Petro, 2022

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Por JORGE H. BOTERO

Es más leal con la democracia -más inteligente- confrontarlo en el plano de las ideas; nada hay en su condición de antiguo servidor público que, por ahora, le impida aspirar a la presidencia. Y ganarla

Atacar a Gustavo Petro por conductas respecto de las cuales las investigaciones no prosperaron o por las que fue absuelto carece de sentido. Es el caso de lo que él mismo denomina el “Petrovideo”, un episodio escandaloso y ampliamente difundido que, por ahora, no ha parado en nada. Entiendo que eso mismo pasó con su responsabilidad en la crisis de las basuras de Bogotá, con la abusiva estrategia de las “tutelatones” que tan nociva fue para la administración de justicia, o su abierto desafío a la Procuraduría desde los balcones de la Alcaldía, que muy cercanas estuvieron a la rebelión. En el momento actual Petro está fresco como una lechuga y listo para dar las batallas que se avecinan.

Es absurdo reprocharle su condición de militante del M-19, organización subversiva que cometió actos horrendos, tales como el asalto al Palacio de Justicia, pero que se reincorporó a la vida civil con lealtad absoluta en los años ochenta del pasado siglo. No sobra recordar que esa vocación de paz le costó la vida a su máximo líder, Carlos Pizarro Leongómez, y por poco a Antonio Navarro Wolff, quien desde entonces ha sido un político y funcionario público ejemplar. El M-19 jugó -bueno es recordarlo- un papel importante en la construcción de la Carta Política del 91.

Equivocado también resulta criticarlo por supuestamente haber dicho que si triunfare en los comicios del año entrante no entregaría el poder, cuando lo que en verdad dijo, con total claridad, es que su proyecto transformador de la sociedad colombiana requiere, al menos, tres periodos presidenciales. Ese anhelo es por completo comprensible; no hay líder ni partido político que carezca de una plataforma de largo plazo. Ni Uribe ni Santos se sintieron a gusto confinados en un cuatrienio.

Formuladas estas anotaciones, toca confrontarlo, sin agravios personales, en el plano de las ideas. En la reciente entrevista en Semana dijo que “La corrupción le tiene miedo al cambio. ¿Cómo los corruptos no van a sentir miedo de que nosotros ganemos si llevan gobernando dos siglos?”. Aceptemos que existe alta corrupción y que los corruptos le temen al cambio, pero de allí a afirmar que llevamos doscientos años gobernados, sin excepción, por una camarilla corrupta resulta inconcebible. ¡Ni un solo gobierno o gobernante se salva! Tendríamos que estar muy avergonzados de ser colombianos y, por supuesto, felices de la epifanía que representaría la llegada de la Colombia Humana al poder.

Para Petro, que es un dirigente de la izquierda radical, “las campañas de la derecha se fundan sobre la mentira”. No se pondrá en duda que existen esos polos y multitud de posiciones intermedias. No obstante, resulta inaudito sostener que los localizados en una orilla sean, sistemáticamente, mentirosos; y, por necesidad lógica, los del bando opuesto campeones inmarcesibles de la verdad. Si esta división es correcta, no tenemos en frente adversarios, sino enemigos. No se les puede conceder confianza alguna, ni realizar con ellos los compromisos que en una sociedad abierta y plural son pan de cada día. Como han escogido la mendacidad, deben ser convertidos a la buena causa o relegados a “las tinieblas exteriores”. En este contexto maniqueo -buenos contra malos- la democracia es imposible.

Si Petro tuviere la razón sobre la unánime corrupción de los gobiernos durante toda la vida republicana, cabría esperar que haya estado acompañada de actos de estupidez tales como el que supuestamente habría cometido Andrés Pastrana, según Petro, al abandonar el cultivo del café como eje de nuestra actividad económica. Tal vez la historia económica no sea su fuerte o la entrevistadora lo entendió mal. Aunque su importancia en el empleo rural sigue siendo elevada, el café ya no es, ni volverá a ser, el eje de la economía nacional, no obstante que la producción haya crecido, tanto como el diferencial de precios frente a otros cafés, como consecuencia de los esfuerzos efectuados para mejorar la calidad. Las razones son múltiples: el pacto mundial de cuotas, que nos garantizaba precios superiores a los del mercado, se derrumbó en 1989; otros países, Vietnam, por ejemplo, nos compiten con mucha fuerza; y el crecimiento de la economía ocurrido desde entonces determina que sea utópico pensar que el café nos sacará de las dificultades actuales de orden tributario y cambiario. La diatriba contra Pastrana carece de sentido.

Para Petro los bancos no generan riqueza; son una suerte de parásitos que succionan la que proviene de la producción (cabe imaginar que refiere a la manufacturera y agropecuaria; y que el sector de servicios todo -no solo el financiero- cae bajo el mismo estigma). Por razones que no son evidentes, los bancos de Sarmiento son peores. En general, se considera que la banca juega un papel esencial en la movilización del ahorro hacia la inversión y en la administración del sistema de pagos; y que, si realizan bien esa tarea, aportan al crecimiento económico y, por ende, al bienestar social. Demuestra esta afirmación la existencia de una alta correlación entre bancarización y producto per capita. Nada de esto coincide con su pensamiento económico; esperemos que en la campaña lo exponga con amplitud y nos ayude a superar tantas mentiras que nos ha inoculado la derecha.

Como el aspirante al solio presidencial considera que los bancos son, sin embargo, un mal necesario, propone que los bancos privados compitan con el Banco Agrario, el único de naturaleza estatal que subsiste. Al margen de que en el mundo entero los bancos oficiales tienden a fracasar (suelen ser pésimos recaudando la cartera) se le pasa por alto que esa entidad es de muy reducido tamaño. Se requeriría una capitalización gigantesca, difícil de justificar, para que compitiera en condiciones de igualdad con el resto de la banca.

En pensiones, su propuesta consiste en mejorarlas y expandirlas sin que hacerlo tenga los enormes costos fiscales de hoy. ¿Magia? No creo.  Tal vez expropiación del ahorro pensional en cuentas individuales…

Briznas poeticas. Escribe Nicolás Gómez Dávila esta profunda simpleza. “Que, en nuestro tiempo, “rutinario”, sea un insulto, solo comprueba nuestra ignorancia en el arte de vivir”.

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