EUROCENTRISMO, NEOCOLONIALISMO Y EL DESAFÍO DE PENSAR DESDE NUESTRA AMÉRICA LATINA.

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(Una mirada al pensamiento del pensador argentino Enrique Dussel)

Hablar de nuestra historia y de nuestro presente en América Latina exige sacudirse la modorra de los relatos oficiales. Durante siglos, nos han contado que el reloj de la civilización comenzó a marchar en Europa y que nosotros llegamos tarde a la cita, arrastrando una minoría de edad perpetua. Sin embargo, cuando uno se detiene a rascar la superficie de esa narrativa —impuesta a sangre y fuego en 1492 y perpetuada con trajes modernos en las aulas universitarias— descubre que lo que llamamos «historia universal» no es más que una provincia del planeta que se autoproclamó ombligo del mundo.

El borrón y cuenta nueva: la negación del pasado asiático e indígena

Para que el relato europeo pudiera sostenerse, necesitaba una amnesia fundacional. El filósofo Enrique Dussel desmanteló con precisión quirúrgica esta trampa ideológica: al bautizar el continente como el «Nuevo Mundo», Europa fingió que estas tierras eran una tabla rasa, un territorio virgen que esperaba pacientemente la llegada del conquistador blanco europeo para entrar en la historia.

Esta operación borró de un plumazo dos realidades incomodas:

  • La genealogía asiática: Desde una perspectiva Geo-histórica profunda, las migraciones que poblaron América provienen de Asia a través del estrecho de Bering. Al cortar este lazo, el eurocentrismo disuelve la antigüedad real de nuestras culturas y las aísla de los grandes flujos milenarios del Pacífico.
  • La densidad civilizatoria: Los imperios y pueblos originarios (mayas, aztecas, incas y tantas otras comunidades) no habitaban un vacío, sino complejos entramados de pensamiento, ciencia, agricultura y organización política que llevaban siglos madurando de forma autónoma.

Reducir ese pasado a la categoría de «prehistoria» o «barbarie» no fue un error de cálculo, sino un requisito político. Al definir al indígena como una «nada» ontológica —lo que Dussel conceptualiza como el ego conquiro (yo conquisto) que antecede y posibilita al ego cogito (yo pienso) de Descartes— se justificó el despojo. Si el otro no es un sujeto con dignidad y razón, sino un obstáculo o un recurso, la dominación se convierte en una obra de caridad civilizatoria.

La complicidad académica: el espejo retrovisor de las universidades

Lo doloroso no es solo que este relato haya sido escrito en Madrid, Londres o París, sino que se reproduzca con entusiasmo acrítico en las propias universidades latinoamericanas.

Nuestra educación superior ha funcionado históricamente como una sucursal ideológica del Norte Global. En las facultades de derecho, economía, filosofía o sociología, se enseña a leer la realidad local con lentes prestados, midiendo nuestro desarrollo (o subdesarrollo) según la distancia que nos separa de los estándares europeos o estadounidenses. Las bibliografías repiten cánones que ignoran la producción intelectual propia, y se premia al académico que repite la jerga metropolitana antes que al que se atreve a pensar los problemas desde el barro de nuestra periferia.

Las universidades, en lugar de ser trincheras de pensamiento emancipatorio, se convirtieron muchas veces en fábricas de validación del neocolonialismo epistémico, perpetuando la idea de que pensar con cabeza propia es una excentricidad provinciana.

Del imperio clásico a la era Trump: las mutaciones del neocolonialismo

La dominación ya no necesita ejércitos de ocupación pisando nuestras calles ni virreyes despachando desde palacios coloniales. El neocolonialismo opera hoy a través de arquitecturas financieras, cadenas globales de valor que nos reducen a meros exportadores de materias primas, y una presión geopolítica implacable.

La llegada de Donald Trump a la escena política estadounidense y su reconfiguración del poder global marcaron un punto de inflexión que desnudó la crisis profunda de la visión europea del mundo. Con su lema de repliegue nacional y su pragmatismo transaccional sin filtros diplomáticos, la administración estadounidense dejó claro que para los centros de poder imperial, América Latina no es un socio democrático ni un aliado en un proyecto civilizatorio común, sino un «patio trasero» sujeto a la extorsión arancelaria, al control migratorio punitivo y a la disputa descarnada por los recursos naturales (litio, agua, petróleo, biodiversidad) frente a la creciente influencia de potencias como China.

Esta presión dejó a Europa en una posición de extrema incomodidad. La vieja metrópoli, atrapada en su propia crisis energética, económica y de identidad, demostró ser incapaz de ofrecer una alternativa soberana para el Sur Global. La crisis de la visión europea no es solo política; es civilizatoria. El modelo de consumo ilimitado y democracia liberal tutelada cruje por las costuras, evidenciando que el «centro» ya no tiene respuestas para los problemas globales que él mismo ayudó a crear.

El porvenir desde el Sur: la Transmodernidad de Enrique Dussel

Frente a este callejón sin salida, la obra tardía de Dussel nos deja una brújula potente: la Transmodernidad. No se trata de renegar cobardemente de la modernidad tecnológica o científica, sino de superarla desde su «exterioridad».

La Transmodernidad propone un diálogo pluriversal (un pluriverso) donde las culturas que sobrevivieron al zarpazo del ego conquiro —las voces indígenas, afrodescendientes, campesinas y populares— se autoafirman no como reliquias de museo, sino como portadoras de racionalidades alternativas. Es la comprensión de que los saberes ancestrales, las formas comunitarias de la economía, la minga, el cuidado de la tierra y la ética de la vida (el grito de los excluidos, como bien señalaba también Scalabrini Ortiz o el teólogo Scannone) tienen respuestas urgentes ante el colapso ecológico y social que el capitalismo globalizado nos heredó.

América Latina no es una copia descolorida ni una sucursal retrasada de Occidente. Es, en palabras de Dussel, un laboratorio crucial de la resistencia humana. El futuro de lo que llamamos «Occidente» —si es que este tiene algún porvenir redimible— ya no se jugará en los despachos de París o Washington, sino en la capacidad de nuestras universidades, nuestros pueblos y nuestros movimientos sociales para escuchar y articular las voces de los de abajo, transformando la periferia en el punto de partida de un nuevo mundo posible.

Glosario:

-El pluriverso: es un 

concepto filosófico, político y social que propone que no existe una única realidad, historia o modelo de civilización universal, sino un mundo donde caben muchos mundos

visiones y realidades.

-Ego conquiro: es una expresión en latín que significa «yo conquisto». En filosofía y teoría de la descolonización (especialmente en la obra del filósofo Enrique Dussel), este concepto se utiliza como crítica a la historia de la Modernidad europea

-La transmodernidad : la perspectiva de Enrique Dussel (desde finales de los años 90):La concibe como un proyecto ético, político y de liberación que surge desde la exterioridad de las culturas no occidentales y oprimidas (lo «periférico»). Rechaza el eurocentrismo de la posmodernidad y propone un diálogo intercultural simétrico y pluriversal que rescata saberes ancestrales y comunitarios para enfrentar la crisis civilizatoria del capitalismo y el neocolonialismo actual.

Onésimo Vásquez Posada

Octubre 3/2026

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