En la entrega anterior se planteó que el liderazgo latinoamericano comienza por la educación, la investigación, la innovación y una relación más estrecha entre universidad, empresa y sociedad. Pero el conocimiento, aun siendo condición indispensable para el desarrollo, no resuelve por sí solo una debilidad histórica, ya que América Latina (AL) continúa actuando en lo internacional como una suma de países y no como una región consciente del poder que podría ejercer de conjunto.
La reflexión propuesta por Bruce Mac Master en Un Continente Posible adquiere una segunda dimensión. La conversación sobre geopolítica permite pasar del ámbito educativo y productivo al escenario donde las naciones defienden intereses, construyen alianzas y disputan influencia.
AL posee atributos que deberían otorgarle una posición privilegiada en el nuevo orden mundial tales como biodiversidad, agua, alimentos, minerales estratégicos, fuentes energéticas, territorios extensos y una población que supera con amplitud los seiscientos millones de habitantes. A ello se suma una relativa unidad cultural y vínculos históricos que deberían facilitar mecanismos de cooperación.
Sin embargo, potencial no significa poder. La región ha ensayado numerosas formas de integración, muchas veces debilitadas por diferencias ideológicas, cambios de gobierno o pretensiones de liderazgo individual, mientras otras áreas del planeta comprenden que determinados intereses nacionales se defienden mejor de manera colectiva, AL suele recomenzar sus proyectos cada vez que cambia el signo político en las administraciones. Ese comportamiento reduce su capacidad negociadora. La cuestión no consiste en uniformar gobiernos ni crear una imposible identidad política. Una integración moderna debe edificarse sobre el reconocimiento de las diferencias, concentrándose en aquello donde existen intereses permanentes, entre ellos, comercio, infraestructura, energía, conectividad digital, educación, ciencia, seguridad alimentaria, protección ambiental y cadenas regionales de producción. Es allí donde la reflexión geopolítica adquiere sentido práctico.
El mundo atraviesa una competencia creciente por tecnologías, mercados, minerales críticos, energía y seguridad de abastecimiento. Estados Unidos, China, Europa y otras potencias procuran asegurar posiciones dentro de esa transformación. AL no debería limitarse a escoger pasivamente entre centros de poder externos, sino desarrollar una cadena estratégica para relacionarse con todos desde la mejora de sus propios intereses.
Las políticas de integración, ciencia, infraestructura y productividad no pueden comenzar cada periodo local. Los países exitosos distinguen entre la legítima controversia política y aquellos asuntos que constituyen objetivos nacionales de largo plazo. AL necesita hacer lo propio y, además, extender esa visión al ámbito regional en la que el papel empresarial será prevalente y determinante.
La riqueza natural ofrece una oportunidad extraordinaria, pero también una advertencia. Exportar litio, cobre, petróleo, alimentos o cualquier materia prima sin incorporar conocimiento reproduce el modelo que durante décadas ha limitado el desarrollo latinoamericano. La transformación consiste en participar en cadenas de valor con otros mercados, desarrollar tecnología, industrializar de modo inteligente y negociar desde posiciones de fortaleza.
Desde ese ángulo, se enlazan las dos reflexiones surgidas aquí alrededor de las conversaciones promovidas por Mac Master. No habrá liderazgo regional sin educación de calidad, universidades conectadas con la sociedad, investigación, innovación y productividad. Pero tampoco bastarán esos avances si cada nación intenta afrontar aisladamente un escenario mundial dominado por enormes bloques económicos y estratégicos.
El continente posible al que invita a pensar este debate no surgirá de proclamas integracionistas ni de afinidades ideológicas transitorias. Llegará cuando conocimiento, producción, institucionalidad y cooperación estratégica formen parte de una misma visión y, por ello, ser apetecible en la nueva distribución económica. Entonces AL optará dejar de preguntarse por qué no ocupa el lugar que podría tener en el mundo y comenzar a construirlo. La mentalidad cabizbaja, no sirve para nada en las metas del progreso y el poder. En el giro de las órbitas llegará el día, pero hay que preverlo.


