Una de las tantas “periodistas” que pululan por el Eje Cafetero, tomó la decisión de manifestar en las redes sociales hacia cuál candidato sería su voto en las próximas elecciones presidenciales, llegando a afirmar de “hacerse cargo” si por esas casualidades del destino, accediera a la primera magistratura y no hiciera una buena administración.
Lo bueno de este “cadáver ambulante”, empeñado en negar los estragos del paso de los años a base de revoque cosmético, cuyo nombre no viene al caso para sortear juicios o falsas victimizaciones que suelen otorgar picos de popularidad inmerecida, vino cuando al fingir imparcialidad explicó sus razones.
Ofender, tildando a ciertos analistas, comunicadores, moderadores informativos de mediocres, de tontos, de inocentes políticos e inoperantes, es “bajarles el precio”. Saben perfectamente cuanto hacen. Subestiman en definitiva al público del cual viven y dependiendo de las audiencias, suelen obtener grandes éxitos asegurados sin contar los dineros de pautas o abultados sobres debajo de las mesas.
Sería comprensible si tales argumentos provinieran de personas de escasa formación educativa, de turistas acabando de ingresar al país, de individuos de dudosa vocación hacia sus conciudadanos, hasta ser alcanzados por la cruel realidad donde la miseria les “refresca la memoria”. Tal vez de cualquier habitante de alguna vereda perdida, de barrios populares, manifestando el deseo intrínseco de que todos los días haya comicios a fin de poder recibir abalorios. ¿Pero de una periodista de verdad?
Hay que ser muy canalla y miserable a la hora de elaborar justificaciones personales a través de la duda generada desde el presunto análisis independiente, cuando de antemano se conoce las mentira detrás del veredicto expresado. Según la Constitución, las mujeres, los hombres, poseen derechos inalienables, aunque para los replicantes del poder concentrado, más allá de cualquier índice de popularidad, la realidad deba ser reemplazada por una agenda de datos e intenciones malignas.
Realidad “fabricada”
Dicha imposición parcial de criterios limitados y no convincentes, posee múltiples bases convencionales del estilo de la ignorancia, el desconocimiento involuntario, el creciente individualismo, la insolidaridad egoísta o la influencia decisiva de los poderes de turno, para alcanzar sus despropósitos al interior del nicho social. De allí a interpretar la certeza de la existencia de un entorno planificado, a fin favorecer los sucesivos planes del orden social, pasando desde la decisión de cúpulas ultra minoritarias por encima de los gobernantes temporales, hasta los objetos de uso diario, derivados de la tecnología digital. Las investigaciones parecen demostrarlo a los gritos, aunque algunos en su impotencia frente el descalabro se sigan preguntando los motivos.
Existen estudios neurocientíficos recientes, como los expuestos por Michel Desmurget, los cuales vienen advirtiendo sobre un preocupante deterioro cognitivo en las nuevas generaciones digitales. Diversos análisis realizados hacia 2026 sugieren que la llamada Generación Z podría convertirse en la primera en décadas con un coeficiente intelectual (CI) promedio inferior al de sus padres, revirtiendo así el histórico “efecto Flynn”, fenómeno que durante años mostró un aumento progresivo de la inteligencia entre generaciones.
Los investigadores relacionan este cambio con la exposición excesiva a pantallas, redes sociales, dispositivos móviles desde edades tempranas, factores que afectarían procesos fundamentales como la atención, el lenguaje, la memoria de trabajo y la capacidad de razonamiento. El dilema no es evitar el uso, ni devolverse al tiempo de las carretas, debido a la necesidad de implementación de estos elementos en la vida diaria. A lo sumo la clave, la dificultad, es regular el uso, la dependencia constante, debido a los daños psíquicos, mentales, neurológicos o a la capacidad mental a distintos plazos.
Aunque parezca mentira, una de las evidencias más contundentes pareciera ser el uso intensivo de smartphones. Investigaciones recientes señalan una relación directa entre el consumo excesivo de contenido digital y el deterioro de funciones cognitivas básicas, especialmente en jóvenes nacidos entre finales de los años 90 y principios de los 2000.
No se trata de impulsar un estado de prevención exacerbado, ni de condenar lo digital, para evitar la deliberada mutación de los seres humanos en meras entidades alternando el componente orgánico al mecánico, de las cuales tanto alertan las novelas fantásticas, las películas de ciencia ficción o de terror. Se trata de daños perfectamente comparables al tabaquismo, la dependencia del alcohol o las adicciones, buscando complacer poderosos intereses económicos, sociales, políticos, a partir de despojar a la humanidad de la inteligencia, el pensamiento crítico de manera casi invisible, volviéndola más sumisa y manipulable.
En su obra más conocida, La fábrica de cretinos digitales, Desmurget continúa analizando cómo el abuso de la tecnología puede alterar el desarrollo neuronal, afectar negativamente el aprendizaje, la concentración y el rendimiento académico. Durante sus investigaciones, comprobó la disminución del cociente intelectual y de ciertas habilidades cognitivas en países desarrollados como Noruega, Dinamarca, Finlandia y Francia, marcando una ruptura con la tendencia histórica de crecimiento intelectual generacional. Sólo resta pensar las implicaciones de los mismos hechos en Colombia, cuando en el marco institucional la Nación lucha por obtener mayores libertades, derechos, desarrollo, calidad de vida, democratización, si de manera literal la cabeza “se le va quedando dormida”. Llegado el caso, cuesta imaginar a alguien empeñado en dejarse colocar una correa de perro, pero no de poseer una sospechosa inclinación casi eufórica a apoyar, a defender a ultranza cuanto la perjudica.
Desde luego, el sólo hábito no hace al monje, ni nadie en su sano juicio va a volverse más estúpido de la noche a la mañana, a pesar de estar con la vista en el teléfono celular las veinticuatro horas del día. Aunque el factor tecnológico aparece como uno de los principales factores de riesgo, los especialistas también investigan el impacto de la disminución en la calidad educativa, los cambios en los hábitos de lectura, además de la influencia ambiental, social, espiritual o ética.
Diferentes informes educativos han registrado un descenso significativo en competencias de lectoescritura, comprensión lectora y razonamiento lógico. En respuesta, algunos sistemas educativos, especialmente en países nórdicos, comenzaron a reducir el uso de pantallas en las aulas, junto a la recuperación de métodos de enseñanza más tradicionales.
Perdería seriedad este artículo si la suma de las tragedias diarias se las adjudicara a factores externos. Los intereses ajenos, sus facilitadores de distinta naturaleza, pueden revertirse sosteniendo un pensamiento concreto, infundido en los valores, la ética, el respeto, la conciencia, el compromiso, la solidaridad, la empatía, el discernimiento y la inteligencia a la hora de pensar para actuar.
Al margen de las formas de dominación más o menos usuales, sofisticadas, brutales, sin un mínimo porcentaje de criterio, se sentido común; ¿cómo no va a aparecer cualquier mandadero físico, virtual, inteligente e iletrado, a “llevar a las personas de las narices”, si por el camino “se le escapan hasta las tortugas”?
Veredicto irresponsable
La fórmula resulta perfecta: A público iletrado, con el aislamiento implícito de quienes ostentan permanecer intercomunicado con el mundo entero, alguien no tan idiota, de una capacidad superior a la media o directamente brillante -dependiendo la solidez de su exposición- para construir determinadas tendencias.
Como era de esperarse, el voto de la comunicadora sería por uno de los candidatos de la derecha -no vale la pena mencionarlo, por si luego toca resguardarla- aduciendo que la razón primordial consistía en la negativa terminante de éste a convocar a una Asamblea General Constituyente. La cuestión pasaba porque supuestamente, esa medida atentaba contra la división de poderes, rasgo inequívoco de cualquier sistema republicano cuando funciona relativamente bien, pero no tan mal como en Colombia, donde encolumnan tras intereses mafiosos.
¿Sería que estuvo treinta años living la vida loca en Miami o cualquier otro sitio paradisíaco, para ignorar que su propio país se rige por sus sistema representativo – republicano – unitario, de fuerte talante presidencialista, con una Constitución de consenso como la de 1991 y que ni así se cumple a cabalidad? ¿No advirtió nunca la existencia de esa falsa fachada democrática, donde se convocaba a elecciones saliendo a votar una minoría alarmante sobre la verdadera cantidad de habitantes y se escogía entre burocracias partidarias continuistas, hasta la llegada de Petro?
¿Cómo pueden tener legitimidad candidatos electos mediante la coerción, la imposición a los trabajadores desde los directorios de las empresas, la amenaza de despido en las fincas, de las grandes haciendas, del tinteaderos de la esquina, a punta de promesas incumplidas, tamales, lechonas y mercados de unos pocos pesos?
Es posible que rodeada de responsables laborales de derecha, de la herramienta paramilitar siempre presente al interior de algunas regiones, la mujer decidido imponer su forma particular – individual de pensar, al menos hasta ser la causante también de la ruina material de sus conciudadanos. De ninguna manera se la puede subestimar tampoco. Desee los medios masivos de comunicación a los de pacotilla, se buscan poner al frente apasionados defensores a veces de lo inconcebible. Pudo haber sido muy sincera, sobre todo en aquello de pretender cambiar el país, mejorarlo, dejándolo funcionar como está, cuando las instituciones se encuentran programadas de antemano para obrar contra la voluntad de las mayorías.
¿Tendrá temor a que Colombia se vuelva Venezuela, como por el contrario a lo sucedido la economía se encuentra entre las primeras del continente? ¿O habrá descreído de los informes al respecto de periódicos de la talla del New York Times, del FMI, del Banco Mundial y otras organizaciones del exterior, acaparadas por los conspiradores mundiales de la izquierda?
Tanta carcajada vivaz, podría despertar dolor entre los pacientes odontológicos bajo tratamiento de conducto, siempre temerosos de recibir algún aire dentro de las muelas y sin la preocupación, al menos de momento, de llegar a creer los absurdos proclamados a viva voz, empeñados en subestimar a cientos de interlocutores.
Necesidad imperiosa
Colombia requiere en calidad de urgencia una Asamblea Constituyente bien aplicada, comenzando por superar los obstáculos impidiendo su inmediata concreción. Una capaz de garantizar el cumplimiento de la voluntad de las mayoría por medio de sus representantes en el Congreso, sin repartir mermelada ni estar supeditadas a los intereses de sector.
¡De ninguna manera el país se volverá “comunista” de elegirse los jueces, fiscales, procuradores, magistrados, mediante el voto popular, para que los poderes en lugar de depender de las decisiones de la delincuencia organizada, de los corruptos, de los acaparadores de los negocios del Estado, sean supervisados por los sucesivos gobiernos en calidad de protectores y mediadores del bienestar general!
La vigencia del voto libre, secreto, obligatoria, impediría que se puedan torcer las tendencias electorales de manera ostensible, en lugar de depender del dudoso arbitrio de los dineros espurios, de candidatos polémicos, deseosos de llegar al gobierno a devolver “favores” a sus sostenes financieros salidos del bolsillo de los contribuyentes.
La futura Asamblea Constituyente no pretende como en el pasado, aumentar los períodos de los gobiernos, ni reelegir funcionarios, sino favorecer en lo económico el desarrollo colombiano sin expropiaciones, el crecimiento industrial y campesino. El crecimiento de la productividad, del consumo interno a partir del pleno empleo, donde los sectores pudientes puedan multiplicar varias veces sus ganancias, sin esquilmar la de los más sensibles, al ver incrementada su capacidad de consumo.
La historia demostró que la absoluta libertad de mercado ni el férreo estatismo, son la solución definitiva a la solución de los inconvenientes. El Estado debe ser el propietario de recursos clave como el agua, el gas, el petróleo, la electricidad ante la inconveniencia de someterlos al lucro del sector privado. No así con la iniciativa o la empresa privada, encargada a la postre de cerrar la brecha productiva hacia el debido progreso, sin quitar los pies del comportamiento de los mercados pero protegiendo sí con estricta rigidez que su volatilidad no afecte los intereses colombianos y la realización efectiva de sus habitantes, como el acceso a los servicios públicos, a la tierra, la propiedad, a las necesidades dignas cualitativas.
En síntesis, no se trata de dejar por fuera al contradictor político, según expresa la derecha apelando al desconocimiento, la desinformación o los prejuicios, la cual califica de populismo el beneficio hacia los ciudadanos, celosa de sus prebendas y de no poder acaparar los negocios del Estado, a expensas de sus contribuyentes, donde rodeados de riquezas ilimitadas, los hijos de la Patria deben migrar a obtener el pan que los malos gobiernos le niegan.
Más allá de los desinformadores, hay un país comenzando por su juventud, haciendo del derecho colectivo e individual la herramienta definitiva para promover el bienestar general de los que vienen. Ello, en lugar de imitar a los padres, al acatar autoridades de hecho o aceptar situaciones impuestas por quienes durante más de doscientos años, cual vampiros insaciables, se nutrieron de su noble esfuerzo por salir adelante, dejándoles un legado de miseria material, espiritual y humana.
¿Cómo negarles entonces la Asamblea Constituyente que tanto reclaman a la cabeza del pueblo, para concretar las reformas impedidas gracias a una legalidad impresentable?
Carlos Alberto Ricchetti


