AQUELLA QUE FUE NUESTRA CASA

OpiniónCrónicasAQUELLA QUE FUE NUESTRA CASA

Era nuestra casa hecha en bareque y paredes de buñiga. Tenía una chambrana hecha en macana, pegada a una guadua que tenía zanjas de las alcancías que alguna vez hicieron los abuelos; la misma en la que aprendimos a caminar pegados como garrapatas, todos, desde mi madre y sus hermanos hasta la última bisnieta, y en la que pensábamos ver las tataranietas.

¡Cuánta felicidad en ese pequeño trozo de madera en la que también colgábamos una cuerda improvisando un columpio al que le poníamos una almohada para sentarnos y dar una vuelta cuando éramos niños! Justo en el extremo pegado a la pared, que era el quicio de la puerta a la entrada del cuarto —que alguna vez fue de todos, una sola habitación grande en la que dormimos muchas veces juntos y que al final, cuando nos fuimos, solo era la habitación de la abuela—.

En ese mismo quicio nos hacíamos para salvarnos de los sismos, como aquel inolvidable del 99. Ahí mismo mi abuela vio caer sus sueños, vivencias y anhelos, momentos felices y muchos de dolor, como este que jamás olvidará cuando aquel terremoto devastador de una mañana de agosto tumbaba sobre sus hombros los escombros de aquella que alguna vez fue nuestra casa.

Hoy el alma no sangra lo material; sangra la historia que, por muchos muros nuevos y más fuertes, jamás se podrá borrar.

Hoy nos abrazamos agradecidos porque estamos todos, pero una parte nuestra vivirá siempre de luto, como la de muchos, como la de todos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Vea nuestros otros contenidos