Diferencia entre Serenidad, calma y paciencia
Aunque suelen usarse como sinónimos, serenidad, calma y paciencia describen estados internos distintos. La diferencia principal está en qué enfrentan y cómo responden.
Calma: la ausencia de agitación.
La calma es un estado de tranquilidad momentáneo. Ocurre cuando las emociones, los pensamientos o el entorno no están alterados. Ejemplo: Estás sentado escuchando la lluvia y te sientes relajado. No hay conflictos ni preocupaciones urgentes. La calma es como la superficie de un lago en un día sin viento.
Características: Es relativamente fácil de perder. Depende bastante de las circunstancias. Se relaciona con relajación y reposo. Pregunta clave: ¿Estoy tranquilo ahora mismo?
Paciencia: la capacidad de esperar sin desesperarse.
La paciencia no es tranquilidad, sino resistencia emocional ante la demora, la dificultad o la frustración.
Puedes estar impaciente aunque estés calmado, o paciente aunque estés incómodo. Ejemplo: Esperas varios meses para alcanzar una meta. Escuchas a alguien difícil sin reaccionar con irritación.
Toleras un problema sin rendirte. La paciencia es como un agricultor que siembra hoy sabiendo que la cosecha llegará después. Características: Está relacionada con el tiempo. Requiere autocontrol. Implica tolerar lo que aún no puede resolverse. Pregunta clave: ¿Puedo esperar sin desesperarme?
Serenidad: la estabilidad profunda del espíritu.
La serenidad es más profunda que la calma y más amplia que la paciencia. Una persona serena puede atravesar conflictos, pérdidas o incertidumbres sin perder su equilibrio interior. Ejemplo: Recibes una mala noticia y no te derrumbas. En medio de una crisis mantienes claridad y prudencia. Aceptas lo que no puedes controlar sin resignarte ni rebelarte. La serenidad es como el fondo del océano: aunque haya tormentas en la superficie, las profundidades permanecen estables. Características: No depende tanto de las circunstancias. Surge de la aceptación, la sabiduría y el autoconocimiento. Incluye calma y suele favorecer la paciencia. Pregunta clave: ¿Puedo mantener mi equilibrio incluso cuando la vida se agita?
Comparación sencilla
| Calma | Paciencia | Serenidad |
| Tranquilidad momentánea | Capacidad de esperar | Equilibrio interior profundo |
| Relacionada con el presente | Relacionada con el tiempo | Relacionada con la actitud ante la vida |
| Fácil de alterar | Requiere autocontrol | Requiere madurez y sabiduría |
| «Estoy tranquilo» | «Sé esperar» | «Nada me desequilibra fácilmente» |
Una metáfora taoísta: Imagina un bambú junto a un río: Calma es cuando no sopla viento y el bambú está quieto.
Paciencia es cuando el bambú crece lentamente durante años sin apresurarse. Serenidad es la capacidad del bambú de doblarse durante la tormenta sin romperse. Por eso puede decirse que: La calma es un estado. La paciencia es una virtud. La serenidad es una forma de ser. Y entre las tres, la serenidad suele considerarse la más profunda, porque permite conservar la calma y ejercer la paciencia incluso cuando las circunstancias son difíciles.
Diversas perspectivas acerca de la serenidad
La serenidad puede entenderse de maneras muy distintas: como regulación del sistema emocional, como virtud filosófica, como estado contemplativo, como aceptación de la realidad o como armonía entre persona, comunidad, naturaleza y dimensión sagrada. Conviene compararlas sin convertir las tradiciones ancestrales en una sola categoría, porque cada pueblo posee su propia historia, cosmología y lenguaje.
Primero: ¿Qué es realmente la serenidad?
Una buena definición transversal sería: Serenidad es la capacidad de permanecer interiormente estable, lúcido y receptivo ante lo agradable y lo desagradable, sin quedar dominado por ello.
Esto la diferencia de otras experiencias: Tranquilidad: ausencia momentánea de agitación. Serenidad: estabilidad que puede mantenerse incluso cuando existe dificultad. Indiferencia: disminución del interés.
Resignación: dejar de luchar porque se considera inútil. Ecuanimidad: equilibrio ante experiencias favorables y desfavorables. Paz interior: concepto más amplio, que puede incluir dimensiones emocionales, existenciales o espirituales. La investigación psicológica contemporánea sobre la ecuanimidad la describe precisamente mediante características como ecuanimidad frente a experiencias afectivas diferentes, menor reactividad, tolerancia al malestar e imparcialidad interpersonal. [researchgate.net]
Perspectiva científica y psicológica.
La ciencia normalmente no trata la serenidad como una sustancia o estado místico independiente. La estudia mediante conceptos observables relacionados: regulación emocional, mindfulness, reactividad, tolerancia al malestar, flexibilidad cognitiva y equanimidad. Desde esta perspectiva, estar sereno no significa dejar de sentir. Significa aproximadamente:
estímulo → emoción → consciencia de la emoción → regulación → respuesta
en lugar de: estímulo → reacción automática
Resulta particularmente interesante que la investigación psicológica sobre ecuanimidad destaque tres componentes: cognitivo, afectivo y conductual o conativo, incluyendo menor reactividad y mayor tolerancia al malestar. Así, científicamente podríamos decir: La serenidad no consiste tanto en eliminar la tormenta emocional como en modificar nuestra relación con ella. Esta idea va a reaparecer sorprendentemente en muchas filosofías antiguas.
Estoicismo: serenidad como gobierno de uno mismo
Una de las formulaciones occidentales más importantes aparece en el estoicismo. Su intuición fundamental consiste en distinguir: Lo que depende de mí → juicios, elecciones, actitudes y respuestas.
Lo que no depende completamente de mí. → acontecimientos externos y muchas de sus consecuencias.
Por ello la serenidad estoica no significa pensar: «Nada me importa». Sino: «No permitiré que aquello que no gobierno gobierne también mi interior». La literatura contemporánea sobre ecuanimidad señala precisamente la estrecha relación histórica entre estoicismo, aceptación y reducción de la reactividad ante circunstancias externas. Aquí aparece una primera fórmula:
Serenidad estoica = discernimiento + aceptación + virtud.
Mundo griego: ataraxia. Otra noción occidental fundamental es la ataraxia, aproximadamente una condición de imperturbabilidad o ausencia de perturbación interior. Pero diferentes escuelas podían llegar a ella mediante razonamientos distintos. Una idea sumamente poderosa emerge aquí: El ser humano puede sufrir no solamente por lo que sucede, sino por la interpretación que realiza de lo sucedido.
Esta intuición antigua encuentra un interesante paralelo con las modernas concepciones psicológicas de regulación emocional y reevaluación de nuestras respuestas. La literatura psicológica actual también relaciona la ecuanimidad con regulación emocional y flexibilidad cognitiva.
Cristianismo: serenidad como confianza. En buena parte de la espiritualidad cristiana, la serenidad adquiere otro fundamento. No proviene únicamente del autodominio. Surge también de la confianza. El individuo reconoce sus límites y deposita aquello que no puede controlar en una realidad trascendente. Podríamos esquematizarla así: Estoicismo: «Distingue aquello que depende de ti». Espiritualidad cristiana: «Haz aquello que te corresponde y confía aquello que te sobrepasa». El resultado psicológico puede parecer parecido, pero la metafísica es completamente diferente. En un caso predomina el gobierno racional de la respuesta interior. En el otro aparece además una relación con Dios y la providencia.
Budismo: serenidad como ecuanimidad. Aquí encontramos una diferencia especialmente profunda. En determinadas enseñanzas budistas, la ecuanimidad implica una experiencia mental equilibrada que no necesita intensificar ni suprimir los estados presentes. Eso significa que serenidad no equivale a:
«No experimentar tristeza». Sería más bien: «La tristeza está aquí, pero no necesito convertirme en la tristeza». Ni tampoco: «No debo disfrutar». Sino: «Puedo experimentar placer sin exigir que permanezca para siempre». Hay aquí una observación acerca del sufrimiento: experiencia → apego/rechazo → perturbación. La serenidad disminuye la segunda parte. Por eso podemos resumir: Serenidad budista = presencia + no aferramiento + ecuanimidad. La investigación psicológica contemporánea encuentra precisamente en las tradiciones budistas una de las raíces históricas más importantes del concepto de ecuanimidad.
Hinduismo y tradiciones védicas: samatva. Una noción relacionada es samatva, la ecuanimidad. Resulta significativa porque la literatura académica contemporánea sobre ecuanimidad recoge explícitamente el término samatva al estudiar tradiciones védicas, yoga, meditación y budismo. Una interpretación filosófica útil es: actuar plenamente sin permitir que toda nuestra estabilidad psicológica dependa del resultado. Por tanto: acción + desapego respecto al fruto = ecuanimidad. No significa necesariamente pasividad. Puede significar exactamente lo contrario: hacer lo que debe hacerse sin convertirse en esclavo del éxito o del fracaso.
Taoísmo: serenidad como no-forzamiento. La sensibilidad taoísta introduce algo diferente: Quizá una parte de nuestra agitación procede del esfuerzo por obligar a la realidad a adoptar continuamente la forma que deseamos. Aquí resulta importante la idea de wu wei, el actuar sin forzamiento excesivo.
La imagen simbólica taoísta no sería una roca que combate al río. Sería el agua. El agua no destruye necesariamente el obstáculo. Lo rodea. Se adapta. Continúa. Así, en una lectura taoísta: Serenidad = disminuir la fricción entre nuestro querer y el fluir de las cosas. No sería inmovilidad. Sería movimiento sin violencia interior. Esta es una diferencia sutil respecto del estoicismo: El estoico enfatiza gobernarse frente al acontecimiento; una sensibilidad taoísta puede preguntarse antes por qué estamos luchando innecesariamente contra el curso de las cosas.
Tradiciones japonesas: serenidad dentro de la imperfección. En diversas corrientes culturales y contemplativas japonesas encontramos otro desplazamiento interesante: la aceptación de impermanencia, sencillez e imperfección. Desde esta sensibilidad, la serenidad no requiere que la existencia sea perfecta. Precisamente puede aparecer cuando dejamos de exigirle perfección. Una taza imperfecta. Una hoja caída. Una madera envejecida. El silencio entre dos sonidos. Todo puede recordarnos: «Lo transitorio no está necesariamente roto». Aquí la serenidad adquiere una estética.
Pueblos indígenas y tradiciones ancestrales. Aquí debemos ser especialmente cuidadosos: No existe una única «visión indígena de la serenidad». Ni los pueblos indígenas americanos, ni las sociedades africanas, oceánicas, amazónicas o árticas constituyen sistemas filosóficos intercambiables.
Además, la propia investigación académica reconoce que la ecuanimidad posee raíces históricas en diversas filosofías indígenas y prácticas contemplativas. Por ello resulta más riguroso hablar de una familia de posibilidades y posteriormente estudiar cada pueblo por separado. En ciertas cosmovisiones relacionales, la pregunta no sería solamente: «¿Cómo puedo estar yo en calma?» sino: «¿Cómo recuperamos una relación equilibrada?» Persona ↔ comunidad. Persona ↔ antepasados. Persona ↔ territorio. Persona ↔ naturaleza. Persona ↔ dimensión espiritual
Esto cambia radicalmente el concepto. La psicología occidental contemporánea tiende con frecuencia a estudiar la serenidad en términos de procesos que ocurren en el individuo. Una cosmovisión relacional puede situar el bienestar en una red de relaciones. Entonces el problema no sería únicamente: «Estoy alterado». Podría formularse: «Existe una relación que necesita recuperar equilibrio». Es una diferencia filosófica enorme.
Tradiciones africanas comunitarias. En filosofías africanas de orientación comunitaria podemos encontrar otro correctivo al individualismo: la identidad humana se comprende mediante las relaciones con otras personas y la comunidad. Desde semejante perspectiva, podríamos interpretar la serenidad no simplemente como: «yo estoy en paz conmigo mismo», sino como algo semejante a: «puedo estar en paz porque pertenezco a una estructura de relaciones significativas». Esto desplaza el centro: Occidente psicológico moderno: yo regulo mis emociones. Perspectiva comunitaria: mi equilibrio también depende de vínculos, reciprocidad y pertenencia. Conviene, sin embargo, estudiar cada tradición africana específicamente antes de atribuirle principios concretos.
Cosmovisiones indígenas americanas. Aquí ocurre algo parecido. Hay centenares de pueblos con historias y cosmologías distintas, por lo que sería incorrecto hablar de «la filosofía indígena americana» como una sola doctrina. Pero determinadas perspectivas relacionales permiten formular una diferencia filosófica muy sugerente: La persona occidental moderna puede preguntar: «¿Cómo encuentro paz dentro de mí?» Una concepción relacional puede llevarnos a preguntar: «¿Cómo estoy relacionado con aquello que me rodea?» La serenidad puede adquirir entonces una dimensión: ecológica, comunitaria, ceremonial, intergeneracional, territorial. No solamente psicológica.
Los cuatro, tal vez cinco, grandes modelos de serenidad. Estas concepciones se podrían dividir en cinco grandes modelos de serenidad.
- Serenidad como dominio interior. «No puedo gobernar el mundo, pero puedo gobernar mi respuesta.» Estoicismo, algunas psicologías occidentales.
- Serenidad como no-apego. «Puedo experimentar algo sin poseerlo ni rechazarlo.» Budismo y diversas tradiciones contemplativas asiáticas.
- Serenidad como armonización. «No necesito conquistar la realidad; puedo aprender a moverme con ella.» Especialmente sugerente para interpretar el taoísmo.
- Serenidad como relación. «Mi equilibrio no termina en mi piel.» Enfoques comunitarios, ecológicos y numerosas cosmologías relacionales.
- Y quizá exista un quinto nivel: una conclusión filosófica que podemos construir al ponerlas en diálogo. La serenidad no tiene por qué ser ausencia de emoción. Tampoco ausencia de problemas. Ni siquiera ausencia de dolor. Puede ser algo mucho más profundo: la ausencia de una guerra innecesaria entre la consciencia y aquello que está ocurriendo. Y las distintas tradiciones discrepan principalmente acerca de cómo terminar esa guerra: el científico intenta comprender y regular los mecanismos; el estoico distingue control de no-control; el cristiano confía; el budista deja de aferrarse; el yogui actúa sin encadenarse al fruto; el taoísta deja de forzar; una visión comunitaria restaura relaciones; una cosmovisión relacional puede buscar reconciliar persona, territorio, comunidad y mundo.
Por eso la serenidad resulta conceptualmente tan rica: No es que nada se mueva. Es que no todo lo que se mueve fuera necesita movernos violentamente por dentro. Y, desde una sensibilidad más taoísta que creo que encaja muy bien con tus intereses: la imagen perfecta de la serenidad quizá no sea una montaña que nada puede mover, sino un lago capaz de recibir viento, lluvia y hojas y, terminado cada movimiento, recuperar por sí mismo la claridad.
Otras estrategias para alcanzar la serenidad. Alcanzar la serenidad es un anhelo universal, y las distintas culturas han desarrollado caminos muy diversos para lograrla y ya vimos algunos en los párrafos anteriores. Y claro, lejos de ser fórmulas mágicas, estas estrategias son prácticas entrenables que buscan transformar nuestra relación con los pensamientos, las emociones y el entorno. Veamos a continuación algunas otras estrategias para alcanzar la serenidad:
- La visualización negativa (imaginar el peor escenario para restar poder al miedo).
- El «zoom out» cósmico (contemplar la inmensidad del universo para relativizar nuestros problemas). El objetivo es no reaccionar impulsivamente, sino pausar y reflexionar.
- Diario de Marco Aurelio. Cada noche escribe: ¿Qué hice bien? ¿Qué dependía de mí y qué no?
- Terapia Cognitivo-Conductual (TCC): Es la aplicación moderna de estos principios. Se basa en cuestionar los pensamientos automáticos que nos generan ansiedad (¿Es cierto? ¿Es útil?) y en actividades de distracción absorbentes para «cortar» un bucle mental negativo.
- Logoterapia (Viktor Frankl):* Serenidad no es buscar estar feliz, es tener un «para qué». El que tiene porqué soporta el cómo.
- Activación conductual: La serenidad no llega esperando sentirse bien para actuar. Actúas y luego te sientes bien. Salir a caminar 10 min aunque no tengas ganas es más efectivo que 1 hora analizando por qué estás mal.
- El «Fika» sueco (pausa obligatoria para café, galletas o fruta y charla).
- El «Mesimeri» griego (silencio y siesta en la tarde), estas costumbres crean rituales diarios de desconexión que previenen el agotamiento.
- El «Shikantaza» (solo sentarse) no busca «vaciar» la mente, sino dejar que los pensamientos pasen como nubes, sin aferrarse a ellos. Actividades cotidianas como limpiar o comer se convierten en meditación si se hacen con total presencia.
- La «Meditación del Espejo» o espejo silencioso, buscan que la mente se serene y refleje la realidad tal como es, sin interferencias.
- El Wu Wei. El «hacer nada» como una forma de alinearse con el flujo de la vida. No forzar: ser como el agua. El agua no pelea con la roca, la rodea. Serenidad es preguntar «¿qué es lo que esta situación pide de mí?» en vez de «¿por qué no es como yo quiero?».
- Hacer una cosa a la vez, despacio y completo. Tomar el tinto sin celular. Eso es Tao.
- Meditación de Concentración (Yoga): Se entrena la capacidad de fijar la atención en un solo punto (como la respiración o un mantra) para retirar los sentidos del mundo exterior y aquietar las fluctuaciones de la mente.
- Exhalar más largo que inhalar: 4 seg. inhala, 6 exhala. No es estiramiento. Es unión. La serenidad viene por el cuerpo. Postura + respiración larga: le dice a tu nervio vago «estamos a salvo».
- Vipassana / Mindfulness: Observar tu ansiedad como si fueras un cielo viendo pasar nubes. No eres la nube, eres el cielo. 10 min al día mirando tu respiración: baja físicamente la amígdala.
- Compasión (Metta): Cuando estás ansioso eres muy duro contigo. Repetir «que yo esté bien, que esté en paz» 3 minutos activa los mismos circuitos que un abrazo.
Sabidurías Ancestrales de Todo el Mundo. Otras culturas han aportado métodos somáticos y comunitarios muy potentes. Nadie se calma solo. Para las culturas ancestrales, la ansiedad es estar desconectado del círculo.
- Ifá (África Occidental): El concepto de «Iwa-pele» (buen carácter) incluye la paciencia como pilar para gestionar desequilibrios emocionales. La meditación diaria sobre el «Ori» (cabeza/alma) ayuda a recordar la esencia propia y a mantener la ecuanimidad.
- La «Friluftsliv» (vida al aire libre) en Escandinavia.
- El baño de bosque (Shinrin-Yoku) en Japón aprovechan el entorno natural para reducir el cortisol y calmar el sistema nervioso. 20 min en un bosque sin objetivo. Solo oler, mirar, tocar. Baja presión arterial más que meditar en cuarto.
- La relajación muscular progresiva (tensar y soltar grupos de músculos).
- Los masajes tailandeses aprovechan el cuerpo para enviar señales de calma al cerebro a través del sistema nervioso.
- Minga y Círculo de Palabra: No se sana solo. Se habla en círculo. Decir «hoy estoy con miedo» en voz alta frente a otros ya es la mitad de la cura. El secreto en la cabeza crece, dicho en comunidad se achica.
- Mambeo / Ritual de la hoja:* Masticar o tomar una planta no por química, sino por intención y pausa compartida.
- *Pachamama:* Pies descalzos en tierra 5 min. La ciencia ahora lo llama «grounding» y baja cortisol.
- Ubuntu (Sudáfrica): – «Yo soy porque nosotros somos». La serenidad es saber que perteneces. Ritual: cantar, tambor, danzar juntos. No para distraerse, sino para sincronizar corazones.
- Ikigai + Shinrin Yoku. Japón: Tu razón para levantarte. Cruce entre lo que amas, lo que sabes hacer, lo que el mundo necesita y por lo que te pueden pagar.
- Mitakuye Oyasin: Todos estamos relacionados. La serenidad es recordar que eres parte de una red, no un individuo aislado luchando.
Un resumen
La cura del Siglo XXI si juntas lo anterior… lo dicen todo en 3 palabras que ya vimos:
*Presencia (Oriente) + Propósito (Occidente) + Comunidad (Ancestral) = Serenidad*
Cuando te vas al futuro: vuelve con *Presencia* – respira 4-6
Cuando te preguntas «¿para qué?»: vuelve con *Propósito* – ¿a quién sirvo hoy?
Cuando te sientes solo con tu miedo: vuelve con *Comunidad* – dile a alguien «hoy estoy así»
No existe una estrategia «mejor» que otra. La serenidad parece surgir de la combinación de perspectiva racional (Occidente), aceptación y presencia (Oriente) y conexión corporal, natural y comunitaria (ancestral). Muchas de estas prácticas, como la meditación o el cultivo de la paciencia, son universales y convergentes entre sí. De estas tres corrientes, ¿cuál sientes que te falta más cultivar en esta etapa? La presencia, el propósito o la comunidad?
Algunas citas sobre la serenidad
Aquí tenemos una selección de frases célebres de grandes pensadores occidentales y orientales sobre la serenidad, esa quietud interior que no depende de que el mundo se calme, sino de cómo lo habitamos:
- «Si te angustia algo externo, no es eso lo que te perturba, sino tu juicio sobre ello. Y ese juicio puedes borrarlo ahora mismo.» Marco Aurelio (Meditaciones): → La serenidad nace de distinguir entre el hecho y la interpretación que hacemos de él.
- «No son las cosas las que perturban a los hombres, sino las opiniones que tienen de las cosas.» Epicteto (Enquiridión): → Somos más dueños de nuestras creencias que de los acontecimientos; ahí está nuestra libertad.
- «El hombre más poderoso es el que tiene poder sobre sí mismo.» Séneca. La serenidad es una forma de dominio interior, no de control sobre el mundo.
- «Nada es tan infeliz que la serenidad no pueda soportarlo.» Boecio. Incluso en la desgracia, el ánimo sereno encuentra un punto de apoyo.
- «No desear que las cosas sucedan como quieres, sino querer que sucedan como suceden: así tu vida será serena.» Baruch Spinoza. Aceptar la necesidad de lo real es la raíz de la paz mental.
- «La serenidad es el efecto de la conciencia tranquila.» Immanuel Kant. Para Kant, la paz interior brota de saber que hemos obrado bien, no de que todo nos salga bien.
- «La serenidad y la calma del espíritu son el mayor tesoro, después de la salud.» Arthur Schopenhauer. Sin sosiego interior, ningún bien externo se disfruta plenamente.
- «La atención es la forma más rara y pura de generosidad.» Simone Weil. La serenidad requiere una atención plena, sin la dispersión que nos roba el presente.
- «Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio; en ese espacio está nuestro poder de elegir.» Viktor Frankl. Incluso en el sufrimiento extremo, conservamos la libertad interior de elegir nuestra actitud
- «La serenidad no es un estado de relajación, sino una forma de resistencia frente a la hiperactividad.» Byung-Chul Han. En un mundo que exige rendir sin pausa, la calma se vuelve un acto político.
- «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.» José Ortega y Gasset. La serenidad no es evasión, sino integración lúcida de lo que nos rodea y nos constituye.
Un hilo común atraviesa estas voces: la serenidad no es pasividad ni indiferencia, sino una conquista activa del ánimo. Es el arte de habitar lo que hay sin dejar de orientarse hacia lo que uno quiere ser. La serenidad, en el pensamiento oriental, no suele entenderse como una conquista heroica contra el mundo, sino como un retorno a un estado natural que el ruido de la vida nos hace olvidar. Estas frases lo reflejan:
- «Ten paciencia. Espera hasta que el barro se asiente y el agua esté clara.» Lao-Tsé Para Lao-Tsé, la mente agitada es como agua turbia: solo en la inmovilidad recupera su transparencia natural y permite ver la acción correcta.
- «Si estás en paz, vives en el presente.» Un proverbio que señala dónde habita la serenidad: ni en la nostalgia del pasado, ni en la ansiedad del futuro, sino en el aquí y ahora.
- «Aunque haya un gran espectáculo, uno mora sereno y trascendente.» La frase describe al sabio que, incluso rodeado de lujos y distracciones, mantiene su centro interior inalterable.
- La metáfora del agua: El espíritu que se aclara. «El espíritu humano es difícil de purificar y fácil de enturbiar, como el agua en una palangana.» Una imagen del Wenzi que explica por qué basta una sola perturbación para perder la calma, pero se necesita tiempo y quietud para recuperarla.
- «El hombre sereno vive feliz, despreocupado tanto de la victoria como de la derrota.» Budismo.
- La paz no depende de ganar o perder, sino de soltar la necesidad de que el mundo te confirme. Dhammapada.
- «Mi vida está ahora en reposo, sin ira entre los airados, sin aflicción entre los afligidos.» Un canto budista que describe la serenidad como una isla interior que no se contagia del sufrimiento ajeno .
- «Todas las cosas compuestas están sujetas a descomposición. Practicad diligentemente.» Las últimas palabras del Buda: la serenidad profunda nace de aceptar la impermanencia en lugar de resistirla .
- «El hombre superior está sereno y tranquilo; el hombre pequeño está siempre angustiado.» La serenidad es el fruto natural de una vida recta; la inquietud perpetua, es el síntoma de una conciencia que no está en paz. Confucio
- Aunque no es oriental, Marco Aurelio llega a una conclusión casi idéntica: «¿Qué te importa que los otros sean malos? Tu asunto consiste en no perder tu tranquilidad de alma por tan poca cosa» . La distancia geográfica desaparece cuando la sabiduría apunta a lo mismo.
En conjunto, estas voces orientales coinciden en algo: la serenidad no se fabrica, se descubre cuando dejamos de agitar el agua.
Un buen resumen es que la calma es un estado, la paciencia una virtud y la serenidad una forma de ser y por eso es más profunda que la calma y más amplia que la paciencia. La serenidad no es pasividad, ni indiferencia, sino conquista activa del ánimo. ¿Qué es y qué requiere? Y ¿cómo se va logrando esa forma de ser? En este artículo lo vimos de varias maneras y de diversas fuentes, en especial desde los cuatro o tal vez cinco grandes modelos de serenidad, para que podamos trabajar en ellos.
Ninguna cultura dice que la serenidad es no tener problemas. Todas dicen que es tener un lugar interno donde volver cuando los problemas llegan. Aunque hay muchas estrategias prácticas para avanzar en alcanzar esa forma de ser serena, poco nos las han dado a conocer, pero aquí las hemos expuesto en extenso y es sólo empezar a entrenar hasta lograrlo. Tener fe en sí mismo y ser perseverante. Avanzar en la serenidad y dejar atrás la visceralidad nos permitirá gozar mejor el tránsito por esta vida.
César Augusto Muñoz Echeverry
317 4310806


