BAJO LA SOMBRA DEL RIESGO: EL PELIGRO LATENTE EN LAS CALLES DE PEREIRA

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Por: Miguel Ernesto Díaz Leiva

Caminar o movilizarse en vehículo por varios sectores de Pereira se ha convertido, lamentablemente, en una ruleta rusa. Los intensos aguaceros que han azotado recientemente a nuestra ciudad han dejado en evidencia la fragilidad de un número preocupante de edificaciones. La acumulación de agua, el deterioro estructural y la falta de intervención oportuna ya han provocado el colapso de varios inmuebles. Sin embargo, lo más preocupante no es solo lo que ya se cayó, sino lo que sigue en pie amenazando con venirse abajo en cualquier momento.

No se trata aquí de generar alarmas exageradas ni de sembrar temores infundados en la ciudadanía. Se trata de algo mucho más elemental y sagrado: la obligación ética e institucional de advertir sobre riesgos reales y la defensa de nuestro derecho fundamental a transitar de manera segura por el espacio público.

Hoy vemos con asombro cómo la circulación de peatones y vehículos ha vuelto a una aparente «normalidad» en zonas donde el peligro sigue latente. Diariamente, cientos de pereiranos caminan desprevenidamente por debajo de aleros, fachadas y muros de edificaciones en ruinas o con severos daños estructurales. Es una masa crítica de riesgo donde el agua sigue haciendo su trabajo silencioso y cada día que pasa acelera el deterioro de estas estructuras.

Ya contamos con más de tres casos dolorosos que han servido como advertencias severas en la ciudad. ¿Cuántas alertas más necesitamos? ¿Vamos a esperar a que ocurra una tragedia de mayores proporciones, a todas luces evitable, para reaccionar?

La gestión del riesgo de desastres no puede ser reactiva ni contemplativa; debe ser eminentemente preventiva y célere. Ante esta coyuntura, Pereira requiere con urgencia tres acciones concretas:

Señalización y aislamiento preventivo inmediato: No es admisible que espacios con riesgo de colapso carezcan de cintas, maletines, cerramientos o avisos claros de advertencia. El ciudadano de a pie no tiene por qué adivinar qué fachada está a punto de ceder.

Información veraz y transparente: La comunidad necesita conocer el diagnóstico real de los inmuebles comprometidos. La incertidumbre genera caos o una falsa sensación de seguridad que resulta mortal.

Celeridad en las demoliciones y mitigaciones: Las estructuras con orden de demolición o intervención crítica no pueden quedarse semanas enteras expuestas a las lluvias a la espera de trámites burocráticos. Cada aguacero suma peso y restará estabilidad.

Nuestra ciudad no puede permitirse el lujo de la desidia cuando lo que está en juego es la vida humana. Movilizarse por Pereira debe ser un acto de tranquilidad, no de exposición al peligro. Aún estamos a tiempo de actuar y evitar pérdidas lamentables. La prevención no es un gasto ni un lujo: es la garantía mínima de protección que las autoridades y la sociedad le deben a la gente.

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