La tragedia del 10 de agosto, exige no solo asistencia y acompañamiento de las víctimas. Es imperativo la toma de decisiones por parte del Concejo Municipal, creando un marco legal para la reconstrucción del centro de la ciudad, que obedezca a los serios estudios que con mucha anterioridad existen, en los que claramente se advierten los riesgos y se imponen limitaciones a la construcción, en dicho sector. Agilizar la reconstrucción, no es solo recoger los escombros y asentar el polvo. Entregar las ayudas y subsidios dispuestos por la Alcaldía y las entidades del Estado, alivian desde luego la penosa situación en la que quedaron miles de damnificados que, como los vendedores informales, están recibiendo un subsidio único de un millón de pesos, entregados a 2.500 de ellos inscritos en el Registro de Vendedores Informales. Igualmente, las ayudas humanitarias y víveres en los Centros de Acopio como la Rebeca y Expofuturo, coordinados por la Sociedad de Mejoras Públicas y las cuales han llegado a cientos de familias en diferentes comunas y corregimientos de la ciudad. Igual, los materiales de construcción, los que, con el programa de Techos Dignos, se están entregando a los damnificados representados en tejas y materiales. Los auxilios hasta por 5 millones de pesos dirigidos a los comerciantes afectados, cuya selección está a cargo de la Cámara de Comercio y, por último, los subsidios de arrendamiento para familias que perdieron su hogar, a cargo del Gobierno Nacional y coordinado por la Gobernación de Risaralda. Toda esta programación, de hondo calado social, cumple el propósito de tender la mano en esta hora de dolor y desesperanza. Agilizar la reconstrucción no basta con atender el tejido social de los pereiranos, que todo o parte lo perdieron, sino de sentar las bases sólidas de la nueva Pereira que construiremos, expidiendo la normatividad, seria y calificada de expertos geólogos e ingenieros de suelos, que nos garanticen, no la presencia de seguros sismos que se seguirán presentando hacia futuro, sino la preservación de las vidas humanas, evitando el derrumbe total de las nuevas construcciones. Hacer caso omiso de las advertencias del pasado, es algo que no podemos seguir haciendo. Desconocer que el terreno del centro de la ciudad es variable y modificado, caracterizado por rellenos, es de una terquedad que raya en la responsabilidad penal. En general, el terreno se observa uniforme, pero cambia totalmente de un sitio a otro, debido a la intervención humana. Existen rellenos con tierra traída de otros lugares, lo que se conoce como rellenos antrópicos, y quebradas canalizadas como la de Egoyá, que cruza de oriente a occidente atravesando el centro de la ciudad, al igual que la Dulcera, antiguamente conocida como quebrada Vegayá, y la del Bosque, que convergen en el mismo sector subterráneo, intervenido por las antiguas Empresas Públicas para permitir la expansión urbana y la construcción de vías en las décadas del 30 y 40 del siglo pasado, pasando por sectores urbanos como la Circunvalar y Pinares. Debido al paso de los años y a las malas intervenciones con escombros, estos Box Culbert han requerido de obras de mitigación de riesgo y saneamiento hídrico por parte de distintas administraciones. Es hora, como lo hemos dicho en anteriores escritos, que estos suelos y terrenos adyacentes, sean destinados a un gran parque arborizado y moderno, que sirva de recreación a los pereiranos.
Alberto Zuluaga Trujillo. Alzutru45@hotmail.com


