En la primera parte descubrimos que Pereira lleva más de treinta años imaginando qué hacer sobre el corredor de Egoyá. Hubo propuestas, planes, estudios, ejercicios académicos y una parte que efectivamente llegó a construirse. Ahora hay que establecer qué permite el suelo, qué exige la ingeniería y cuánto de ese sueño podría convertirse realmente en ciudad.

Primero el suelo, después los árboles
En la primera parte de este capítulo cerramos los ojos para imaginar otra Pereira. Y terminamos descubriendo algo que quizá muchos no sabíamos: la ciudad lleva más de tres décadas preguntándose qué hacer sobre el corredor de Egoyá.
Procentro habló de un bulevar en los años noventa. El POT del 2000 incorporó formalmente un Parque Lineal Bulevar Egoyá. Ciudad Victoria consiguió materializar una parte. La UP5 volvió a plantearlo. La academia lo reinterpretó. Y la EDUP llegó después a pensar el espacio público no como un parque aislado, sino como un circuito de lugares.
Una parte se hizo. Mucho quedó pendiente.
Ahora debemos cambiar la pregunta. Ya no se trata solamente de saber si sería bonito hacerlo. Se trata de establecer: ¿qué es técnicamente posible?
Y para eso toca comenzar donde comienza cualquier ciudad: en el suelo.
¿Qué significan esos 30 metros?
El Acuerdo 35 de 2016 introdujo una figura que puede prestarse a confusión.1
Imagine por un momento una línea siguiendo el recorrido del colector Egoyá.
La norma dice que, cuando se vaya a intervenir urbanísticamente en su zona de influencia, debe estudiarse una franja que se extiende 30 metros hacia un lado y 30 metros hacia el otro, tomando como referencia el eje predeterminado del colector.
Eso no quiere decir que Pereira tenga disponible automáticamente un parque de 60 metros de ancho.
Significa algo mucho más sencillo: dentro de esa franja hay que mirar con lupa qué existe debajo y alrededor:
¿Cómo están los suelos?
¿Dónde están exactamente las estructuras del colector?
¿Qué rellenos existen?
¿Qué edificaciones podrían ser vulnerables?
¿Qué terreno deben finalmente protegerse?
Solo después de esos estudios puede definirse qué parte requiere protección y qué usos urbanos serían posibles.1

30 metros a cada lado son una zona para investigar, no una orden para construir un parque:
La franja de investigación de 30 metros a cada lado del eje predeterminado del colector no equivale a un parque de 60 metros. Es el ámbito en el que deben realizarse estudios antes de definir protección y usos posibles.
La misma norma exige estudios geotécnicos, ubicación precisa de las estructuras del colector actual y del antiguo, delimitación de los suelos de protección con aval ambiental y conceptos técnicos de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado.1
Para el tramo comprendido entre la Avenida del Ferrocarril y la calle 27 exige además caracterizar los llenos antrópicos, estudiar la patología de la estructura de conducción y evaluar la vulnerabilidad de las edificaciones adyacentes.1
Y establece algo especialmente relevante: los terrenos que finalmente sean delimitados como franjas de protección no podrán destinarse a edificaciones y deberán integrarse al sistema de espacio público.1
Primero estudiar. Después diseñar. Y solo entonces decidir.

Egoyá no tumbó sola la ciudad
Conviene repetirlo, hay voces poco informadas que repiten lo mismo una y otra vez.
No tenemos fundamento técnico para convertir a Egoyá en la explicación automática de los daños producidos por el terremoto.
El geólogo Davey Carvajal, quien ha aportado a esta investigación, ha insistido en que la atención debe dirigirse a la configuración geológica y geotécnica asociada al antiguo valle, especialmente a los rellenos antrópicos y sus características.
El ingeniero hidráulico Álvaro Pío Combariza nos ha ayudado, por su parte, a comprender que allí existe una infraestructura compleja, modificada durante décadas, cuyo comportamiento debe estudiarse desde la hidráulica y la ingeniería.
La propia regulación vigente conduce en la misma dirección: estudiar suelos, colectores y edificaciones antes de autorizar intervenciones.1
El sueño urbano NO puede comenzar escondiendo la ingeniería.
Entonces, ¿parque lineal significa destapar Egoyá?
No necesariamente, como proponen algunos.
Ese es probablemente uno de los falsos dilemas que debemos superar.
No estamos obligados a escoger entre dejar todo exactamente como está o demoler parte de la ciudad para reconstruir la quebrada que existía hace un siglo.
Entre esos extremos pueden existir distintas respuestas.
Primera posibilidad: recordar Egoyá
La quebrada podría permanecer bajo tierra, pero la ciudad volvería a reconocer su recorrido: arborización, recorridos peatonales, señalización, plazoletas, pavimentos y elementos de memoria urbana.
El agua no tendría que verse para que Pereira volviera a saber por dónde pasa Egoyá.
Segunda posibilidad: un corredor azul-verde
Más vegetación. Superficies permeables. Jardines de lluvia. Arborización. Sombra. Pequeños espacios de retención de aguas. Continuidad peatonal.
Ya no sería solamente embellecer la ciudad. Sería utilizar el espacio público como parte de su infraestructura ambiental.
Todo integrado. ¿Les suena?
Tercera posibilidad: volver a ver el agua
Y existe una alternativa mucho más compleja: volver a ver el agua en algún tramo.
Sabemos que la academia ya exploró esa idea.2
Lo que no sabemos es si hoy existe un segmento donde resulte hidráulica, geotécnica, predial y financieramente viable.
Eso requiere estudios. Tal vez la respuesta sea sí. Tal vez sea no.
Las respuestas serían útiles si están técnicamente sustentadas.
Mis ideas soñadoras necesitan entonces volver a encontrarse con la realidad. Miren esta imagen —y, si pueden, háganle zoom—:

Tres escenarios conceptuales. Son hipótesis para orientar la conversación y NO corresponden a proyectos aprobados ni a soluciones técnicamente viabilizadas.
Entonces llegó el 10 de agosto
El terremoto volvió a colocar estas preguntas en otro contexto.
Ya no estamos hablando únicamente de un proyecto que podría embellecer Pereira. Estamos hablando de reconstrucción.
Y Egoyá reapareció muy rápido en esa conversación.
La arquitecta Sara Puerta publicó el 19 de agosto una propuesta de divulgación que plantea transformar la zona de influencia de Egoyá en un parque lineal. Debe leerse como lo que es: una propuesta profesional y personal, no un proyecto oficial ni un estudio de factibilidad. Pero forma parte del debate abierto después del sismo.3
Y todos cabemos en el debate.
El 2 de septiembre, el concejal Nelson Pulido planteó en el Concejo de Pereira que la reconstrucción no debía limitarse a reproducir lo que existía antes del terremoto y propuso fortalecer el corredor de Egoyá como eje de espacio público, junto con instrumentos para enfrentar la especulación del suelo y revisar cargas urbanísticas.4
Y Jairo Ordilio Torres, desde la Corporación Ágora Cívica, volvió pocos días después sobre la necesidad de estudiar rigurosamente Egoyá desde sus componentes geológicos, hidrológicos, sanitarios y urbanísticos y recuperar para la discusión aquellos diseños preliminares de 2010.5
Son aportes diferentes. Y precisamente por eso debemos reconocerlos por separado.
La ciudad también se piensa conversando
Pero Pereira no se piensa únicamente desde Planeación, los despachos de los arquitectos, el Concejo o las universidades. También se piensa conversando.
Y aquí tengo una deuda personal que quiero reconocer.
Desde hace años he formado parte del Club de Prensa de Pereira y he participado en muchas de esas conversaciones que comienzan hablando de una noticia y terminan preguntándose por la ciudad que fuimos, la que tenemos y la que queremos dejar.
Allí existen tonos distintos.
Está la voz indignada de Ángela María Villegas, que después del terremoto ha insistido en exigir respuestas, transparencia y vigilancia sobre la reconstrucción.6
Está la mirada reflexiva de Juan Antonio Ruiz Romero, periodista, expresidente del Club de Prensa y director de Ecos 1360, con muchos años de memoria periodística sobre Pereira.
Y está la mirada analítica y fiscalizadora de James Fonseca Morales, abogado, periodista, también integrante del Club de Prensa y director ejecutivo de la Corporación Vigía Cívica de Risaralda, organización que durante años ha seguido el manejo de los asuntos y recursos públicos.7
No siempre coincidimos. Por fortuna. Una ciudad no se piensa mejor porque todos piensen igual.
Y mi confesión: una de aquellas tertulias virtuales terminó sembrando la inquietud que dio origen a esta serie periodística e investigativa.
Después comenzaron a aparecer documentos. Alguien recordó un estudio. Otro compartió un plano. Alguien dijo: “hable con este ingeniero”. Otro consiguió el contacto de un geólogo. Llegaron fotografías, historias familiares, trabajos académicos, preguntas y correcciones. La voz off de Cesar Augusto Orozco desde Atlanta-Georgia.
Así se han sumado Álvaro Pío Combariza, Davey Carvajal y muchas otras personas cuyos aportes seguiremos reconociendo a medida que aparezcan en esta historia.
Tal vez esta investigación se esté construyendo de la misma manera como se construyó Pereira: por capas.
Y el comercio, ¿dónde queda?
Aquí quiero regresar al sueño del comienzo.
Hay algo que me incomoda en muchas imágenes de renovación urbana.
Las ciudades aparecen perfectamente ordenadas. Mucho árbol. Mucho peatón. Cafés impecables. Pero desaparecen los vendedores, las cajas, las mercancías, los olores, el ruido y esa cierta imperfección que hace que una ciudad esté viva.
Pereira no puede reconstruirse borrando a Pereira.
La historia del centro está ligada al intercambio, a la Galería, al comercio formal e informal, a pequeños negocios y a generaciones de personas que encontraron allí su sustento.
Incluso el estudio de la UTP sobre la Comuna Centro advertía que el problema de los vendedores no podía reducirse a la simple ocupación del espacio público: detrás existen dinámicas sociales y económicas que deben formar parte de cualquier solución urbana.8
Y más de veinticinco años trabajando en Política Social me dicen al oído lo mismo: lo social, la gente, el pulso de la calle, no son convidados de piedra.
Por eso una futura intervención sobre Egoyá tendría que hacerse preguntas que un plano no siempre responde.
¿Dónde estará el comercio?
¿Dónde cabrá el artesano?
¿Dónde podrá vender el pequeño comerciante?
¿Dónde estarán la comida, el café y los encuentros?
¿Puede existir un diseño que ordene sin expulsar?
La UP5 ya pretendía combinar vivienda, comercio y servicios.9. La EDUP volvió después a relacionar espacio público con gastronomía, comercio y recreación.10
Egoyá no tendría por qué convertirse en un gigantesco jardín. Podría ser una sucesión de lugares.
En un tramo, árboles. En otro, comercio. Más adelante, una plaza. Después un corredor peatonal. Un lugar para comer. Otro para recordar. Quizá, en algún punto, el agua vuelva a hacerse visible y nos recuerde que allí comenzó esta historia.
No una única Egoyá. Muchas Egoyás dentro de un mismo recorrido.
Lo construido, lo propuesto y lo que todavía debemos estudiar
Después de recorrer más de treinta años de documentos, debemos mantener una frontera muy clara.
Existe lo construido: el Parque Lineal Egoyá asociado a Ciudad Victoria.
Existe lo que Pereira ha propuesto: el Bulevar del POT, la UP5, los trabajos académicos, los diseños preliminares, el circuito de parques y las nuevas propuestas surgidas después del terremoto.
Y existe lo que todavía debe estudiarse: un corredor azul-verde de mayor continuidad, eventuales sectores piloto, posibles tramos donde el agua vuelva a ser visible y los mecanismos técnicos, prediales y financieros que permitirían hacerlo.
Confundir esas tres categorías sería convertir una investigación en propaganda.
Separarlas permite hacer algo mucho más útil: imaginar sin dejar de comprobar.
Tal vez la pregunta no sea si hacemos un parque
Pereira ya propuso el parque. Lo incorporó al POT. Construyó una parte. Lo volvió a planificar. La academia lo reinterpretó. La EDUP intentó relacionarlo con otros espacios públicos. Y después de otro terremoto la ciudad vuelve a hablar de él.
¿Por qué una idea que Pereira ha considerado durante más de treinta años nunca consiguió convertirse en el gran corredor urbano que se imaginó?
¿Qué tendría que hacerse diferente esta vez para que no vuelva a quedarse en un plano?
La respuesta no estará solamente en la arquitectura. Necesitará geología. Hidráulica. Ingeniería. Urbanismo. Ambiente. Economía. Gestión del suelo. Comercio. Participación. Memoria. Y recursos.
Menos atractivo que una imagen perfecta. Pero mucho más importante para la nueva Pereira.
Abramos nuevamente los ojos
Volvamos entonces al comienzo.
Al café en El Barista. Al cucurucho en La Lucerna. A los asados en Bobadilla. Al pollito Frisby. Al Cholao. A las arepas. A las vitrinas. A los cachivaches. Al vendedor. A la sombra de un árbol que todavía no existe. Y a una quebrada que sí existe, aunque no podamos verla.
Durante décadas Pereira trató a Egoyá como algo que debía permanecer abajo. La canalizó. La cubrió. Construyó encima. Después comenzó lentamente a reconocer que aquella misma franja también podía convertirse en espacio público.
Hoy la ciudad enfrenta una circunstancia que nadie habría querido. Hay dolor. Hay pérdidas. Hay escombros. Pero también hay decisiones que inevitablemente deberán tomarse.
No se propone destapar Egoyá mañana. Ni convertir el centro en un parque. Ni borrar la Pereira comercial para reemplazarla por una ciudad diseñada desde un computador.
Eso no funciona.
Tal vez algo mucho más sencillo: que antes de volver a construir exactamente donde estaba todo, nos estudiemos qué otra ciudad podría existir allí.
Quizá encontremos que algunas ideas son imposibles. Descartarlas con estudios también será avanzar.
Quizá descubramos que otras llevan treinta años esperando. Entonces tendremos que preguntarnos por qué. Y quizá encontremos un punto intermedio donde agua, memoria, comercio, árboles, movilidad y vida cotidiana vuelvan a encontrarse.
La pregunta ya no es solamente qué hacemos con la quebrada. Es mucho más:
¿Qué Pereira queremos construir encima de ella?
Antes de mirar afuera
Colombia también ofrece experiencias que vale la pena revisar. Medellín convirtió un tramo del río que atraviesa la ciudad en el eje de una gran operación de espacio público con Parques del Río; Bogotá evocó la memoria del antiguo río San Francisco mediante el Eje Ambiental de la avenida Jiménez y ha recuperado corredores naturales como la quebrada Las Delicias. Son intervenciones diferentes entre sí y ninguna constituye un modelo directamente trasladable a Egoyá, pero dejan una primera lección: también en nuestras ciudades ha sido posible replantear la relación entre agua, infraestructura y espacio público.
La pregunta, entonces, deja de ser si Pereira puede hacerlo y pasa a ser otra: ¿qué tipo de recuperación tendría sentido para Egoyá?
Y fuera de Colombia algunas ciudades llegaron todavía más lejos: volvieron a sacar a la superficie corrientes de agua que habían enterrado.
Seúl. Yonkers. Singapur. Madrid. San Antonio. Distintas ciudades. Distintos problemas. Distintas respuestas.
La próxima pregunta que vamos a resolver será:
¿Qué hicieron esas ciudades, qué funcionó, qué no funcionó y qué podría aprender Pereira sin cometer el error de copiar soluciones construidas para realidades distintas?
Vamos a echarle un vistazo al mundo —y también a Colombia— para ver qué podemos aprender.
¿Me acompañan en el penúltimo capítulo?
Fuentes documentales y periodísticas consultadas
1. Concejo Municipal de Pereira. Acuerdo 35 de 2016. Revisión de largo plazo del POT; artículos sobre la zona de influencia del colector Egoyá. Consulta
2. Universidad Católica de Pereira. Pensando el San Mateo. Ejercicios académicos de arquitectura y modelos de ocupación territorial. Consulta
3. Puerta, Sara. Propuesta de parque lineal para Egoyá, 19 de agosto de 2026. Consulta
4. Concejo Municipal de Pereira. Seguridad en albergues y reconstrucción de Pereira, debate del 2 de septiembre de 2026. Consulta
5. Torres Moreno, Jairo Ordilio. Reconstruir con memoria, planificación y visión de futuro. Pereira, 5 de septiembre de 2026. Consulta
6. Villegas, Ángela María. Columna de opinión sobre vigilancia y transparencia en la reconstrucción. El Opinadero, 2026. Consulta
7. Misión de Observación Electoral – MOE. Referencias a organizaciones y plataformas de sociedad civil en Risaralda. Consulta
8. Betancur Morales, Carlos Fernando. Investigación sobre procesos de planeación y espacio público en la Comuna Centro de Pereira. Universidad Tecnológica de Pereira. Consulta
9. Unidad de Planificación 5 – Pereira. Documentación de 2010 sobre el Parque Lineal Bulevar Egoyá. Consulta
10. Empresa de Desarrollo Urbano de Pereira – EDUP. Circuito de parques y continuidad de zonas verdes para la gente, 2021. Consulta
11. Alcaldía de Montería. Información institucional sobre la Ronda del Sinú y su revitalización. Consulta
12. Alcaldía de Santiago de Cali. Bulevar del Río y recuperación de espacio público junto al río Cali. Consulta
13. Alcaldía de Medellín. Parques del Río: mantenimiento del espacio público y soterrado. Consulta
14. Alcaldía de Barranquilla. Gran Malecón del Río. Consulta
Aportes técnicos directos a esta investigación: geólogo Davey Carvajal e ingeniero hidráulico Álvaro Pío Combariza.


