Durante generaciones, muchos hombres crecieron bajo una idea muy rígida de lo que significaba “ser hombre”. Desde temprana edad escucharon frases como: “Los hombres no lloran”, “debe ser fuerte”, “no muestre debilidad” o “usted tiene que resolverlo todo”. Estas creencias, transmitidas por la familia, la escuela, los medios de comunicación y la cultura, dieron origen a modelos de masculinidad que, aunque en algunos momentos históricos fueron considerados deseables, hoy muestran importantes limitaciones para el bienestar individual y colectivo. Desde las ciencias sociales, existe cada vez más evidencia de que los mandatos tradicionales de la masculinidad pueden convertirse en factores de riesgo para la salud mental. Muchos hombres aprenden a ocultar el miedo, la tristeza, la vulnerabilidad y el sufrimiento emocional; en lugar de expresar sus sentimientos, tienden a reprimirlos o transformarlos en irritabilidad, agresividad, consumo de alcohol u otras conductas de riesgo. Esta realidad ayuda a explicar por qué numerosos hombres consultan tardíamente por problemas de salud mental, presentan dificultades para pedir ayuda psicológica y, en ocasiones, enfrentan mayores riesgos de aislamiento social. Cuando un hombre siente que debe soportarlo todo en silencio, termina cargando pesos emocionales que pueden afectar profundamente su calidad de vida.
En este contexto surge el concepto de hombres género-sensibles: se trata de hombres que han desarrollado una comprensión crítica sobre las desigualdades de género y sobre la manera en que ciertos modelos tradicionales de masculinidad afectan tanto a las mujeres como a ellos mismos. No significa renunciar a la identidad masculina ni asumir una posición de debilidad; por el contrario, implica construir una masculinidad más consciente, saludable y humana. Un hombre género-sensible reconoce que la fortaleza no consiste en ocultar las emociones, sino en aprender a gestionarlas adecuadamente y entiende que la empatía, el cuidado, la ternura y la capacidad de diálogo no son atributos exclusivos de las mujeres, sino competencias humanas para la convivencia. La transición hacia las llamadas nuevas masculinidades representa, precisamente, este cambio cultural. Los nuevos modelos masculinos promueven relaciones basadas en el respeto mutuo, la corresponsabilidad en las tareas del hogar, la participación activa en la crianza de los hijos, la resolución pacífica de los conflictos y la valoración de la diversidad.
Desde la Psiquiatría observamos que los hombres que logran integrar estas capacidades suelen presentar mejores habilidades para manejar el estrés, construir vínculos afectivos más sólidos y buscar apoyo cuando atraviesan momentos difíciles. Además, desarrollan una mayor inteligencia emocional, entendida como la capacidad de reconocer, comprender y regular sus estados emocionales. Quizá uno de los mayores actos de valentía del siglo XXI consista justamente en eso: atreverse a sentir, expresar y cuidar, sin miedo a perder la propia identidad. Porque una masculinidad más humana beneficia a los hombres, a las mujeres, a la familia y, en general, a toda la sociedad. www.urielescobar.com.co


