SALVEMOS A PEREIRA DE LA TUGURIZACIÓN

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Este fin de semana tuve la ocasión de conversar con varios amigos pereiranos sobre el estado en que se encuentra la ciudad. Expresaban con mucha tristeza que está irreconocible y que la cantidad de edificaciones que se han tenido que derribar, están dejando unas profundas heridas urbanísticas.

En esa catarsis, una de las conclusiones más dramáticas y dolorosas es que existe la posibilidad de que los actuales tugurios, algunos de ellos ubicados en pleno centro de Pereira, se extiendan por toda la ciudad.

La conclusión está basada en el fracaso de los intentos de renovación urbana de Pereira de las últimas tres décadas. En la mesa se puso el ejemplo de la fase posterior al terremoto del año 99, cuando se anunció que el centro de la ciudad sería renovado para recuperar espacios altamente deteriorados. Lo que se logró fue el traslado de la galería central y la construcción del centro cultural, la plaza cívica, un centro comercial, un supermercado y un edificio inteligente. Pero el resto del sector ubicado entre las calles 12 y 19 con carreras 8 a 12 mantuvo las viejas edificaciones repletas de inquilinatos, los mismos problemas sociales y un desorden urbanístico que convirtió esa parte de la ciudad en un gran basurero.

Otro ejemplo es el incumplimiento de la promesa de convertir la comuna Villavicencio en un gran corredor habitacional con áreas verdes y espacios comerciales y que para ello la construcción de dos puentes sobre la Avenida del Ferrocarril sería el primer paso para alcanzar ese objetivo. La realidad que se observa hoy es que bajo los dos puentes hay un comercio de productos robados y de tercera mano, además de habitáculo de decenas de indigentes. Y aunque se ampliaron las calzadas de las carreras octava y décima, las edificaciones dejaron de ser residenciales para convertirse en bodegas, prostíbulos, inquilinatos y espacios de consumo de estupefacientes, así como talleres de mecánica y electrodomésticos. El deterioro urbanístico de este sector es dramático, la inseguridad campea y las basuras son la representación del abandono a la vista diaria de los gobernantes de la ciudad, que se han negado sistemáticamente a recuperar esta comuna.

También se habló de la modernización de la infraestructura vial de las carreras séptima y octava entre calles 14 y 24, que se perfilaba como un modelo de renovación para consolidar uno de los centros comerciales y peatonales más grandes del país, pero que terminó convertido en una de las ocupaciones ilegales más densas del espacio público en Colombia por parte de vendedores estacionarios, que no han sido reubicados por parte de los gobernantes, a pesar de las decisiones judiciales, para evitar costos políticos. 

Recordaron los contertulios que varios sectores que durante los terremotos de los años 95 y 99 vieron afectadas muchas edificaciones que debieron ser demolidas por encontrarse en zonas de alto riesgo, nunca fueron intervenidos y manzanas enteras siguen abandonadas después de 30 años, sirviendo como depósitos de escombros y algunos espacios fueron acondicionados como parqueaderos a cielo abierto.

Los ejemplos siguieron abundando con detalles muy específicos y con cada uno de ellos se hacía mucho más profunda la preocupación de que los miles de lotes que quedarán abiertos después del derribamiento de edificaciones que fueron destruidas por el terremoto, corran la misma suerte de lo que la historia nos ha mostrado luego de estos desastres naturales y de los fracasados intentos por renovar a Pereira, que se ha posicionado con el paso de los años en el epicentro del desarrollo comercial y de servicios del Eje Cafetero, Chocó y Norte del Valle.

Luego del terremoto de agosto pasado se está hablando insistentemente de la modificación excepcional del plan de ordenamiento territorial, de la intervención en la riesgosa franja del colector Egoyá, de una vía verde y de decisiones sobre lo que se puede o no se puede hacer, no solo en el centro de Pereira sino también en barrios que quedaron seriamente afectados como Providencia, Cuba, Circunvalar y El Jardín o urbanizaciones como Primero de Febrero, Los Bloques, Las Garzas y Lorena, entre otros.

La esperanza es que ahora la renovación sea cierta y que los lotes que hoy están vacíos no se conviertan en basureros o en nidos de la delincuencia. Ojalá estén ocupados por edificaciones más seguras o por espacios públicos que permitan el disfrute ciudadano y le sumen más metros verdes a una ciudad que los está reclamando desde hace varias décadas.

La responsabilidad de comenzar a delinear el futuro de Pereira está en manos del actual alcalde. Y el mandatario elegido en 2027, ojalá entienda que su propósito debe ser reconstruir la ciudad y hacerla mucho mejor que la que había el 9 de agosto de 2026 y que esa reconstrucción no solo sea de la infraestructura física sino también del tejido social. 

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