El gobierno que termina, trató por todos los medios de impulsar una constituyente en el convencimiento de que los poderes constituidos, que son las instituciones existentes, tenían que someterse a los mandatos del poder constituyente, impulsado a través de cabildos o movilizaciones populares, cuya autoridad le permitía expresarse por fuera de los canales constitucionales. Ya con anterioridad, en los mandatos de Uribe Vélez, apoyado el mandatario en su altísima popularidad, desafió los límites constitucionales atacando las decisiones judiciales y atreviéndose a modificar un “articulito” en busca de una primera y segunda reelección, dando origen a lo que en su momento se conoció como el Estado de Opinión, enmarcado dentro de una fase superior del Estado de Derecho. Dos concepciones parecidas, tomadas por dos líderes radicales que pese a estar en las antípodas del pensamiento político, sus actuaciones los acercan en la manera de entender el poder. Y eso es lo que acaba de suceder con la elección del presidente del Senado de la República. De un lado, el recién electo mandatario, postuló al senador Deluque para esa importante dignidad, contrariando abiertamente su “extrema coherencia” manifestada a lo largo de su campaña, pues este fue un obsecuente santista que apoyó a Petro en muchos de sus proyectos. Del otro lado, Honorio Enríquez contó con el apoyo del Centro Democrático, reclamando su potestad por ser la bancada de derecha más importante del Senado, olvidando que en el 2002, cuando Uribe fue elegido, impuso a su amigo Luis Alfredo Ramos cuando las mayorías parlamentarias fueron del liberalismo. Sin embargo, todos los partidos accedieron en un gesto de patriótico entendimiento con el nuevo gobierno a instalarse, gesto de reciprocidad que Uribe no tuvo ahora. A nuestro juicio, De la Espriella debió bajar la guardia y darle gusto a Uribe con su C.D. recién declarado partido de gobierno, con 17 senadores. Desairarlo, significaba retarlo, como en efecto sucedió. Fue, ni más ni menos, el enfrentamiento de dos machos Alfa, plenamente reconocidos por el país. Declarada la guerra a voto limpio, Petro se sintió como pez en el agua, y ni corto ni perezoso le ofreció a Uribe los 26 senadores del Pacto Histórico, contribuyendo, y de qué manera, a ahondar el enfrentamiento entre Uribe y De la Espriella, y por derechas, cobrarle al nuevo mandatario su derrota con Cepeda. Si bien el director del Centro Democrático; Gabriel Jaime Vallejo Chujfi declaró, que siguen fieles como partido de gobierno, la elección del nuevo Contralor General de la República, fijada para el 12 de agosto, pondrá a prueba la medición de fuerzas y ahí sabremos, si el Centro Democrático respaldará a De la Espriella, o se une nuevamente con el Pacto Histórico. Con sobrada razón el país entendió esta pelea como una alianza entre Uribe y el Pacto Histórico, habida cuenta de anteriores hechos como el agradecimiento de Uribe a Petro por autorizar el traslado de su hermano Santiago, el pasado 10 de julio, al Batallón Juan del Corral del municipio de Rionegro, cerca de su familia, a más de las flores lanzadas a Uribe en el discurso de posesión del nuevo Congreso el 20 de los corrientes, en el que después de largos años de tildarlo de paramilitar y de denunciar como grave la desmovilización de estos bajo su gobierno, entre el 2003 y 2006, reconoció que fue una excelente negociación que redujo la criminalidad. Ver para creer.
Alberto Zuluaga Trujillo. Alzutru45@hotmail.com


