Raíces, vivencias y recuerdos
Chile, ese largo país que se extiende desde los desiertos del norte hasta los glaciares australes, ocupa un lugar importante en mi vida.
Lo visité en 1984, cuando terminados mis estudios universitarios emprendí un viaje por Suramérica. En Santiago conocí a Ricardo, seguimos viajando juntos, finalmente nos enamoramos y decidimos unir nuestras vidas. Nos establecimos en la ciudad de Pereira.
Ahora, quisimos volver al país donde nos conocimos hace 42 años, cuando caminamos juntos por el maravilloso sur chileno, hasta llegar a Chile Chico, frontera con Argentina. Esta vez, elegimos el norte de Chile, en un recorrido más corto, pero muy especial.
VALPARAISO
Llegamos a Valparaíso, ciudad natal de Ricardo. Fue un reencuentro con la memoria: sus coloridos cerros, con casas que parecen racimos colgantes, los antiguos ascensores que todavía se deslizan entre los cerros y las antiguas casonas de estilo europeo que desafían el paso del tiempo.
Arte, artesanía, restaurantes, bares y miradores, se mezclan con la permanente presencia del mar. Ese mar que trajo a los primeros pobladores que fundaron esta ciudad, que no tiene fecha de inicio: nació y creció a medida que fueron llegando los barcos con los que se quedaron y construyeron a su estilo, cocinaron a su manera, mezclaron lenguas, razas y costumbres, dando origen a ese porteño suramericano, tan orgulloso de su historia.


Caminar por su costanera es un paseo delicioso. Comenzamos en las “Torpederas”, que además de ser playa de recreación, es un sitio que evoca recuerdos de la infancia: paseos familiares y escolares, los amigos, aventuras de la juventud. Recuerdos e historias que se van contando durante el camino.
Ver las caletas de los pescadores que llegan con los frutos que generosamente les regala el mar: una variedad de mariscos que solo Chile puede ofrecer y que se transforman en deliciosos platos que preparan los restaurantes alrededor de las caletas.
En la caleta Portales probamos un delicioso ceviche. Más adelante, nos encontramos con una playa abarrotada de lobos marinos, pelicanos, gaviotas y otras aves, que volaban en todas direcciones, sin que la presencia humana pareciera molestarles. Parecía un jardín de fauna local esperando a los pescadores, que lavan sus productos y arrojan los sobrantes, que constituyen su alimento apetecido. ¡Un gran espectáculo!


Anduvimos por el centro histórico con sus grandes edificios que hablan de un pasado influenciado por la arquitectura inglesa. Recorrimos las plazas, los inolvidables leones de la infancia, un marionetista presentando su espectáculo, la tradicional feria de antigüedades, vendedores ambulantes.
Nos encontramos con afiches anunciando la presentación del grupo musical Quilapayún y sin pensarlo dos veces, nos lanzamos a un espectáculo en el que cantamos, aplaudimos e inevitablemente nos conmovimos, recordando un pasado que formó parte importante de nuestra juventud.
LA SERENA Y COQUIMBO
Desde Valparaíso viajamos a la Serena, seis horas en bus, al norte de Santiago. Al llegar, encontramos un clima acogedor, amén que nos pareció una ciudad bonita y tranquila. Recorrimos su centro histórico, el Jardín Japonés y el Faro Monumental, reconocido icono de la ciudad, lugar de atractivo turístico, y sus playas, que en el verano se llenan de turistas.
Estuvimos en el vecino puerto de Coquimbo donde percibimos su herencia de piratas, la que proviene de los muchos asaltos sufridos durante la colonia, las leyendas de tesoros escondidos que forman parte de su folclor, así como la identidad del equipo de futbol local, apodado “Los piratas”.


La Serena Coquimbo
VALLE DE ELQUI
Fuimos al Valle de Elqui, principal motivo de ir a la Serena. Es famoso por sus viñedos, cielos despejados y su vínculo con la escritora Gabriela Mistral, quien fuera Premio Nobel en 1945.
En Vicuña nació la escritora y vivió en Montegrande donde se encuentran sus restos, ambas poblaciones del Valle, que conservan con orgullo sus huellas y monumentos, con los que le rinden el homenaje merecido.
Valle de Elqui es un oasis en medio de montañas andinas, famoso por la producción de Pisco. Visitamos sus pueblos tradicionales, viñedos, Museo del Pisco y disfrutamos de bellos paisajes naturales. No podía faltar la visita a un Observatorio Astronómico, pues se considera que es un polo energético.
La observación nocturna del firmamento, bajo uno de los cielos más limpios del hemisferio sur, fue una experiencia sencillamente sobrecogedora.

Los cielos del Valle
REGRESO A VALPARAISO
De regreso a Valparaíso, compartimos emotivos momentos con la familia. Visitamos la caleta Horcón y nos dispusimos a preparar el regreso a Santiago. Llegan las inevitables despedidas familiares, esas que dejan el sabor amargo y dulzón de la nostalgia, con la consiguiente pregunta: ¿hasta cuándo?
¿Hasta cuándo volver a las raíces, a los recuerdos, a los caminos de la infancia y de la juventud, a la vida compartida?

SANTIAGO
Seguimos ruta a Santiago, donde revivimos lugares emblemáticos: el centro histórico, la Plaza de Armas con los Chinchineros, tradicionales artistas de la calle. La iglesia y convento de San Francisco con sus 500 años de historia. Recorridos en el metro, apreciando los hermosos murales que los decoran. Un paseo por el Cajón del Maipo con su embalse El Yeso y sus cumbres nevadas y una visita al Museo de la Memoria, donde se preserva el recuerdo de uno de los períodos más dolorosos de la historia chilena.

Cajón Del Maipo
LA PARTIDA
Llegó el momento de partir. Partir es dejar nuevamente las raíces, los recuerdos y los afectos, para regresar a la vida construida durante tantos años en Colombia, a la vida que se eligió vivir.
Es volver al presente, a la ciudad donde nació nuestra hija, donde hemos construido planes y realizados sueños. Al final, ambos sabemos y sentimos que somos de aquí y de allá.
Y quedan los recuerdos que no se olvidan: Los encuentros familiares y esas largas y amenas conversaciones después de las comidas. Los lugares visitados. La amabilidad y simpatía de los chilenos, siempre dispuestos a colaborar cuando les solicitan. Las comidas típicas, absolutamente deliciosas. Las playas, las plazas, los caminos donde los pasos ya se vuelven huellas. Los abrazos…
Esos momentos tan especiales, como fue, el subir a un trole en Valparaíso y encontrarnos con un guitarrista que cantaba “Valparaíso de mi amor”, al que nos unimos en su canto, lo que motivó a que otras personas cantaran, y terminamos con fuertes aplausos llenos de emotividad.
Son los momentos que permanecen en la memoria. Los que dan sentido a las cosas. Sentir el alma de un pueblo que nos abre sus brazos, como lo hizo hace 42 años, cuando nos conocimos y recorrimos el sur chileno.
Un pueblo al que siempre llevamos en nuestro corazón. Porque el nuestro ya es, definitivamente, UN CORAZÓN CHILOMBIANO.
Consuelo Gómez Alvira
Junio 2026


