Para cerrar esta saga (con «ese») sobre los sitios de diversión que ambientaron las noches pereiranas en el siglo XX vamos con esta zaga (con «zeta»). Auscultemos la historia de los bailaderos y discotecas, los lugares de parranda donde solo se iba a mover el esqueleto o a ligar compañía.
Para ir lo más lejos posible en el tiempo y hasta donde la memoria me alcanza empezaré por los clubes Bancario en la 7ª con 23, el Quiramá en la calle 19 y la Popa en Dosquebradas. Eran épocas de pecado (50’s y 60’s) cuando salir a bailar fuera de casa no era bien visto. Este último sitio hizo historia como la sucursal del Club Rialto. Al terminar las fiestas, especialmente la de gala en el aniversario de la ciudad, hacia las tres de la mañana, muchos «caballeros», después de dejar a sus esposas en casa tomaban las de Villadiego, incluso vestidos todavía de smoking. Se dirigían al otro lado del río, donde un gran salón redondo y con techo de paja anidaba los romances pecaminosos de aquella época. La «Cartuja», la «Mona», la «Carioca», la «Patichueca», la «Cebú», la «Pitirri», la «Puntilla» y muchas otras mujeres de la vida libidinosa se peleaban esa noche por atrapar a los «señores» de la alta sociedad. Y que conste que no estoy inventando nombres, responden al listado de chicas que algunos asistentes se atrevieron a brindarme muchos años después cuando sentían que el tiempo los había liberado de culpa. Incluso varias de ellas no escondían su identidad, carecían de apodo: Lilia Restrepo, Consuelo Caicedo, Lilia Aguilar, Lastenia, Lola, la flaca Aura Luna, etc.. Y las famosísimas Valencias que se paseaban por la ciudad en un Chevrolet Corvette azul descapotado. Para los curiosos, les advierto que guardo celosamente el listado de las parejas obscenas de aquella época. Pero para no inmiscuirme en los asuntos íntimos de algún hogar decente de la ciudad saltemos de escenario hasta las casetas que se improvisaban en las mismas fiestas aniversarias y en la que la reina era la «Caseta Matecaña». Eran sitios públicos en los que la danza estaba permitida, con grandes dosis de licor.
Dejó huella imborrable en la historia de la ciudad el «Carruco», nombre familiar para el Carrusel, en la 8ª con 17, donde muchos aprendieron a bailar con «sardinas» muy alegres y donde en las afueras se comían deliciosos chuzos de quién sabe que animal. Había también otro club con salón redondo y techo de paja en la entrada de Cuba, cuyo nombre creo que era «Club San Fernando».
En la década de los 70’s aparecieron las discotecas: el «Ticuna», en un sótano de la 18 entre 8ª y 9ª donde tuve la oportunidad de ver a Roberto Ledesma desentonando boleros cuando ya su voz era un desastre por culpa del cigarrillo, el Munka Munka que aún sobrevive en la 9ª con 20, el «Tony Best» —de Benito Galeano— que empezó en la 7ª con 16 y se convirtió en el sitio preferido de los pereiranos cuando se trasladó a los bajos del edificio Invico, el «Tempo» que albergaba tres ambientes diferentes para cada gusto del público y que terminó, como el Carrusel, siendo la «Media Ostra», otro rematadero con inclinación a las rancheras.
Cuando Dosquebradas quiso competirle a Pereira, apareció allí «Disco Express», moderna discoteca con luces y ambiente muy moderno.
Para rematar, este es el listado de los otros «metederos» que no podían mencionarse: el «Dancing», el «Club Tayrona», la «Cueva», el «Rhin», la «Horqueta», la «Canoa», la «Isla de Capri», el «Boliche», «Génica», «Gambrinus», la «Barra», la «Pista», «Gato Pardo», el «Chantecler», el «Carriel» y el famoso bailadero de «Alfonso Sepúlveda» en 10 con 9ª.



» La horqueta», qué nombre genial para un puticlub. A propósito, cuentan las buenas lenguas que en » Las Nereidas» de la Treinta de Agosto- se tomaban las altas y las bajas decisiones que fijaban el destino de Pereira y Risaralda, pues allí finalizaban los Consejos de Gobierno, amenizados con alcohol y buena música, en compañía de alegres pelanduscas.
Buen recuento histórico pero para cerrar el tema debería mencionar algunos de reciente prestigio: La Fortaleza en la calle 19 con carrera 12, El As de Oros (o de copas) en el Parque Olaya, un bar topless en el Edificio Perla del Otun, calle 20 con carrera 10ª, otro al frente del Teatro Nápoles por la calle 20, Los Cuervos en el sótano del directorio político de “Plumas” (calle 20 entre carreras 8ª y 9ª, quien no tenía nada que ver con ese negocio. El Enano Bebe en sus dos sedes registradas, bueno