CAPÍTULO 2. LLEGÓ EL TREN. Y LA CIUDAD EMPEZÓ A ENTERRAR SU QUEBRADA.

OpiniónCiudadCAPÍTULO 2. LLEGÓ EL TREN. Y LA CIUDAD EMPEZÓ A ENTERRAR SU QUEBRADA.

El recorrido general de Egoyá ya puede contarse: desde el oriente, cerca de la Circunvalar, cruza el centro y desciende hacia Turín y el río Otún. Pero todavía falta reconstruirlo capa por capa y cuadra por cuadra. Esa diferencia entre lo que sabemos y lo que creemos saber, planteada al final del primer capítulo, es también el punto de partida de esta historia.

Mapa conceptual del recorrido aproximado de Egoyá y de las cuatro acciones que marcaron su transformación: contaminar, canalizar, cubrir y convertir en colector. Es una reconstrucción visual elaborada a partir de fuentes históricas; no corresponde a un plano catastral.

El 8 de julio de 1921, según las fuentes históricas consultadas, la primera locomotora entró a Pereira. Para que el ferrocarril pudiera superar el paso de Egoyá, se construyó sobre la quebrada una caja de concreto de unos cuarenta metros en el lugar que hoy corresponde a la intersección de la carrera 11 con la avenida del Ferrocarril. La obra no sepultó todo el cauce, pero anticipó la decisión que transformaría su futuro: acomodar el agua a las necesidades de una ciudad empeñada en crecer.

Antes de ser un problema, Egoyá fue agua

La quebrada no nació con Pereira. Formaba parte del territorio mucho antes de la ciudad y fue una de las referencias naturales del espacio ocupado por los primeros pobladores. La historiografía local incluso discute la relación entre la Pereira de 1863 y la antigua Cartago fundada en 1540 en el mismo territorio. No necesitamos resolver aquí ese debate para reconocer algo elemental: Egoyá existía antes de las calles, las manzanas y los edificios que terminaron cubriéndola.

En los primeros años del poblado, Egoyá y sus afluentes suministraron agua. Después, la quebrada se utilizó para lavar ropa y comenzó a recibir residuos. El cambio parece pequeño, pero contiene toda la historia posterior: una corriente que servía a la vida cotidiana fue convirtiéndose gradualmente en el lugar al que la ciudad enviaba aquello que no quería ver.

En 1867, cuatro años después de la fundación, la Junta Auxiliar de la aldea de Pereira expidió un decreto que prohibía sacrificar ganado dentro de la población y señaló un terreno para el matadero oficial abajo del puente de Egoyá. El documento no ordenaba contaminar la quebrada, pero acercó a su cauce una actividad que generaba residuos orgánicos. Es la primera decisión administrativa localizada hasta ahora que relaciona directamente una obra o servicio urbano con Egoyá.

La cuadrícula contra la topografía

En 1870, Pereira fue erigida en distrito y se trazó una ciudad de calles y carreras rectas. La reconstrucción histórica atribuye el plano inicial al ciudadano inglés Guillermo Fletcher y señala que el agrimensor Ramón M. Arana continuó la medición y entrega de terrenos. La cuadrícula ofrecía orden, pero el suelo no era plano: había pendientes, escorrentías, cañadas y una quebrada que atravesaba la ruta de expansión.

Una investigación de Jorge Enrique Osorio Velásquez y Jaime Montoya Ferrer sobre la modernización de Pereira explica que, desde las primeras décadas del siglo XX, se hicieron llenos continuos en escorrentías y cañadas para prolongar la malla urbana. En términos sencillos, la ciudad pretendía dibujar líneas rectas sobre una geografía que no lo era. Para continuar una calle o habilitar una manzana, rellenaba la depresión natural.

El crecimiento aceleró el conflicto. Pereira pasó de 19.036 habitantes en 1905, a cerca de 50.669 en 1928 (Datos que calculan los historiadores). Llegaron el ferrocarril, las trilladoras, el comercio y nuevas viviendas. Egoyá dejó de ser únicamente una corriente de agua: para la dirigencia y para parte de la sociedad comenzó a representar una barrera física, un foco de malos olores y un límite para la ciudad que se imaginaban moderna, comercial, próspera e industrial.

Cuatro acciones distintas: contaminar, canalizar, cubrir y convertir en colector

Conviene detenernos en cuatro palabras que suelen emplearse como si significaran lo mismo. Contaminar es alterar la calidad del agua al descargar residuos. Canalizar es obligar al cauce a circular por una estructura construida. Cubrir es ocultar esa canalización bajo una losa, tierra u otros materiales. Y convertirla en colector significa utilizar la conducción para transportar aguas residuales. Egoyá pasó por esos procesos de manera gradual y por tramos.

La canalización no fue, en su origen, una decisión absurda o caprichosa. Respondía a problemas reales de saneamiento. En la década de 1930, la quebrada recibía aguas residuales domésticas y vertimientos de otras actividades. La prensa y las organizaciones cívicas hablaban insistentemente de higienización, ornato y progreso. El error histórico no puede evaluarse únicamente con los conocimientos de hoy; pero tampoco puede ocultarse que la solución sanitaria abrió la puerta a rellenos y construcciones cuyas consecuencias no fueron suficientemente previstas.

La quebrada desapareció por etapas

Entre 1930 y 1935 se canalizó el tramo comprendido aproximadamente entre las calles 11 y 21. El estudio de Nilson Correa y Lizardo Narváez señala que el cauce fue sepultado bajo rellenos heterogéneos formados mediante vertimientos libres. “Heterogéneo” quiere decir que no se trataba de un material uniforme colocado y compactado bajo un solo procedimiento técnico: podía contener tierra, escombros y materiales de distinta naturaleza y comportamiento.

Entre 1935 y 1940 comenzaron a levantarse viviendas sobre sectores rellenados y la canalización avanzó entre las calles 21 y 24, junto con algunos afluentes. Esas obras fueron pagadas con fondos municipales. Sin embargo, los documentos consultados hasta ahora no permiten identificar con certeza el contrato, los ingenieros responsables, el alcalde que autorizó cada tramo ni la fecha exacta de cada relleno y de cada primera construcción.

El 14 de diciembre de 1938, El Diario presentó el alcantarillado Egoyá como una de las necesidades más urgentes de Pereira y como una obra que la ciudad podría exhibir ante el país. Tres años después, el 17 de enero de 1941, el mismo periódico informó que el departamento había entregado 40.000 pesos oro al tesoro municipal para construir ocho cuadras de alcantarillado. La nota defendía que los trabajos continuaran desde la calle 24 hacia el occidente, donde el estado de la quebrada era descrito como particularmente fétido por la recepción de aguas negras del centro.

La canalización hacia el occidente habría concluido entre 1944 y 1945 y alcanzado la llamada salida a Marsella. Después de 1950, la Oficina de Valorización ejecutó el tramo situado entre la calle 11 y el nacimiento de la quebrada. La información disponible permite establecer esa secuencia general, pero no autoriza a presentar como completamente cerradas las fechas de cada cuadra. Los propios investigadores advierten que el proceso inicial no fue continuo y que subsisten vacíos en su cronología. Con la ayuda de la IA y los datos disponibles, tratamos de hacer un gráfico muy explicativo de esta cronología:

Cronología visual de la transformación de Egoyá: de quebrada visible a colector subterráneo y corredor urbanizado. La secuencia resume hitos y periodos aproximados reconstruidos con base en fuentes históricas y testimonios técnicos.

La avenida que quedó en los planos

Una entrevista realizada por Aguas y Aguas al ingeniero Hernando Ángel Marulanda aporta una pieza reveladora. Según su testimonio, cuando se construyeron algunos tramos no había viviendas encima de Egoyá y se había diseñado una avenida con el nombre de la quebrada. Los planos, dijo, terminaron en un sótano y el proyecto no continuó.

El testimonio ayuda a comprender que canalizar no significaba inevitablemente construir viviendas sobre el corredor. Existió, al menos en la memoria de uno de los ingenieros vinculados con aquella época, una alternativa vial que habría mantenido libre la franja superior. Todavía necesitamos localizar los planos originales, establecer su fecha, autoría, alcance y aprobación institucional. Mientras eso no ocurra, no presentaremos aquella avenida como un proyecto plenamente comprobado.

Cuando la ciudad olvidó lo que había debajo

A partir de 1960 aumentó la presión sobre el suelo por el crecimiento de la población y las migraciones. Entre 1960 y 1970 se consolidaron barrios como Turín, Venecia, Porvenir, Primero de Febrero y Periodistas. Al terminar esa década, prácticamente toda la cuenca de Egoyá estaba urbanizada y comenzaba una etapa de mayor densificación.

En los años setenta alcancé a ver, en un lote de la calle 29 Bis entre carreras 11 y 12, una gran estructura vertical de concreto. En el vecindario se decía que aquello era Egoyá. Con el tiempo, el terreno irregular fue rellenado, se construyeron viviendas y sólo quedó visible una tapa redonda. Recuerdo que también sobre la doce pasaba el tren rumbo a Nacederos que era la primera parada antes de seguir hacia Cartago y Cali. El recuerdo permite formular una pregunta y ubicar un lugar; no basta para identificar técnicamente la estructura. Necesitamos los planos para saber si era un pozo de inspección, un acceso profundo, una cámara o parte de otra obra del alcantarillado.

Ese recuerdo muestra cómo funciona la memoria urbana. Una generación ve la obra; la siguiente apenas reconoce una tapa; otra puede vivir encima sin saber qué existe bajo la calle o la vivienda. Egoyá no desapareció físicamente. Desapareció de la experiencia cotidiana y, en buena medida, del conocimiento ciudadano.

Lo que todavía no sabemos

Esta investigación no ha encontrado todavía los acuerdos municipales, contratos, presupuestos completos y planos originales que permitan atribuir cada etapa de la canalización a alcaldes, concejales, ingenieros o contratistas determinados. Sabemos que hubo financiación municipal, que en 1941 se anunció un aporte departamental y que después de 1950 intervino la Oficina de Valorización. No sabemos aún quién decidió, diseñó y recibió cada tramo.

Tampoco contamos con una cronología predio por predio de los rellenos, sus materiales, su profundidad, las primeras edificaciones construidas sobre ellos y las licencias o controles aplicados. Algunos documentos históricos citados en este capítulo han llegado a nosotros mediante transcripciones realizadas por investigadores. Será necesario compararlas con los ejemplares originales de El Diario y con el Archivo Histórico Municipal.

Por eso dejamos un reto abierto a los lectores: si alguien conserva un plano, contrato, fotografía, acuerdo, recorte de prensa o testimonio acompañado de una referencia verificable, puede compartirlo en los comentarios o en mi correo fernandosanp@icloud.com. No buscamos rumores. Necesitamos identificar el archivo, la fecha, el autor, el número de acuerdo o contrato, la página o cualquier dato que permita comprobarlo. La historia de Egoyá también puede reconstruirse con la ciudadanía, pero cada aporte será verificado.

El 10 de agosto obliga a mirar hacia abajo

El terremoto del 10 de agosto no demuestra, por sí solo, que Egoyá haya sido responsable de la destrucción observada en sectores de Pereira.

Un daño sísmico puede depender de la magnitud y distancia del terremoto, las características del suelo, el diseño estructural, los materiales, el mantenimiento, las modificaciones hechas a los edificios y muchas otras variables.

Pero el sismo sí vuelve inaplazable una pregunta: ¿conocemos suficientemente el terreno y las infraestructuras sobre las que construimos?

En este punto conviene introducir una precisión técnica. El geólogo Davey Carvajal advierte que el problema no debe atribuirse de manera mecánica a la quebrada, como si el agua enterrada explicara por sí sola una respuesta sísmica particular. Lo que debe estudiarse es la configuración geológica y geotécnica del antiguo valle de Egoyá, incluidos los rellenos antrópicos acumulados durante décadas. Dicho en términos sencillos: más que culpar a la quebrada, hay que entender el terreno transformado sobre el que la ciudad construyó. Esa será una de las líneas de análisis del próximo capítulo, junto con observaciones técnicas que también exigen contrastación documental y estudio actualizado.

Pereira canalizó Egoyá para resolver problemas sanitarios, superar una barrera física y facilitar su expansión.

Muchas decisiones respondieron a necesidades verdaderas de su tiempo. Sin embargo, al cubrir el cauce y permitir la urbanización sobre rellenos, la ciudad dejó una herencia que las siguientes generaciones no siempre conocieron ni gestionaron con la misma atención.

La pregunta que sigue…

La historia no permite señalar a una sola persona como culpable. Describe un proceso acumulado en el que participaron instituciones, dirigentes, propietarios, constructores y una sociedad que asociaba el progreso con dominar la topografía y ocultar las aguas contaminadas.

El recorrido de Egoyá ya no es solamente una línea bajo el mapa. Es la memoria de decisiones tomadas durante más de un siglo. Algunas solucionaron problemas urgentes; otras abrieron riesgos que no fueron previstos o que terminaron olvidándose.

¿Qué ocurre cuando una ciudad construye sobre rellenos de composición y profundidad variables? ¿Cómo responden estos terrenos durante un terremoto? ¿Qué responsabilidad tienen las normas, las licencias, las técnicas constructivas y las modificaciones hechas a las edificaciones? Y, sobre todo, ¿qué nos dicen los daños del 10 de agosto sobre la manera como Pereira ocupó su territorio?

Pereira ocultó una quebrada para resolver los problemas de una ciudad que crecía. En el próximo capítulo afrontaremos la pregunta más incómoda: ¿Cómo fue que construyó la ciudad su propio riesgo?

Referencias

Acevedo Tarazona, Á. (2009). Comentarios críticos sobre la fundación de Pereira: La historia local a debate. HisToReLo. Revista de Historia Regional y Local, 1(2), 182-202. https://doi.org/10.15446/historelo.v1n2.9376

Correa, N., & Narváez, L. (2004). Egoyá: Degradación ambiental y riesgo. En C. E. López & M. C. Cano (Comps.), Cambios ambientales en perspectiva histórica. Ecorregión Eje Cafetero (Vol. 1, pp. 132-144). Universidad Tecnológica de Pereira.

Correa Ramírez, J. J., & Gil Pérez, A. P. (2023). Pereira futura: La proyección de una ciudad moderna en Colombia, 1930-1938. Autoctonía, 7(2). https://doi.org/10.23854/autoc.v7i2.326

Duque Gómez, L., Friede, J., & Jaramillo Uribe, J. (1963). Historia de Pereira. Club Rotario de Pereira.

Osorio Velásquez, J. E., & Montoya Ferrer, J. (2023). El tranvía en el proceso de expansión urbana y modernización de Pereira: 1922-1953. Ciencia Nueva. Revista de Historia y Política, 7(1). https://doi.org/10.22517/25392662.25268

14 COMENTARIOS

  1. Estimado Fernando, hace poco leí un cuento que habla de los efectos que sobrevienen a los hechos en principio trágicos y negativos, pero que vistos en su contexto, generan reflexiones o inciden en acciones que no se hubieran dado sin aquello que sucedió primero. Generalmente lo que queda son las oportunidades, como las que usted ha permitido ver con su magnífico trabajo. Además de ser un documento histórico, su aporte apunta al futuro de la ciudad, en relación con una zona geográfica, el Egoyá, que más que realidad se nos volvió mito; mito que es necesario descubrir y resolver.

    • Gracias mi estimado de Cifuentes, James estimado amigo . Su comentario es muy enriquecedor. En la tercera entrega empiezo a dibujar un poco sobre las propuestas de la nueva Pereira que se han empezado a debatir y a la que creo que todos los pereiranos debemos apuntar. De los más oscuros lugares de la tierra surgen las más hermosas esmeraldas, dice por ahí una frase popular

    • Estimados lectores . Gracias por sus amables y enriquecedores comentarios . Dr Cifuentes muy buen aporte . Estimado Francisco, espero que la serie completa le guste igual . Consuelo proviniendo de su buen criterio, me siento honrado con su comentario . Gracias . El miércoles empiezo a analizar el tema de las propuestas que han puesto sobre la mesa para la reconstrucción con el ojo puesto en el Egoyá

    • Gracias estimado Francisco por su comentario . He tratado de ser riguroso en esta construcción periodística indagando aquí y allá en la historia del terruño para poder ser muy preciso en el contenido del texto . Espero siga leyendo mis publicaciones

  2. Excelente trabajo de investigación, muy bien presentado, muy serio y agradable de leer. Felicitaciones! Se aprende mucho con esta lectura y lo más importante, es traer a la memoria de una ciudad importantes hechos ya olvidados.

  3. Apreciado Fernando: a Pereira Egoyá se le volvió una suerte de » Coco», un engendro para asustar a la gente. La verdad es de Perogrullo y vale para todo tipo de asentamientos en condiciones de riesgo: la quebrada ya estaba ahí por lo menos antes de la segunda fundación en 1863. Por necesidad, indolencia o negocio, el territorio fue poblado hasta alcanzar la dimensión de ciudad intermedia que hoy tiene Pereira. A la condición de alto riesgo sísmico-el dato básico- se suman vacíos en la planificación y ejecución de lo urbano que tienen su expresión en afectaciones concentradas en el área de influencia de Egoyá, aunque eso no signifique que otros sectores no se vean golpeados. Por lo demás, cada ciudad, cada pueblo tienen su Egoyá.
    Mil gracias por sus aportes.
    Gustavo

    • Uno de mis libros de cabecera muchos años fue «No disparen, solo soy el cronista». Escribir es un proceso fabuloso. Y sobre este tema aún más. Gracias por tu comentario y aportes

  4. Buena crónica entre literaria y técnica que nos ilustra sobre Egoyà de la cual todo pereirano nativo o por adopción habla . La historia de esta quebrada y del desarrollo urbanístico desordenado es la misma de cualquier pueblo o ciudad de Colombia que crecen sin planeación y a merced de los intereses de expansión de sus habitantes y los urbanizadores. Los sucesivos terremotos siempre ponen sobre las discusiones sobre uso del suelo. No aprendemos de las vivencias y la ciudad se expande desordenadamemte y con criterios meramente comerciales aprovechando la construcción como actividad generadora de inversión y empleo. Bajo esos mismos criterios por ej la vía Pereira Cerritos se llena de cementos y edificios que reemplazan el verdor y nos deja sin horizonte. Pero bueno, como dicen , todo sea por la » la Pereira del futuro» para los que tienen dinero y pueden habitar inmensas casas y construir un gueto para turismo y gentes de alto nivel.

    • Gracias estimado profesor, de Ud aprendí en el colegio, que el argumento es la clave más sólida para sostener una idea. Eso he venido haciendo con esta serie. Lo invito a UD y los demás amables lectores a ir conmigo en este viaje hasta el final

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