LOCOS Y ARMADOS

OpiniónÉTICALOCOS Y ARMADOS

Por: Eduardo Valencia

Hace poco vi una noticia donde el presidente de la república volvía a dar los permisos para el porte legal de armas, enfatizando en que las armas también deberían estar en manos de la gente de bien; hizo, de hecho, una aclaración: habrá requisitos psicológicos para otorgar dichos permisos.

Lamentablemente, somos una sociedad enferma, un país que ha vivido tanto tiempo en conflicto que la gente suele reaccionar con violencia ante cualquier apuro de convivencia. Por ello, es casi pan de cada día ver noticias de alguna riña que terminó en homicidio.

Ahora, con armas de fuego al alcance, la cosa va a aumentar bastante. Poco o nada importará ese requisito cuando la salud mental en Colombia es un tabú del que no se habla; todos hemos conocido a alguien cercano de quien pensamos que tiene problemas para gestionar sus emociones.

El área metropolitana en la que vivimos (Pereira, Dosquebradas, Santa Rosa y La Virginia) es una de las más golpeadas por la salud mental, pero nadie va al psicólogo y menos al psiquiatra; eso es de locos; nadie, además, es capaz de tener la valentía de admitir que tiene un problema, porque a los hombres se nos ha enseñado que de emociones no se habla.

Lo más preocupante es que esa es sólo la mitad del problema, pues en mis más de 20 años siendo un paciente de salud mental he tenido el infortunio de conocer cómo funciona, o intenta funcionar, el sistema en nuestra región. De hecho, doy fe de lo injusto que puede ser, ya que, un buen trato, parece ser un lujo reservado para unos cuántos.

He vivido en carne propia las humillaciones de dos prestigiosos y experimentados médicos psiquiatras, directores médicos de importantes IPS de Pereira. La razón fue la misma en ambos casos: la combinación de mi enfermedad con mi situación socioeconómica; lo que para ellos me convertía en un ser inferior, un inservible para la sociedad, “nada” comparado con ellos y sus notables patrimonios propios del ejercicio médico.

Aquellas malas experiencias, junto al podcast de un importante actor colombiano,  me hicieron entender que la dignidad en la salud mental parece que sólo existe para el que tiene dinero; en tales casos sí hay empatía, se hace un proceso, y, me atrevo a conjeturar, hasta se da el aval para el porte de armas de fuego. Porque, si trabaja es porque es útil para la sociedad, y si es útil ya está sano. En cambio, con el pobre suelen ser menos permisivos, brindándole pocas o nulas nuevas oportunidades.

Convencidos de que están sanos, restándole importancia a sus impulsos de ira y desestimando su ausencia de autocontrol, muchos irán por primera vez a una consulta por salud mental, seguros de ser ciudadanos ejemplares, gente de bien, con el fin de hacerse dignos de un arma.

Mientras tanto el profesional, al ver que su paciente es alguien trabajador y útil para la sociedad, e ignorando su situación mental, muy probablemente le otorgará el permiso para portar su arma; y si eso pasa la suficiente cantidad de veces, veremos a nuestra hermosa Pereira, aún en proceso de reconstrucción, convertida en el viejo oeste de las películas de Clint Eastwood.

Por: Eduardo Valencia

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Vea nuestros otros contenidos

PADRE JAVIER GIRALDO

DE PEDRO ABELARDO PARA ABELARDO