Es extraordinario el giro religioso del entonces candidato, Abelardo De La Espriella, existen evidencias de su ateísmo declarado. Ser ateo no es una filosofía en sí misma, es una postura sobre la existencia de Dios que puede fundamentarse con argumentos filosóficos o surgir de manera natural sin estudio previo. Dijo que: “no creo en nada que la razón no pueda explicar.”
Su conversión debería significar un cambio radical de mentalidad y su visión del mundo, así como la aceptación de una fe espiritual. Implica dejar atrás la postura basada estrictamente en la evidencia empírica o el racionalismo para aceptar realidades trascendentes que no se pueden medir desde la ciencia. Es un cambio profundo en el corazón y el espíritu, donde da un sentido profundo y espiritual de la vida, el sufrimiento, la moral y el origen del universo. Significa, además cumplir con las normas, ritos y valores.
Esta en su derecho de creer en lo que quiera, allí no radica la crítica. Esta se da en cómo practica su cacareada conversión, su forma de gobernar hacia quienes depositaron su voto favorable. Ahora bien, después de que el CNE le otorgara su credencial, su gestión debería estar enfocada en desarrollar y cumplir la Constitución Política.
El filósofo y teólogo francés, Pedro Abelardo del siglo XII, dejó obras que nos ayuda, expresó, “cuando miramos el crucifijo, nuestro corazón estalla de simpatía y sentimiento de comunión con nuestro prójimo, y es este movimiento interior de simpatía y empatía instintiva la que nos salva”. Podemos pensar que somos personas compasivas, pero gran parte de nuestra buena voluntad depende de preferencias y antipatías subjetivas. Lo vivimos cuando se advierten pensamientos de mal humor en nuestras mentes hacia personas que contemplamos poco atractivas; tenemos situaciones con personas con quienes no tenemos sufrimientos especiales, hay otras que nos gustan. Todas estas reflexiones, De La Espriella debe tener la resolución de traducirla en buenos pensamientos y acciones, y ejecutar políticas públicas para mejorar la calidad de vida del pueblo colombiano.
En el diálogo todos debemos responder de manera amable y respetuosa una discusión. Este debe ser espiritual concebido para producir un cambio profundo en los participantes. Hay que tomar conciencia de las palabras, gestos y acciones impulsivas, pues estas tienen consecuencias. El diálogo, la empatía y la transparencia son figuras en las que De La Espriella mejor utiliza sus gafas oscuras. Es más proclive a hablar con impaciencia, de manera grosera, poco amable, que lo está llegando a descender a un nivel de intolerancia que vamos a condenar. Los evangelios deberían ser su soporte y ponerlos en práctica. En su cargo debe imperar la amabilidad, transparencia y respeto.
Pretender acabar con la Justicia Especial para la Paz – JEP, muestra su absoluto desprecio por la paz, ¿qué intereses ocultos hay detrás para no conocer toda la verdad? ¿a quiénes les fastidia? Indica un posible “pacto oscuro” con quienes les afecta conocer la verdad. Ahora bien, ¿de qué le sirve al país cambiar la Constitución para implementar la cadena perpetua? Ello no conduce a mejorar la seguridad del país, 60 años de prisión, es en la práctica una cadena perpetua. Es mejor una paz con dificultades que estar en una guerra permanente que afecta las finanzas públicas limitando la inversión social y la salud mental de todos.
Estamos afectados por el terrible terremoto del pasado 10 de agosto, en el caso de Pereira nos recuerda la destrucción de Gaza; la desatención del Estado es notable, es impresionante la ignorada en la que estamos. No aparece la Federación Nacional de Cafeteros, en una temporada de cosecha, con miles de campesinos en medio del desastre, tampoco vemos al gobierno nacional, representado en sus ministros y gerentes de los institutos descentralizados. ¿Dónde está la religiosidad De La Espriella? ¿Dónde está la compasión, la solidaridad, el amor de Dios en su conversión, y el ejemplo que debería seguir del judío quien predicó en el siglo I. Jesús que se rebeló contra la ocupación romana y la corrompida élite sacerdotal de Jerusalén?
Los actos que muestran poca transparencia se han dado en los pocos días de su gobierno, la mordaza total a RTVC, silenció 20 emisoras, los viceministros no pueden hablar con los medios de comunicación, la salida intempestiva, poco clara y llena de suspicacias de Vlado de RCN, de Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo de Blue Radio. La destitución del Director del DANE por dar una rueda de prensa, y sobre todo la inhumana desatención a las víctimas del gran terremoto. Solo vemos negligencia y abandono total.
El crecimiento desmesurado, un presupuesto general de la nación desequilibrado para el 2027 en más de 185 billones de pesos, es un despropósito, un acto irresponsable, que le traerá serias dificultades al país en las tasas de interés en la inversión de corto plazo, en los mercados internacionales y la buena imagen que ha caracterizado a Colombia en el manejo de la economía. Observo con preocupación la improvisación e inexperiencia en la elaboración del presupuesto.
El manejo del DANE ha generado incertidumbre por la calidad y oportunidad de la información. Hace ver a De La Espriella desconectado de la realidad, un país que no conoce, más su falta de experiencia en el manejo de la cosa pública, lo hace ver que la transparencia le fastidia. Pregunto, ¿será que piensa publicar cifras alteradas para justificar su incompetencia? De La Espriella está lejos de ser un “estadista convertido”, se aproxima más a un ser autoritario y caprichoso. Lo acompañan un sequito de pastores cristianos y del poder económico más interesados en sus finanzas corporativas y personales que en el bienestar común.
Dónde queda el ejemplo que debe seguir Abelardo De La Espriella, dado por el Jesús histórico con su movimiento impregnado en una lucha política y religiosa de la época en que predicó. Jesús buscó mejores condiciones sociales para la población y el establecimiento terrenal del “Reino de Dios”, buscaba la expulsión de los romanos. La crucifixión era una pena reservada por el Imperio Romano exclusivamente para los delitos de sedición y traición contra el establecimiento. Pablo de Tarso reinterpretó su figura, transformando a un rebelde político en un salvador divino e inofensivo para el Imperio Romano.
Imagino a Jesús inserto en el panorama político de hoy, el ejercicio resultaría fascinante, sus enseñanzas romperían fácilmente los esquemas de la derecha e izquierda tradicionales. Su mensaje, su dinámica social, su perfil político defendería una agenda fuertemente orientada a la justicia social, priorizando la atención a personas en situación de pobreza, migrantes y sectores marginados por la sociedad, tendría una postura crítica frente a la acumulación desmedida de riqueza y las desigualdades estructurales, abogando por la solidaridad y la redistribución del ingreso. Promovería la resolución de conflictos mediante el diálogo y la reconciliación, oponiéndose al armamentismo, la polarización violenta, el uso del odio y el miedo como herramientas en el manejo del poder. Denunciaría la corrupción y usaría un discurso religioso para la conveniencia política.
El estilo de Jesús generaría una enorme división de opiniones. Muchos se sentirían atraídos por su coherencia, empatía y llamado a la justicia, los grandes poderes corporativos, políticos y mediáticos lo percibirían como una figura incómoda y desestabilizadora del status quo. La conversión de Abelardo De La Espriella de ateo declarado a “creyente”, ha sido a todas luces más un asunto de conveniencia política y no una transformación espiritual de origen divino, de la cual se han colgado con oscuros propósitos. No está gobernando con el ejemplo de Jesús.


