Una respuesta en clave de esperanza al dolor del 10 de agosto
El 10 de agosto de 2026 Pereira tembló. En dos minutos se sacudió la tierra que nuestros abuelos eligieron para hacer aldea. Hubo dolor, hay 99 ausencias que lloramos, miles de techos averiados y un corazón comercial detenido. Es verdad. Pero no es toda la verdad.
La otra verdad, la más grande, es que Pereira sigue viva. Y cuando una ciudad está viva, se puede volver a empezar . Terremoto y Corazón, hablemos en propositivo; renacer por partida doble. Porque si seguimos repitiéndole a un pueblo: pobres , víctimas …»corrupto, corrupto» y «ladrón, ladrón», como nos enseñó la psicología social, ese pueblo puede terminar creyéndoselo. La palabra crea realidad. Y yo elijo crear con palabras que curan.
La filosofía estoica nos recuerda con Epicteto que no nos afecta lo que nos pasa, sino lo que nos contamos sobre lo que nos pasa. Marco Aurelio, emperador en tiempos de peste y guerra, escribía: «Lo que se interpone en el camino, se convierte en el camino». El terremoto se interpuso. Pues que se convierta en camino.
Pereira ya sabe de esto. Esta no es la primera vez que nos toca volver a empezar. Y tenemos con qué.
¿Qué necesitamos ahora? Un pacto de reactivación con tres pilares:
1. Que el Estado haga lo que tiene que hacer: con grandeza y con celeridad. No es hora de trámites, es hora de alivios. Alivios tributarios temporales para los 12.500 comercios del centro, de la Universidad y de Cuba. Créditos blandos, de verdad blandos, con periodo de gracia, para la tendera, para el del taller, para el cafetero que perdió su beneficiadero. Y sobre todo, seguridad y certeza jurídica. Que quien quiera invertir, reconstruir y prestar su casa sienta que el Estado lo respalda, no que lo demora.
2. Que la ciudadanía vuelva a construir la aldea. Pereira nació así: medianos propietarios que se repartieron la montaña y se ayudaron a levantar la casa del vecino. Esa es nuestra esencia comercial y cafetera. Volvamos a eso. A comprarle al vecino, a fiarnos de nuevo, a reconstruir cuadra por cuadra, con la mano de obra local. La reconstrucción más fuerte no es de cemento, es de confianza.
3. Que aprendamos del mundo que ya renació.
Japón, en 2011, sufrió terremoto, tsunami y crisis nuclear. No se quedó en el lamento. Creó un fondo nacional de reconstrucción y en 10 años levantó ciudades más resilientes y más humanas.
Chile, en 2010, tuvo un terremoto de 8,8. Su respuesta fue un plan de subsidios directos a la vivienda y exención de impuestos a las pymes de las zonas afectadas. Hoy esas zonas producen más que antes.
Armenia, Quindío, nuestra hermana, en 1999 perdió 1.900 vidas. Pensamos que no se levantaba. Se levantó con el FOREC, con la mezcla de Estado, empresarios y comunidad. Y se volvió ejemplo mundial de la ONU para reconstrucción.
Italia, en L’Aquila en 2009, reconstruyó su centro histórico piedra por piedra, usando a los mismos artesanos del pueblo, para no perder el alma.
Todas tienen un común denominador: no se quedaron discutiendo quién tuvo la culpa, se pusieron de acuerdo en quién tenía la solución. Y la solución éramos todos.
Pereira tiene más de 700 mil habitantes, 12,5 billones de PIB, una zona metropolitana que influye a 2 millones de personas. Tenemos la montaña, tenemos el café, tenemos comercio; tememos alma de emprendedores: tenemos las manos. Si el valor de la reconstrucción son 10 billones, que el presupuesto nacional entienda que aquí no hay un gasto, hay una inversión en el corazón del Eje Cafetero.
Que se genere el mayor número de empleos y que el Sena se ponga la 10 y en modo capacitación en técnicas para la reconstrucción.
No neguemos los problemas. Asumámoslos con carácter para superarlos. Pero no le dejemos a nuestros hijos el relato de una ciudad saqueada. Dejémosles el relato de una ciudad que, partida, se unió en oro, como el Kintsugi japonés. Que donde hubo grieta, pusimos oro. Que donde hubo herida, germinó la primavera.
El himno de Pereira dice «el recio empuje de los titanes». Hoy ese empuje no es para empujar a nadie al abismo. Es para empujarnos todos hacia arriba.
Sí se puede, Pereira. Sí se puede, Risaralda. Estamos volviendo a empezar.
La única alternativa es trabajar y trabajar .


