EL FOREC NO SE MIDE EN TESIS: SE MIDE EN CASAS QUE NO SE CAYERON

OpiniónEL FOREC NO SE MIDE EN TESIS: SE MIDE EN CASAS QUE NO SE CAYERON

Fernando Sánchez Prada

Una tesis doctoral dice que el FOREC fue una forma de privatizar lo público. Una casa de Pereira que sigue en pie 27 años después dice otra cosa. ¿A cuál le cree usted?

La casa de mi madre estaba ubicada en Pereira, en la calle 29 con carrera 11, muy cerca del antiguo colector Egoyá. Era una vivienda grande, esquinera, construida a comienzos de los años sesenta, cuando las normas de sismorresistencia no tenían el desarrollo ni las exigencias actuales.

Tras el terremoto del Eje Cafetero de 1999, una ingeniera vinculada al proceso de evaluación del Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero, FOREC, visitó la vivienda. La inspeccionó y determinó que necesitaba cinco vigas de refuerzo.

Mi madre hizo las diligencias. Se ejecutaron las obras recomendadas y la casa siguió en pie.

Hace años dejó de pertenecernos. Fue vendida y ahora forma parte de la historia de otra familia. Sin embargo, después del terremoto del pasado 10 de agosto, supe que se había mantenido firme y sin daños. No es una evaluación científica ni pretende convertirse en prueba concluyente sobre todo el modelo. Es solamente una historia familiar. Pero también es la evidencia concreta de que una decisión técnica, adoptada hace 27 años, puede seguir protegiendo vidas en el presente.

Una tesis doctoral no clausura el debate

El artículo «La pertinencia del modelo FOREC en el Plan Milagro de Reconstrucción 2026», (https://tinyurl.com/El-Opinadero), publicado por El Opinadero, plantea una lectura crítica que merece ser considerada. Las investigaciones académicas son necesarias: permiten revisar los discursos oficiales, identificar relaciones de poder y preguntar quién decide, quién ejecuta  y quién termina beneficiándose de una política pública.

Pero que una afirmación venga de una tesis doctoral no la vuelve, por sí sola, una verdad definitiva. Una tesis es una investigación anclada en una tradición teórica y metodológica particular. Puede ser rigurosa, incluso valiosa, y seguir siendo una interpretación que admite contraste.

El problema surge cuando una lectura predominantemente sociológica o ideológica pretende convertirse en evaluación integral de un modelo de gestión. El FOREC no puede juzgarse solamente a partir de categorías como privatización, élites, hegemonía, sociedad civil o apropiación del territorio. Esas dimensiones son pertinentes, pero deben dialogar con preguntas más terrenales: ¿cuántas viviendas se repararon?, ¿cuánto costó administrar el fondo?, ¿cuánto tiempo tomó la reconstrucción?, ¿qué ocurrió con las escuelas, los hospitales y los servicios públicos?, ¿se redujeron los riesgos?

Una lectura crítica del poder no sustituye una evaluación de resultados.

El 93 % que no cabe en una tesis

El FOREC nació después del terremoto del 25 de enero de 1999, que golpeó 28 municipios de Quindío, Risaralda, Caldas, Valle del Cauca y Tolima. El costo de los daños: 1.589 millones de dólares, cerca del 2,2 % del PIB colombiano de 1998. No es una cifra menor.

El modelo dividió el territorio en zonas y delegó la ejecución en gerencias zonales operadas por organizaciones sociales. El Estado se quedó con la financiación, la orientación estratégica, la regulación y el control.

El CONPES 3131 de 2001 lo resume así: a los dos años y medio se había contratado cerca del 93 % de las metas previstas, y el costo de funcionamiento del FOREC y sus gerencias zonales fue apenas el 5,4 % del presupuesto total. En vivienda se atendieron más de 100.000 familias —84.000 reparaciones, 16.000 reconstrucciones—, además de obras en colegios, hospitales, centros de salud, acueductos, vías, espacio público y zonas de protección ambiental.

El Banco Interamericano de Desarrollo concluyó que la reconstrucción resultó más favorable de lo que podía esperarse después de una catástrofe de esa magnitud. El Banco Mundial terminó incorporando la experiencia colombiana en sus propios análisis sobre gestión del riesgo y recuperación posdesastre.

Nada de esto convierte al FOREC en un modelo perfecto como aclaró de manera muy pertinente mi buen amigo y excelente periodista Juan Antonio Ruiz en la entrevista que sobre el tema le realizó Luis García en el canal de YouTube, GQ .

Pero tampoco la tesis permite reducirlo a una operación de privatización de lo público, como sugiere la lectura que estoy tratando de contrastar.

Las críticas que sí deben escucharse

Existen reparos serios y documentados.

El primero es el debilitamiento relativo de alcaldías y gobernaciones. Contratar organizaciones privadas sin ánimo de lucro permitió actuar con rapidez, pero en algunos casos dejó a las instituciones territoriales como actores secundarios. Se reconstruyeron obras, pero no siempre se transfirieron capacidades técnicas y administrativas suficientes a los municipios.

El segundo es la desigual calidad de las gerencias zonales. No todas las organizaciones tenían la misma experiencia, presencia territorial ni capacidad de relacionamiento con las comunidades.

El tercero es la participación ciudadana. En algunas zonas hubo deliberación y capacidad real de incidencia; en otras, la participación se limitó a informar o consultar decisiones ya estructuradas. Escuchar a la comunidad no es lo mismo que dejarla decidir.

El cuarto es la sostenibilidad. El FOREC fue eficaz para reconstruir viviendas e infraestructura, pero tuvo alcances más limitados frente al desempleo, la informalidad, la pobreza y el fortalecimiento económico de largo plazo.

Una investigación posterior sobre vulnerabilidad sísmica en Armenia encontró que entre 1999 y 2004 no hubo una reducción significativa de la vulnerabilidad del conjunto de edificaciones estudiadas. Ese hallazgo no invalida las obras realizadas, pero recuerda que reparar los daños de un terremoto no equivale a transformar todo el riesgo acumulado durante décadas.

Reconocer estos problemas no obliga a desconocer los resultados. Evaluar con equilibrio significa admitir al mismo tiempo los aciertos y las limitaciones.

Ni copiarlo ni enterrarlo

Colombia no debería reproducir en 2026 una fotocopia institucional del FOREC de 1999. El territorio afectado es más extenso, las condiciones sociales son distintas y hoy existen la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, instrumentos tecnológicos de seguimiento y una normatividad que no existía entonces.

Pero tampoco sería sensato desechar una experiencia nacional que produjo resultados verificables.

Del FOREC deberían conservarse ocho cosas:

  • Una gerencia especializada y temporal.
  • Autonomía operativa real.
  • El territorio dividido en unidades manejables.
  • Ejecutores con experiencia comprobada, no de conveniencia.
  • Información pública y permanente.
  • Control fiscal concurrente, no posterior.
  • Participación comunitaria efectiva.
  • Costos administrativos bajos, por obligación y no por buena voluntad.

Y deberían corregirse otras seis:

  • La selección discrecional de los ejecutores.
  • La subordinación de alcaldías y gobernaciones.
  • La participación que solo consulta, sin decidir.
  • La desconexión con los planes territoriales.
  • La ausencia de indicadores de desarrollo después de entregar las obras.
  • La escasa transferencia de capacidades a las instituciones que se quedan.

El nuevo fondo, si llega a crearse, debería tener:

  • Auditorías en tiempo real.
  • Trazabilidad pública de cada contrato.
  • Veedurías ciudadanas con capacidad real de intervenir, no solo de mirar.
  • Criterios técnicos —no políticos— para elegir las gerencias territoriales.
  • Evaluaciones independientes que no se limiten a contar viviendas entregadas, sino que midan seguridad, calidad, reactivación económica y reducción de la vulnerabilidad. Y claro, reconstrucción del capital social.

La casa sigue allí

No sé quién habita hoy aquella casa de la calle 29 con carrera 11. Probablemente sus ocupantes desconocen que hace muchos años una ingeniera recorrió sus habitaciones, observó las grietas y recomendó construir cinco vigas.

La familia que vive allí quizá tampoco sepa que mi madre adelantó papeles, esperó visitas y soportó durante semanas el ruido y el polvo de las obras.

Pero la casa resistió.

Ese resultado no resuelve el debate académico sobre el FOREC. Tampoco exonera al modelo de sus errores. Simplemente recuerda que detrás de los conceptos, las teorías y las disputas ideológicas hay decisiones públicas que pueden evaluarse por sus consecuencias.

Una tesis doctoral merece respeto. La evidencia también.

Y cuando una casa sin normas sísmicas adecuadas sigue en pie 27 años después de haber sido reforzada, la realidad también tiene algo que decir en este debate. No necesita alzar la voz. Solo seguir de pie.

Fernando Sánchez Prada

Comunicador – Policy Maker – Consultor

Fuentes

  • Departamento Nacional de Planeación. Documento CONPES 3131 de 2001, Plan de finalización de la reconstrucción del Eje Cafetero y cierre del FOREC.
  • Banco Interamericano de Desarrollo. Reconstrucción de la región cafetalera de Colombia.
  • Banco Mundial y Global Facility for Disaster Reduction and Recovery. Análisis de la gestión del riesgo de desastres en Colombia.
  • Cuervo Restrepo, Jorge Iván. La gestión de lo público más allá de lo estatal: el caso del Fondo para la Reconstrucción Social y Económica del Eje Cafetero.
  • Rodríguez-Rodríguez, Jahir. Lecciones desde la planificación territorial y la reconstrucción posdesastre.
  • Chávez-García, Francisco J. y otros. Vulnerability and Site Effects in Earthquake Disasters in Armenia, Colombia.

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