CRISIS DE LEGITIMIDAD EN EL SISTEMA DEMOCRATICO COLOMBIANO

OpiniónCRISIS DE LEGITIMIDAD EN EL SISTEMA DEMOCRATICO COLOMBIANO

Si la legitimidad electoral estaba en duda gracias a los votos comprados, cooptados dentro de las corporaciones estatales o de algunas empresas insistiendo ser “dueñas de las personas”, los recientes acontecimientos generan gran incertidumbre acerca de quién fue el ganador de la segunda presidencial

La ventaja de un escaso 0.9% del candidato derechista, Abelardo de la Espriella -alrededor de 250.000 votos- no parece representar así sea por muy poco, la mayoría, ni que esta  prefiera comer carne de burro como en Argentina, con tal de expulsar del gobierno a la izquierda. Pero con la clara injerencia de Estados Unidos e Israel, el software adulterado de los hermanos Bautista, las conciencias compradas para alterar los formularios E14 en medio del escrutinio, hasta la existencia de nubes se vuelve dudosa, aunque se vean a plena luz del día.

Son demasiadas dudas para intuir si el país entero anhelaba un cambio de modelo de gobierno o en realidad, quería rubricarlo para asegurarse vivir con condiciones de vida digna, paz, sin los conocidos rostros que a partir del próximo 7 de agosto ocuparan los distintos ministerios. Por si no lo saben algunos, sus águilas negras ya están volviendo a revolotear, tejiendo sombras sobre el común del pueblo. Pero aún más triste, es ignorar si éste eligió verdaderamente a los verdugos de toda la vida.

En Colombia la verdad sigue pareciendo importar demasiado poco. Esa es la auténtica gravedad. Quizás temeroso de una invasión similar a la ocurrida en Venezuela, donde Estados Unidos, con la cómplice traición de mandos políticos, secuestró al mismo presidente. Tal vez, con la certeza de saber que en caso de no haber sido tan bueno como aseguran los números reales, el testimonio de los beneficiados objetivos de sus políticas, lo mejor sería no volver nunca más. Pero prescindiendo de “ganadores morales”, si las elecciones fueron una farsa; ¿cómo saber el veredicto de la ciudadanía, más allá de un centro guerrerista, taimado e indiferente a los colombianos de la periferia?

Veredicto final

Contra toda la violencia generada desde la campaña aparentemente ganadora, ni el Presidente Gustavo Petro ni el aspirante oficialista, Iván Cepeda Castro, contra la opinión manifiesta y legítima de muchos partidarios, llamaron a anular las elecciones, ni a resistir el deliberado asalto al poder. ¿Será ello suficiente para que ambos no se transformen en presos políticos, sin causa fundamentada?

A lo sumo toca quedar “a la buena de Dios”, aguardar la dudosa piedad de un poder inapelable, torturador, asesino, lleno de rencores por verse “privado de la libertad” de no robar durante cuatro largos años, manteniendo vigente la fábrica de carne joven y barata a la que parecía mantener por tiempo indefinido.

Por otra parte, es probable haya ocurrido algo similar a lo de Perú, de Argentina, entre muchos pueblos del mundo, eligiendo contra su propia paz e integridad, cegado a causa de un alarmante ADN mafioso superior a cualquier instinto de bondad y empatía. Lo cierto es que el subdesarrollo político no es inherente a la extrema derecha, sino a toda la clase dirigente, contribuyendo junto todo el colectivo a la ruina nacional.

Al momento, solo puede afirmarse que en los años venideros las calles de ciudades, pueblos, municipios, ya no darán el veredicto definitivo de una elección. Más bien, del repudio a las situaciones dolorosas a las cuales por un instante se hicieron a la idea de no volver jamás, reivindicando los cambios demandados con la fuerza de la razón, de la voluntad de la mayoría.

Lo opuesto sería el escenario de la pasividad, donde la “mendicancia” silenciosa se atiborrará en los distintos directorios, pidiendo socorro sumiso, vendiendo el voto a cambio de pequeños favores a quienes los matan y no siempre de hambre, renegando de la solidaridad al abrazar las soluciones individualistas. En tal caso, se tendrá la efectiva certeza de que el país es absolutamente inviable, sin posibilidad de remedio alguno.

Esperanza manifiesta

El presidente electo será el encargado de reunificar el poder real con el formal, dividido durante este último cuatrienio de manera irreconciliable.

Anuncios como el congelamiento del salario mínimo, de los avances en materia de privatización de la educación, la amenaza de avanzar sobre el poderoso sindicato de maestros -FECODE- el nombramiento de personajes como Miguel Polo Polo y Mafe Cabal en los distintos ministerios, permiten vislumbrar el talante del futuro gobierno, permitiendo interpretar si esto era lo que la mayoría añoraba.

No hacen falta mayores análisis de coyuntura, a excepción de que el futuro, sus ministros o congresistas, sean abducidos por un ovni donde les laven el cerebro para dejar de ser ellos mismos. Suenan vientos de retorno en lugar de los de cambio. De restauración conservadora, disfrazada de seguridad; de falsas acusaciones al gobierno antecesor, a fin de inventar una crisis de justificación del desfalco por venir; de asesinatos selectivos, para preservar el modelo de falsa democracia o restringida; el mismo plato con distinta salsa.

La verdad, evidenciada desde hechos objetivos y contundentes, posee idéntico funcionamiento. A veces más tarde o temprano, a pesar de intentarse recomponer el terror, la realidad aterriza con la fuerza, la frialdad de un mazazo sobre el yunque, abriendo las cabezas e imponiendo la realidad de la naturaleza circundante. De allí a que Colombia “aprenda” a sobrellevar sus desgracias silenciosas, con la cabeza gacha, silenciosa de culpa propia, o bien salga a la calle para no dejar tirano sin cabeza en respuesta al baño de sangre.

Lo justo, más que la justicia, se acomoda sola a la idiosincrasia de los pueblos. La mentira o la verdad, traen sus consecuencias, aunque se las pretenda maquillar, porque de modo inexorable, la verdad es hija del tiempo. Más efectiva y contundente que las cuentas de un software adulterado.

Lástima por quienes deban pagar sin culpa. Servirá al resto de mayor aliciente a la hora de salir a cazar a los culpables.

Carlos Alberto Ricchetti

3 COMENTARIOS

  1. Hola señor Ricchetti: que lucidez mental la suya para avizorar los tiempos que vienen en esta patria de cafres que eligió al verdugo que los destruirá después de torturarlos y estrangularlos, pueblo de amnésicos, hipócritas godos y rezanderos, y sepulcros blanqueados como dijo Jesús , que prefieren, muchos por ignorancia, otros por arribistas, entregar la patria de su mayores a los narcos y testaferros que los mantendrán en la miseria a ellos y sus descendientes. Aunque ese abogado – presidente yanqui no me representa, dejó en claro que es gobierno que este pueblo de cafres se merece.

  2. Buen día Don Carlos. Gran escrito.

    Estas elecciones están marcadas por muchos escándalos y eso es muy raro. Si Iván Cepeda gana y Putin hubiera expresado lo mismo que hizo Trump acerca de su participación para que De La Espriella ganara, tenga la plena seguridad que afanosamente se apoyarían de la Constitución y de la legalidad para la anulación del triunfo.

    Falta camino hasta el 7 de agosto y cosas pueden pasar. Lo único cierto desde mi percepción, es lo fuerte en estos momentos que está el progresismo en Colombia, casi la mitad de la nación según los resultados electorales, adicionando los arrepentidos por haber votado por la no continuidad.

    Percibo que ese discurso de odio, de guerra y de privatización, está uniendo a la nación para no permitir su tenebroso accionar . No le veo capacidad política y sentido común para manejar un país que él mismo está agitando de una manera tan ilógica.

    Tengo fe en la justicia y que esta situación se va a aclarar con relación a los resultados electorales.

    Feliz día.

  3. Mi querido amigo…

    Es un verdadero gusto volver a encontrarme con sus acostumbrados elogios a mis escritos. Sin embargo, por el contrario a sus opiniones, en mi caso soy más pesimista, sólo por el hecho de recordar cuando la gente defendía a Duque por mucho más a lo que le dejaba pasar a Gustavo Petro. Lo cierto es que el ADN gangsteril, la insolidaridad del centro del país, la incapacidad de la izquierda para atacar a las maquinarias fácilmente vulnerable de la derecha de las distintas regiones y sobre todo, la alarmante falta de cultura cívica, son los verdaderos responsables de la interrupción del cambio y no -en mi humilde opinión- un puñado de votos adulterados provenientes del exterior, haciendo la diferencia.

    Cepeda debió ganar por lo menos con una ventaja de un millón de votos en segunda vuelta. Pero no se puede llorar por la leche derramada. Tocará barajar desde cero y más, cuando están a punto de reiterarse los mismos hechos que provocaron el pasado estallido social con sus secuelas incluidas. Vienen tiempos muy tormentosos. Desgraciadamente, por culpa de quienes nos rodean.

    Le mando un abrazo enorme y quedo atento a leer sus interesantes notas o comentarios.

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