El sismo que sacudió a Pereira dejó a numerosas familias damnificadas y obligó a comunidades enteras a buscar refugio y asistencia. En medio de aquella emergencia, mientras las necesidades crecían y la respuesta institucional era cuestionada por algunos habitantes, un grupo de jóvenes se organizó para brindar ayuda a quienes habían resultado afectados.
Entre ellos se encontraba Kevin Santana, gestor cultural y coordinador de voluntarios, quien había desarrollado parte de su labor humanitaria en el denominado Albergue Parque Olaya Herrera, instalado en el área verde del parque del mismo nombre, en Pereira.
Allí, junto con otros voluntarios, había participado en la consecución y distribución de alimentos y suministros, además de coordinar apoyos para las familias damnificadas y facilitar espacios de acompañamiento emocional.
Su trabajo también había incluido la interlocución con las comunidades que permanecían en el albergue, donde las condiciones de quienes buscaban refugio se habían complicado especialmente durante las jornadas de lluvia.
Ayuda y carpas
Desde los primeros días posteriores al sismo, Santana y sus compañeros habían solicitado la presencia de las autoridades en el Albergue Parque Olaya Herrera, con el propósito de que se realizara un censo de las personas afectadas y se avanzara en su reubicación.
Según había relatado, esa tarea correspondía a las instituciones y no a los voluntarios. Sin embargo, ante las necesidades que encontraron en el terreno, terminaron asumiendo labores de apoyo mientras esperaban una mayor presencia oficial.
Uno de los momentos más tensos se había producido durante una jornada de lluvia. Las familias permanecían en el albergue mientras algunos niños se mojaban, y los voluntarios habían reclamado la utilización de carpas disponibles para protegerlos.
Santana había contado que, después de dialogar con un funcionario de la administración municipal, se habían autorizado cinco carpas, con prioridad para las familias que tenían niños.
La situación, sin embargo, había adquirido otra dimensión después de la publicación de un video en redes sociales en el que, según el testimonio del joven, se había presentado a los voluntarios como participantes de una supuesta asonada y se les había relacionado con la Primera Línea.
Señalamientos
Para Santana, aquella interpretación había distorsionado lo que realmente había ocurrido en el albergue.
Él sostenía que los voluntarios no habían llegado al lugar con la intención de generar disturbios, sino de reclamar protección para las familias damnificadas. La discusión por las carpas había surgido, según su relato, en medio de la lluvia y de la preocupación por los niños que permanecían expuestos al agua.
A partir de entonces, el episodio había trascendido el espacio del albergue y había llegado a las redes sociales.
Santana había asegurado que él y otros voluntarios habían comenzado a recibir señalamientos y mensajes que les generaban preocupación por su seguridad. También había afirmado que situaciones similares habían afectado a otras personas que habían participado en labores de rescate, recolección de escombros y asistencia humanitaria.
Estas afirmaciones correspondían al testimonio del entrevistado y no constituían, por sí mismas, una verificación independiente de los hechos denunciados.
Entrega de alimentos
La actividad de Santana y los demás voluntarios en el Albergue Parque Olaya Herrera no se había limitado a repartir comida.
Habían organizado personas dispuestas a colaborar, conseguido suministros, establecido comunicación con las familias y facilitado acompañamiento psicosocial para quienes enfrentaban las consecuencias de la tragedia.
Durante esas jornadas habían participado profesionales y organizaciones que habían prestado sus servicios de manera voluntaria. Entre ellos, según había relatado Santana, se encontraban integrantes del Colegio de Psicología de Colombia, quienes habían atendido a personas damnificadas y habían solicitado acompañamiento de las autoridades de salud.
Para quienes permanecían en el albergue, ese acompañamiento había representado una ayuda adicional en medio de la incertidumbre y las consecuencias emocionales provocadas por el desastre.
Labores
La historia de Santana no había comenzado con el terremoto.
El joven había explicado que durante aproximadamente siete años había participado, junto con otros compañeros, en procesos de formación ciudadana y política dirigidos especialmente a jóvenes.
También había estado vinculado a actividades culturales, particularmente relacionadas con el freestyle y la cultura urbana.
Según su relato, ese trabajo se había desarrollado al margen de partidos políticos y había buscado generar espacios de participación juvenil y expresión cultural.
Por eso, los señalamientos recibidos durante la emergencia habían resultado especialmente dolorosos para él. Después de años de trabajo comunitario, sentía que su labor había sido interpretada desde una perspectiva política que, a su juicio, no correspondía con las razones por las que había acudido a ayudar a las personas afectadas por el sismo.
Temor
La tensión había terminado afectando directamente la posibilidad de continuar con las labores de ayuda en el Albergue Parque Olaya Herrera.
Santana había manifestado que, por razones de seguridad, él y otros voluntarios ya no podían regresar al lugar, pese a que allí continuaban existiendo necesidades.
La situación había dejado una paradoja difícil de ignorar: quienes habían acudido a una zona afectada para colaborar habían terminado alejándose por temor a las consecuencias de los señalamientos públicos.
El joven había asegurado además que otros voluntarios y rescatistas habían atravesado situaciones similares.
Solidaridad
A pesar de las dificultades, los procesos comunitarios no se habían detenido.
Santana había contado que diferentes grupos se habían organizado en varios puntos de acopio y que se encontraban preparando una actividad simbólica para acompañar el duelo de la ciudad.
Todavía no había una fecha definida, pero la intención había sido clara: utilizar la cultura como una herramienta para acompañar a las comunidades y transformar el dolor provocado por la tragedia.
La propuesta no se había limitado a la entrega de ayudas materiales. También buscaba generar un espacio para que las personas pudieran expresar lo que habían vivido y comenzar a reconstruir los vínculos sociales afectados por el desastre.
Llamado
Antes de finalizar la entrevista, Santana había dirigido un mensaje a la persona que, según su versión, había realizado las publicaciones que dieron origen a los señalamientos.
Había pedido que, antes de exponer públicamente a quienes participaban en labores de voluntariado, se investigaran los hechos y se escucharan las diferentes versiones.
También había manifestado su intención de acudir a las vías legales correspondientes y había reclamado la posibilidad de sentarse a dialogar.
Su llamado había estado dirigido a evitar que la emergencia terminara profundizando las divisiones políticas y sociales de la ciudad.
Exposición
El caso relatado por Kevin Santana había mostrado una dimensión menos visible de la tragedia.
Mientras las familias damnificadas permanecían en espacios como el Albergue Parque Olaya Herrera, los voluntarios habían intentado llenar algunos de los vacíos que encontraban en el terreno. Pero esa labor también había quedado atrapada en medio de las discusiones políticas, los señalamientos y las confrontaciones en redes sociales.
El joven había sostenido que había acudido a ayudar y que terminó sintiéndose señalado y en riesgo por hacerlo.
Más allá de las versiones enfrentadas, la historia había dejado una reflexión sobre la manera en que una sociedad respondía durante una emergencia: la solidaridad requería organización, pero también confianza; y cuando esa confianza se rompía, incluso quienes llegaban con la intención de ayudar podían terminar convirtiéndose en protagonistas de una nueva confrontación.
Al final, el mensaje de Santana había sido una invitación al diálogo. Después del sismo, había dicho, la ciudad no necesitaba más odio, sino la posibilidad de escucharse, reconocer las diferencias y trabajar en la reconstrucción.
Porque después de que el movimiento de la tierra había terminado, todavía quedaba por reconstruir algo mucho más frágil: la confianza entre quienes necesitaban ayuda, quienes habían decidido brindarla y quienes tenían la responsabilidad de garantizarla.
Nota del autor: Las declaraciones, acusaciones y versiones expresadas en esta entrevista corresponden exclusivamente al entrevistado, Kevin Santana, y representan su testimonio personal.
Escribe: CARLOS ALBERTO RICCHETTI


