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Política¿Qué hicimos mal?... tres generaciones

¿Qué hicimos mal?… tres generaciones

Por HERNANDO AYALA MELGAREJO

La Democracia ciudadana pactada en 1991 se quedó en el papel. 

Déficit de ciudadanía y analfabetismo político se van a seguir imponiendo.

El conspiracionismo “ganó”, puso mandatario en las elecciones 2016 en lo que el trumpismo llama “América first” y pretendió repetir su dosis en 2020 para seguir por la senda del maniqueísmo, anticomunismo, ganadores y perdedores, exclusión, discriminación.  Entiéndase como supremacismo extremo la manifestación violenta ocurrida en el Capitolio de Washington en enero 6. En la parroquia colombiana esa misma receta de miedo indiscriminado a diestra y siniestra para asustar calentanos, se impuso en el No al acuerdo de la Habana en ese mismo 2016 y en las elecciones de 2018 con el rollazo del castrochavismo. En los episodios referidos quedó en paños menores una realidad irrefutable en las geografías aludidas, el analfabetismo político y el déficit de ciudadanía con autonomía y capacidad crítica para decidir lejos de la guerra desinformativa, amén de la compra venta de votos en el caso colombiano, están a la orden del día para seguir por lo mismo.

El 5 de febrero se cumplió el aniversario 30 de la instalación de la única Asamblea Nacional Constituyente que construyó una Constitución Nacional en Colombia en lo vivido por todo colombiano en vida hoy, 50 millones de seres humanos, no obstante que esa figura es manoseada cada que necesitan hacer demagogia y asustar los populismos y demagogos del negocio electoral. En los 36 millones y medio de electores, colombianos con cédula de ciudadanía hoy, no hay suficiente ciudadanía competente, responsable, capaz de elegir una representación con estatura, altura, merecimiento y legitimidad veraz, para ejercer con decoro y honor fidedigno funciones públicas, mandato ciudadano, en una democracia sin glosa de ninguna índole en los cargos públicos para el poder ejecutivo y legislativo de la nación. Entendedor que merezca respeto por sí mismo, tiene claridad rotunda de cómo han sido elegidos gobernantes y legisladores durante el siglo 21 y desde los años setenta del pasado siglo. El setenta por ciento de los ciudadanos con derecho a voto en Colombia, no eligieron al gobierno actual. Son 36.5 millones de colombianos el universo de electores en el país según los datos disponibles.

La Constitución de 1991, un pacto social para la diversidad, inclusión, garantías fundamentales en una democracia ciudadana participativa, insufló un espíritu de esperanza para buscar la salida al infierno de violencia, inequidad, exclusión, discriminación, corrupción, toda la perversidad de la dañada estructura electoral del país, con un catálogo extenso de normas que de haber sido aplicadas viviríamos una realidad totalmente opuesta a lo que hoy padece la sociedad enferma que habita la geografía colombiana. Ni el paraíso, ni el sueño de ángeles escrito en el texto del pacto social que nos rige. Los elegidos para la democracia representativa, han hecho todo a su alcance para declarar la guerra y el desmonte de la democracia participativa del poder ciudadano, sometiendo a centenares de enmiendas a la Constitución  sin contar los miles de intentos por desbaratar la arquitectura normativa ensamblada con el sueño de la paz, equidad e inclusión que tanto ofenden a las ideas de privilegios que siguen imponiendo el miedo y sectarismo de fácil calado en la ignorancia política y democrática de la base ciudadana que cede el voto por cualquier cosa.

Una tarea formadora de ciudadanía responsable, competente, con suficiente cultura democrática basada en el respeto por la diferencia y la diversidad de ideas en humanidad, a través de tres generaciones mínimo, transcurridos treinta años, habría permitido alcanzar un comportamiento cualitativo suficiente con autonomía, ausente de moral y hábitos de rebaño que han sido manipulados para mantener el control de quienes siguen manejando lo público, el Estado, como una finca privada con autoritarismo feudal. El pensamiento antidemocrático no tiene capacidad, ni preparación para entender la dimensión y estatura de la democracia ciudadana participativa concebida y escrita en la Constitución de 1991, por ello lo combate con todas las formas de lucha posibles para desmontarlo. La civilización ética social del imperio de derechos y garantías que es posible practicar con toda la complejidad humana y sus imperfecciones en territorios como Canadá, Noruega, Dinamarca, no serán posibles en un territorio donde el comportamiento es esclavo prisionero de los impulsos viscerales y emocionales al vaivén de los sustos y engaños.

Con el espejo castrochavista inventado e instalado en el inconsciente colectivo de los que votan movidos por lo que mueve a un electorado deficitario, en sus dimensiones cualitativa y cuantitativa, augura el mal presagio del continuismo de la receta instalada durante este siglo con la meta de mantenerse hasta 2030. Después será peor con una población cada vez más envejecida y sometida al raponazo de sus garantías fundamentales como la seguridad social y el espejismo pensional. El régimen que hoy controla todo lo público y privado ya anunció que no habrá pensiones porque no hay con qué y seis de cada diez colombianos que se ganan la vida en la informalidad jamás tendrán jubilación. Ninguna paz será posible entre los colombianos así. Esto quiebra la médula del espíritu democrático de la Constitución del 91.

El péndulo electoral se movió en la Unión Americana por cuenta de una población con educación suficiente para defender su democracia tri centenaria. En Colombia difícil que alcance pues las opciones de alternancia en el poder están más divididas, fragmentadas y prisioneras de sus egos, codicias y ambiciones personales, peor que la oposición en Venezuela. Con vetos, exclusiones y descalificaciones entre los que debieron unirse para hacer el relevo y pasar la página de lo vivido en estos cuatro años como corolario de los veinte impuestos desde 2002, no hay opción real a la vista de poder sacar a los dueños del erario y la burocracia este siglo. Como en el hundimiento del Titanic, hay que ir buscando sitio en algún bote salvavidas porque la realidad no promete futuro.

Escrito por Hernando Ayala M Periodista Proceso Sociedad para Todos 30DS.
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