Dominar la soledad no es huir del mundo ni endurecer el corazón: es aprender a habitarse. Cuando uno no soporta su propio silencio, cualquier ruido parece compañía y cualquier caricia se vuelve coartada. Por eso la soledad no es un castigo, sino un gimnasio interior donde se templan la dignidad, el criterio y la libertad afectiva.
Hay una soledad que duele, la del abandono, y otra que cura: la soledad elegida, consciente, que abre espacio para escuchar la propia verdad. En la primera suplicamos que nos llenen; en la segunda nos llenamos para poder elegir. La diferencia no está en estar con otros o no, sino en desde dónde me vinculo: desde el vacío que pide cualquier cosa o desde la plenitud sobria de quien puede esperar.
Bien vivida, la soledad regala tres dones. Primero, claridad: en el silencio se ordenan las prioridades; el afecto impostado se reconoce por lo que exige, el verdadero por lo que acompaña sin poseer. Luego, sobriedad emocional: al entrenarla, baja la ansiedad de “no quedar solo” y aparecen límites sanos y decisiones serenas. Y, por último, libertad: quien aprende a sostenerse a sí mismo no negocia su dignidad por un poco de atención; sabe renunciar a lo que brilla si no nutre. Cuando la necesidad supera al criterio, cualquier abrazo parece calor, pero el calor sin luz quema: confunde halago con amor, control con cuidado y costumbre con compromiso. Las falsas compañías prometen alivio rápido y cobran caro: tiempo, autoestima y horizonte. Por eso dominar la soledad es un poder: ahorra biografías entregadas al mínimo postor.
En el camino, pregúntate con honestidad: ¿esta relación me ensancha o me encoge?, ¿puedo poner límites sin pagar un precio?, ¿me deja en calma o drenado?, si hoy se rompiera, ¿perdería también mi centro?, ¿el afecto que recibo es libre o es el precio por obedecer?
El objetivo no es enamorarse de la soledad, sino atravesarla para dejar de conformarse. La soledad bien vivida no vuelve altivo ni autosuficiente, sino suficientemente habitado como para amar sin mendigar. Desde ahí se elige mejor, se espera mejor y, cuando llega lo bueno, se comparte sin miedo. En síntesis: quien domina su soledad no huye del amor, lo dignifica; elige antes que conformarse, pone límites antes que perderse y espera antes que rellenar huecos. La soledad no nos quita la necesidad de los otros; nos quita la necesidad de cualquier otro. Y en esa diferencia, tantas veces, se juega la alegría de toda una vida.
Padre Pacho



Para mi no es enamorarse de la soledad, sino atravesarla para alcanzar un estado de plenitud sobria. Desde ahí, uno ama sin mendigar, sin formar discusiones por cosas innecesarias y elige a las demás personas desde el corazón, no desde la necesidad de ocultar las emociones que muchas personas desarrollamos, la soledad no es mala, al contrario es muy buena ya que nos ayuda a observar las personas, las metas que queremos lograr y muchas cosas para nuestro futuro. Por eso algunas personas cuando nos alejamos de la soledad y empezamos a crear una relación y idealizamos una persona, a veces tomamos una decisión contraria a lo que nos dice el corazón
Para mi no es enamorarse de la soledad, sino atravesarla para alcanzar un estado de plenitud sobria. Desde ahí, uno ama sin mendigar, sin provocar discusiones y elige a la persona correcta
desde el corazón, no desde la necesidad de ocultar la soledad y la tristeza que pueden llegar a sentir muchas personas. Al no poder demostrar
aquellas emociones que muchas personas desarrollamos desde el alma.
La soledad, bien llevada, sirve para ordenarse por dentro. No es huir de la gente. Es darte un rato para escucharte y entender qué quieres sin la presión de necesitar a alguien al lado. En ese espacio se aclaran prioridades y se nota qué relaciones suman y cuáles solo llenan huecos.
Cuando aprendes a estar contigo, baja la ansiedad por “no quedar solo” y sube la capacidad de elegir vínculos más sanos. La soledad no quita la necesidad de otros. Quita la urgencia de aceptar cualquier compañía. Desde ahí se quiere con más calma y con más criterio.
ChatGPT dijo:
La soledad sirve cuando deja de sentirse como un castigo y empieza a ser un espacio para entenderse. Si uno no se banca su propio silencio, termina agarrándose de cualquier compañía. Cuando sí lo hace, elige mejor y sin miedo.
La soledad que se elige aclara la mente, baja la ansiedad y da libertad para no depender de afectos que duelen. No se trata de vivir sin nadie, sino de no vaciarse por nadie. Desde ahí el amor deja de ser necesidad y se vuelve una elección que no traiciona la propia calma.
La soledad puede ser un espacio de crecimiento si la elegimos conscientemente. No se trata de aislarnos, sino de aprender a estar en paz con nosotros mismos. Cuando logramos eso, ganamos claridad para saber qué queremos, sobriedad para no depender emocionalmente de otros y libertad para elegir relaciones que realmente nos nutran. La idea es dejar de buscar compañía para llenar un vacío y empezar a disfrutar de nuestra propia compañía, para así amar de manera auténtica y no por necesidad.
La subrogación materna en Colombia genera un fuerte debate entre posturas que piden prohibirla por riesgos de explotación y mercantilización, y quienes defienden el derecho a formar familia mediante estas técnicas. El proceso implica exigencias estrictas para la gestante y, aunque debe ser altruista, las “donaciones” pueden derivar en relaciones laborales encubiertas. También se cuestiona si el consentimiento de la gestante es realmente libre, dadas sus posibles necesidades económicas.
La falta de regulación deja vacíos legales y riesgos para mujeres, niños y padres comitentes. Prohibir no eliminaría la práctica, sino que podría llevarla a la clandestinidad. Mientras el Congreso no legisla, la ciencia avanza y los jueces intentan responder con normas antiguas. Urge una regulación que proteja la dignidad de todas las partes involucradas y asegure condiciones éticas y seguras para estos nacimientos.
Mi opinion
El artículo “Amar sin mendigar” del Padre Francisco Gilberto Arias Escudero reflexiona sobre la dignidad en el amor: sostiene que para amar sanamente primero debemos aprender a vivir con nuestra propia soledad, no como un castigo sino como un hogar interior. Cuando no soportamos nuestro silencio, cualquier ruido o caricia se convierte en una falsa compañía. Así, mendigar afecto no es amor, sino una forma de huida; el autor nos invita más bien a cultivar una relación consigo mismo para luego dar un amor verdaderamente libre y generoso.
En mi opinión pues es buena la soledad pero a veces estar solo como decirlo aburre es como si no tuviera a nadie a quién le importara a uno por eso es bueno tener un compañero para uno no sentirse tan solo y apagado así Esa persona esté con uno solo por conveniencia o porque sí pero tampoco hay que quejarse humillar ni maltratar solo hay que experimentar bueno eso lo digo porque a personas de mi alrededor lo han sentido así
Amar sin mendigar es una señal de madurez emocional. Implica aceptar que el rechazo o la falta de interés del otro no disminuyen nuestro valor, sino que simplemente señalan una incompatibilidad o una diferencia en lo que cada uno puede ofrecer. La libertad es el pilar de un amor genuino: la persona que se va o que no quiere estar no está siendo retenida por súplicas. Este enfoque nos enseña a invertir nuestra energía emocional en quienes valoran nuestra presencia, en lugar de desperdiciarla en perseguir lo inalcanzable.
Este texto es un exelente pensamiento y forma de recordarnos lo importante que es la auto-reflexion y el crecimiento personal en nosostros, por qué nos recuerda que la soledad es una gran oportunidad para descubrirnos a nosotros mismos y lo fuertes que somos y al mismo tiempo obteniendo una gran sabiduría.
Soy una persona que siempre eligió la soledad ,me agrada mucho el silencio,no tengo afán de.estar con alguien por si ,siempre dicho todo a su tiempo ,cuando te acostumbras a estar soledad ,no hay nadie que puedad a estar a esas altura o te das cuenta en porque sigues eligiendo la soledad
En mi opinión, estoy de acuerdo con el texto porque muestra que la soledad no siempre es algo malo, sino una oportunidad para conocerse mejor. Muchas veces pensamos que estar solos es un castigo, pero como dice el autor, es más bien un espacio para fortalecer la dignidad y aprender a poner límites.
Me parece muy cierto que cuando uno no se soporta a sí mismo, termina buscando cualquier compañía solo por no sentir vacío. Por eso creo que dominar la soledad es importante para no depender de cualquiera y para elegir relaciones que realmente sumen.
Esto nos enseña que dominar la soledad no significa alejarse del mundo, sino aprender a estar bien con uno mismo. Distingue entre la soledad que duele, cuando hay abandono, y la soledad elegida, que ayuda a pensar mejor y a tomar decisiones más sanas. Vivida de forma consciente, la soledad da claridad, calma emocional y libertad para no aceptar relaciones que no hacen bien. Al final, no se trata de amar la soledad, sino de atravesarla para elegir vínculos desde la dignidad y no desde la necesidad.
Buen día Padre Francisco. Interesante y constructivo escrito.
La formación con relación al tema de la soledad es muy importante, ya que la soledad puede ser una
decisión cuando nuestra realidad nos exige hacer un alto en el camino, tomar esa pausa necesaria para
llevar a cabo esa respectiva reingenieria mental y espiritual en aras de reconstruirse y reinventarse
( palabras en la actualidad : Reingeniería, reconstrucción y reinventarse) para la mejora personal con influencia positiva en los colectivos donde hace presencia, con un radio de acción conveniente para las personas que nos rodean.
Alguna vez leí una frase que expresaba lo siguiente Padre Francisco y es la siguiente : «El que teme sufrir sufre de temor » lo cual es real desde mí perspectiva pero hago el comentario ya que en su escrito menciona la soledad por abandono y en la cual el ser humano debe estar preparado para ello sin necesidad de estarla invocando porque se sintonizaría con la frase que mencione al inicio de este párrafo.
Gran escrito Padre. Siempre recorto su columna del periódico «El Diario» y cuando ha escrito en «El Opinadero».
Un gran día le deseo.