Cada vez que escucho sobre hechos de violencia intrafamiliar, no puedo evitar que se sacudan todas la células de mi cuerpo, me he dedicado a investigar sobre otros temas que tienen que ver con la institución familiar para encontrar explicación a la génesis del maltrato como tal. Fue como leyendo a los españoles Antony Bolinches, Francesc Miralles, Alex Rovira y, algunos otros que van más allá de la simple mención del ciclo de la violencia y que tratan temas más actuales, un tanto, mente libres y defensores de la mujer y sus derechos emocionales, sociales y económicos.
Dos términos llegaron a mi curiosidad para dilucidar a la familia como un espacio seguro y fueron la “orfandad emocional” y la “responsabilidad emocional”. Términos que deben aplicarse en los miembros de una familia para que esta pueda ser funcional o para encontrar las razones del comportamiento o reacción de unos y otros, ante cualquier estímulo externo.
La ORFANDAD EMOCIONAL se define como ese profundo sentimiento de vacío y desamparo que experimenta una persona al crecer con padres físicamente presentes, pero emocionalmente ausentes o incapaces de brindar amor. A una persona con estos vacíos, le queda un poco difícil llenar de amor a su familia. Cuando estudiaba derecho aprendí que nadie puede dar de lo que no tiene.
Pero son varias las causas que lo pueden generar.
Ausencia Afectiva: los cuidadores pueden proveer el sustento material, muchos padres se sienten orgullosos con decir: a mi familia no le falta nada, por eso trabajo, pero llegan a la casa sin querer hablar o jugar con sus hijos, o llevan trabajo de las oficinas o se sientan frente al computador, televisor o celular. Están presente físicamente, pero sus pensamientos y tiempo está muy lejos de su esposa e hijos, fallando así en dar afecto, tiempo de calidad o atención real.
Padres inmaduros o narcisistas: su origen suele estar en progenitores con carencias propias que no saben amar ni sintonizar con las necesidades del niño y terminan dejando esa responsabilidad en el otro padre, regularmente en la progenitora con la excusa de “estoy muy cansado y vengo de trabajar de la calle, mientras tú has estado todo el día en la casa”. Olvidan la carga que representa el cuidado del hogar y la crianza de los menores, labores domésticas, elaboración de tareas escolares, acompañamiento permanente, más atención al cónyuge que “llegó cansado…”.
Heridas de abandono: Esta deja una huella de no sentirse suficiente o merecedor de afecto, generando vergüenza tóxica. Con facilidad se pueden escuchar freses como: no sé cómo ayudar, no aprendí a hacer nada, no sabría cómo atender a mis hijos si mi esposa no está. Se convierte así en el hijo mayor de su esposa que compite por cuidado con sus hijos comunes.
Es normal reconocer algunos síntomas en la edad adulta, como, por ejemplo:
Vacío crónico: Es esa persistente sensación de soledad a pesar de estar rodeado de gente.
Dependencia emocional: Cuando buscan desesperadamente validación o pareja en relaciones que no convienen por miedo al rechazo. Se da con frecuencia cuando, dentro de la discusión, el uno le dice al otro: “es que tú no te das cuenta de todo lo que hago por ti. Eres una desagradecida/o”. Esa persona necesita que todo el tiempo le estén diciendo que lo que hace está bien y se lo agradezca a cada momento.
Ansiedad y depresión: Se da cuando adopta una falsa fortaleza o autosuficiencia extrema para evitar mostrarse vulnerable, por temor a seguir siendo herido.
Para sanarse esta situación, se debe reconocer la herida, entendiendo el dolor sin juzgar las propias reacciones defensivas del pasado.
Siempre recomiendo la Psicoterapia y trabajarla con enfoque en las emociones para procesar el apego temprano, procurándose el cuidado, la compasión y la seguridad que no se recibió en la infancia, cuando nuestros padres tenían sus propias cargas, preocupaciones, necesidades emocionales y vacíos que provenían de sus padres, abuelos, medio social, etc. Reconocer que ellos hicieron lo mejor con lo que tenían a su disposición y que todo lo hicieron de buena fe. Un padre no quiere dañar el futuro de sus hijos, pero el cuidarnos depende de un aprendizaje y herramientas que no recibieron con nuestro nacimiento.
Si todas estas situaciones no se manejan adecuadamente, con responsabilidad emocional que será nuestro próximo tema, la relación de pareja irá por camino equivocado pues cada uno de ellos seguirá alimentándose en sus mismos errores, vacíos y falencias.
Me surge una pregunta: ¿soy yo mismo, un lugar seguro para mí?
Por: Olga Cecilia Trejos Buriticá


