de una disciplina científica respaldada por la empatía, el diagnóstico preciso y un profundo respeto por la vida en todas sus manifestaciones.

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