“CADA NIÑO TRAE EL PAN DEBAJO DEL BRAZO”.

Opinión“CADA NIÑO TRAE EL PAN DEBAJO DEL BRAZO”.

PERO CUANDO LLEGA A VIEJO, YA NO LLEVA NI MIGAJAS.

Fernando Sánchez P.

Antes de aprender a leer ya sabíamos ahorrar. La pregunta que nadie nos hizo después fue por qué dejamos de hacerlo.

A todo niño colombiano le regalaron un marranito de barro antes que un libro. Estoy seguro. Es casi un rito nacional: apenas nace un niño, alguien le pone en las manos una alcancía y le dice, sin mucha ceremonia, que ahí debe guardar sus monedas. Nadie explica por qué.

Se hace porque siempre se ha hecho, como quien repite un refrán sin preguntarse de dónde viene. Y sin embargo ese gesto contiene una sabiduría que perdimos por el camino: la vejez no se prepara cuando ya se está llegando a ella, se prepara desde el primer peso que cae en la alcancía.

Decimos que cada niño trae el pan bajo el brazo, y es cierto, pero el pan hay que saber guardarlo. La cultura popular colombiana entendió intuitivamente algo que a los economistas les toma años de estudio explicar: el interés compuesto no perdona el tiempo perdido. Un peso ahorrado a los veinte años vale más que diez ahorrados a los cincuenta. El marranito no era un juguete. Era la primera lección de gerencia financiera que recibimos, y la olvidamos apenas aprendimos a gastar.

La paradoja colombiana

Hoy Colombia tiene cerca de 7,8 millones de personas mayores de 60 años, el 14% de la población, y esa cifra se duplicará hacia 2050. Vamos a envejecer rápido, más rápido de lo que estamos preparados para hacerlo.

Y ahí aparece la paradoja que debería quitarnos el sueño: el 45% de los mayores de 60 años en este país vive sin ingresos propios, y apenas uno de cada cuatro colombianos llega a la vejez con una pensión. No es un problema del futuro. Es un problema que ya llegó, y que se resolvió mal porque se pensó tarde.

De la legión de las canas que esperan a ver quién les aporta a la silver economía

Y sin embargo, al mismo tiempo, la llamada silver economy mueve ya más de 121 billones de pesos al año en Colombia, cerca del 12% del PIB. Hay una generación de personas mayores que viaja, consume, emprende, hace ejercicio, se capacita y sostiene negocios enteros con su gasto. Ahí está la bifurcación real del tercer tiempo: de un lado, la legión de las canas que llegó a los sesenta sin plan y hoy espera a ver quién le aporta; del otro, la silver economía de quienes ahorraron a tiempo y hoy son parte activa de la economía, no una carga sobre ella. La diferencia entre esos dos caminos no la marca la suerte. La marca la disciplina de haber alimentado el marranito durante cuarenta años en lugar de romperlo a los treinta.

Hay herramientas concretas para no quedar del lado equivocado de esa bifurcación. El programa BEPS de #Colpensiones, del que fui parte por dentro, permite ahorrar desde $20.000 pesos con un incentivo del Estado del 20% sobre lo ahorrado, y ya reúne a más de 1.200.000 colombianos que decidieron construir, peso a peso, su propia tranquilidad futura. Y claro están los que han construido paso a paso, peso a peso, su ahorro pensional, publico o privado.

No hay excusa del ingreso bajo. Hay, eso sí, excusa de la pereza y de la desidia con la que aplazamos lo que ya sabíamos desde niños.

Preparar el tercer tiempo, esos veinte años de los sesenta a los ochenta en los que uno puede ser el abuelo feliz, el viajero incansable, el mentor que por fin tiene tiempo para enseñar lo que aprendió, no es un lujo de pocos.

Es la consecuencia directa de una decisión que se toma mucho antes, cuando todavía se cree que la vejez le va a llegar a otro. Autonomía, tranquilidad financiera y dignidad no se decretan a los setenta años. Se construyen, peso a peso, desde el primer marranito.

La pregunta que le dejo no es si usted va a envejecer, porque eso ya está decidido. Si. La pregunta es de qué lado de la bifurcación quiere llegar: al de la legión que espera con una mano extendida,  o al de la economía que aporta.

Fernando Sánchez P.

Comunicador – Policy Maker – Consultor

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