Hace cuatro años, todas las fuerzas del establecimiento se unieron a la campaña de Rodolfo Hernández para tratar de impedir la llegada de Gustavo Petro a la Presidencia de la República.
Hernández, era un fantoche adinerado, ex alcalde de Bucaramanga, que madreaba y cacheteaba a concejales no afectos a su persona y que se declaraba enemigo de la corrupción; aunque su propio hijo estaba involucrado en actos deshonestos contra la administración pública.
Rodolfo era el único sobreviviente de la primera vuelta, donde el escogido por el ex presidente Álvaro Uribe Vélez era el ex gobernador de Antioquia Federico Gutiérrez, una especie de caricatura de Sergio Fajardo pero menos “tibio”, famoso por expresiones como “plata es plata” o “plomo es lo que hay”.
Para entonces, Petro había obtenido 8.542.020 votos, lo que correspondió al 40,34% del total de sufragios válidos, Rodolfo Hernández 5.965.531 votos y Federico Gutiérrez 5.069.526 votos.
Pero como Fico quedó por fuera de la baraja, Hernández se constituyó en la única opción que le quedaba a la clase política tradicional.
El presidente Iván Duque, con su errática y asfixiante política económica y la manera salvaje como enfrentó el estallido social, se constituyó -sin proponérselo- en el jefe de debate de la oposición encarnada en el Pacto Histórico, un movimiento que inundó de votos las urnas con más pueblo que organización, enfrentando a una clase política acostumbrada a “comparar” el poder con los dineros del erario.
Entonces -como hoy- el país estaba “polarizado”, léase dividido entre quienes toda la vida han defendido el estatus quo (bien porque han vivido de la teta del estado o porque han sido fanatizados desde el púlpito, el partido o la prensa) y los “nadies” que vieron en Petro y su movimiento una válvula de escape a la presión social que tenía al país como una bomba a punto de estallar.
Esos “nadies” le sumaron alrededor de 783.000 votos, en la persona de la hoy Vicepresidenta Francia Márquez a los 4.487.551 alcanzados por Gustavo Petro en la consulta popular del 13 de marzo.
En la medida en que se acercaba la segunda vuelta, los estudiosos de la política comenzaron a ver como inevitable la llegada de Petro a la jefatura del Estado; fue entonces cuando alguno de ellos propuso, ante lo inevitable, dejarlo llegar a la Presidencia y luego bloquearle sus reformas. Y así lo hicieron, incluso le aceptaron Ministerios para hacer la oposición desde adentro, como lo hizo el ex ministro de Educación Alejandro Gaviria, quien todo el tiempo se dedicó a torpedear la reforma a la Salud.
Petro fue elegido Presidente con 11.292.151 votos, un 50,44% de la votación válida, mientras Rodolfo Hernández obtenía 10.604.339 votos, el 47,31%.
Hoy, como ayer, medio país vota por continuar las políticas de reformas sociales de Gustavo Petro y otro medio se alindera al lado de la “oposición”; una oposición inédita. Porque es una oposición que siempre detentó el poder y hoy por la fuerza de las circunstancias ha terminado denunciando como arbitrarias, dictatoriales y hasta corruptas las prácticas políticas a las que ellos mismos nos tenían acostumbrados.
En medio de esta irónica situación, se presenta como la única opción de la derecha el “outsider” Abelardo de la Espriella “El Tigre”, un acaudalado abogado costeño, súbdito confeso del presidente Donald Trump, que juró lealtad al imperio del norte y goza de triple nacionalidad: italiano-colombiano y norteamericano y quien confiesa sin escrúpulo ser seguidor del argentino Milei y el salvadoreño Bukele.
Son muchas las personas de centro y sin partido que no comulgan con el presidente Petro. Que lo culpan por la crisis de la prestación de los servicios de salud a cargo de las Eps y lo responsabilizan de la inseguridad, atribuyéndosela a su intento de Paz Total. Pero aun así, ven en Cepeda al mal menor comparado con De la Espriella.
Porque el tigre es declarado enemigo del Acuerdo de Paz con las Farc, dispuesto a destripar a los opositores, insensible a la vida animal -que confiesa haber prendido fuego a la cola de su gato-, impulsor del fraking que atenta contra el ecosistema y los recursos naturales; como abogado ha sido y sigue siendo defensor de narcotraficantes, corruptos y asesinos y quiere dejar sin empleo a 700 mil colombianos que trabajan como servidores públicos, con el argumento de reducir el tamaño del estado.
Y aunque este aspirante a dictadorzuelo proclama a voz en cuello que detesta a las castas políticas, proviene de esas mismas castas; no obstante es su última tabla de salvación; por eso no dudan en difamar a Cepeda para minar su popularidad.
Quién es Iván Cepeda Castro.
El senador Cepeda, filósofo, militante y defensor de Derechos Humanos, serio, cauteloso, estudioso, formado en Europa, autor de un programa de gobierno rigurosamente estructurado, que se complementa con los logros del actual gobierno; víctima de la violencia ciega que cobró la vida de su padre el senador Manuel Cepeda Vargas (ambos injustamente señalados de pertenecer a la guerrilla); ese Cepeda es el único mortal que se ha atrevido a llevar a los estrados judiciales a Álvaro Uribe hasta obtener su condena; y que pese a las amenazas y los señalamientos en su contra enarbola las banderas del cambio de cara a las elecciones del próximo domingo.
Los grupos poderosos se unen en contra de Cepeda porque temen que si gana continuará las reforma sociales que han beneficiado a las clases populares e inclusive las profundizará, como consecuencia de un consenso social por él liderado.
Cepeda tiene un pasado intachable que le da autoridad moral para proponer derrotar la corrupción, a la que define como un sistema macro que involucra a todas las instancias de la sociedad. Por eso, su programa de gobierno se basa en tres revoluciones o pilares: Revolución Ética, Revolución Social y Económica y Revolución Política y Ciudadana.
Esta primera, se define como un: Combate frontal a la corrupción: creación del Sistema Nacional contra la Macrocorrupción y tipificación de la gran corrupción como delito de criminalidad organizada; Austeridad republicana: reducción de privilegios y gastos suntuosos en el Estado; Transparencia y participación ciudadana: fortalecimiento de la Secretaría de Transparencia con independencia técnica y presupuestal y Justicia y memoria: defensa de los derechos humanos y reparación de víctimas.
Y una promesa de campaña que pone a temblar a los corruptos: se perseguirá la corrupción como un sistema con múltiples aristas, donde se desarmarán sus estructuras criminales y se llevará a la cárcel sin beneficios a los cabecillas, no como hoy que cuando más pagan las condenas en sus lujosas mansiones, desde donde continúan defraudando al estado.
A eso es a lo que tanto temen, y si el pueblo vota masivamente el próximo domingo, a eso tendrán que atenerse los corruptos.


