ENTEREZA: EL CANTO SECRETO DEL CORAZÓN

OpiniónEspiritualidadENTEREZA: EL CANTO SECRETO DEL CORAZÓN

“La vanidad nos persigue hasta el lecho de la muerte. La soportamos con entereza porque deseamos superar su grandeza y cautivar la admiración de los espectadores”

        Santiago Ramón y Cajal

Con el tiempo he aprendido a mirar a mi alrededor, pero, no con la mirada fugaz con la que vemos una valla publicitaria, un reel, una imagen, un rostro; es otra, la que va conmigo a cada rincón de mi alma para poder comprender sentimientos, opiniones, necesidades, todo lo inherente al ser humano, y que suele resguardarse.

Me encontré en primera instancia observándome en mi reacción ante un fenómeno, ante algo nuevo para mí. Debo confesar que era mi primera vez expuesta a la furia o necesidad de la naturaleza. Sentí la angustia propia de quien preserva la vida a toda costa, hallando en la oración ese acicate ante la magnificencia del sismo; sin embargo, usé la compostura que me caracteriza hasta el final del suceso. Entonces, echo una mirada alrededor, dejé de pensar en mí, en el mundo que me pertenece, también afuera muchos vivieron unos segundos inenarrables, porque cada persona lo vive desde su emoción y sólo ahí al enfrentarme a imágenes dantescas empiezo a comprender lo que realmente somos. Ya no soy yo.

Sobre el sismo se ha dicho mucho, se ha escrito mucho, se ha especulado mucho, pero yo quiero manifestar mis emociones, mi sentir, mi lectura en estos renglones y empiezo por una afirmación que escuché y que me dejó helada: “En un par de semanas, nos habremos olvidado de este suceso”.  Desde luego, que no estoy de acuerdo con ello. Es inhumano, pensar de esa manera, estamos prestos a extender la mano cuando sea necesario. El momento es ahora, es mañana, siempre. Las pérdidas materiales son incalculables; las vidas, también. Ya no son desconocidos, ni familiares tal vez, son seres humanos golpeados y anhelan ser escuchados, con los oídos, con el corazón, con fraternidad. Cuando pasamos por momentos difíciles, escuchar es esperanza, es vida, es un devolver el aliento a quien se siente perdido, “como la mirada de los sordos”.

Chocó, ese departamento rico y pobre al mismo tiempo, ha sido víctima del abandono, como si no perteneciera a esta hermosa patria y un día como cualquiera la naturaleza sin piedad les arrebató todo. He visto cómo se desplazan a llevar ayudas que mitigan en parte tanto dolor, centenares de voluntarios, el propio gobierno, las ayudas humanitarias de todos los rincones del mundo. Hay cercanía ante tanta lejanía, qué paradójico, todos nos volcamos ante el dolor, y esto para mencionar sólo una región de las tantas afectadas.

Actores, artistas, futbolistas, empresarios, países, la banca, están presentes; la federación Nacional de Cafeteros para el caso de Risaralda, protegiendo al caficultor, su sustento, sus cosechas, es decir, se desnudan, aquí no hay vanidad que los cubra, se muestran como realmente son. No me detengo a describir lo que sucedió en otras regiones donde la solidaridad no se hizo esperar.

Esa es la lectura que hago, “no veo fragilidad”, al menos no en el alma. Quizás los damnificados hagan uso de las diversas máscaras que existen para ocultar el dolor ante las circunstancias, tal vez, ahora pese más movernos de espíritu, aunque duela el corazón, porque está presente la certeza de levantarnos ante la incertidumbre y eso hace parte del espíritu colombiano.

Cuando me encontré con calles llenas de escombros, vías intransitables, carros aplastados, edificios a medio sostenerse, iglesias averiadas, confirmé que no puedo ser ajena ante el dolor del otro, aunque haya salido ilesa, soy afortunada, no me falta nada; al contrario, me sobran motivos para sonreír sin máscaras, la fe en Dios y en su protección, me sostuvieron, pero y ¿si hubiese sido lo contrario? Estoy convencida de hallar apoyo a manos llenas.

Los días pasan, las ayudas siguen disponibles, lo que debemos tener en cuenta es que es el comienzo de un despertar para muchos, de esa esperanza con inmensos deseos de renacer. En un par de semanas, la fuerza, el sentimiento tendrán que ser nuestra bandera, porque ahí comienza la verdadera batalla. Quizá estén sobrando algunos implementos, artículos, medicamentos, pero, el frío, la lluvia, la sequía, el hambre, no esperan y en esos momentos el corazón generoso se debe disponer para seguir acompañando en la medida de lo posible el día a día de muchas personas. Sólo basta esperar que la ayuda siga llegando a su destino con fe y honestidad para que no se desvíe.

Abrir los ojos, no sólo es un milagro, sino una maravillosa aventura; respirar con tranquilidad, la mayor de las delicias; caminar en búsqueda de ese norte para conducirnos, otra maravillosa realidad; abrazar; besar; comer; sonreír. Manifestaciones que nos recuerdan la grandeza de estar vivos y por ello mismo, la de contagiar al otro de ese dinamismo a través de nuestra hermandad. Estamos presentes en las buenas, pero sobre todo en las dificultades, porque emocionalmente centenares de personas, padecen el miedo a vivir esos oscuros momentos, a repetirlos.

Quien acumula, pierde y en grandes proporciones. La fragilidad no puede mostrarse en la tragedia, al contrario, es la entereza el escudo que nos cubre y protege; se es frágil cuando no soy depositario de amor por el otro, sino que lo acumulo para mí.

No soy yo, somos todos, una cadena que unida, no puede romperse. Es amor incondicional.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Vea nuestros otros contenidos