TEMOR A DORMIR DESPUÉS DE UN SISMO

OpiniónTEMOR A DORMIR DESPUÉS DE UN SISMO

Uriel Escobar Barrios, M.D.

Mateo, de 36 años, consultó porque desde el sismo del 10 de agosto no logra recuperar el sueño. Cuando intenta dormir, se sobresalta y teme que ocurra una réplica mientras está dormido y no pueda ponerse a salvo. Aunque sabe que no hay señales de peligro inmediato, el miedo lo supera. No es falta de voluntad: después de una experiencia amenazante, el cerebro y el cuerpo pueden tardar en sentirse seguros de nuevo. Ante un sismo, el cerebro activa sus sistemas de alarma: la amígdala ayuda a preparar al organismo para reaccionar, aumentan la atención y la activación física, el corazón puede acelerarse y los músculos ponerse tensos. Esta respuesta es útil durante el peligro; pero, después, algunas personas permanecen más alerta de lo necesario. Los ruidos, las vibraciones o el momento de acostarse pueden recordarles lo ocurrido y provocar sobresaltos, angustia o dificultad para conciliar el sueño. Tras una experiencia traumática también pueden aparecer pesadillas o recuerdos involuntarios, irritabilidad, problemas de concentración, tensión, evitación de lugares o conversaciones que recuerdan el evento y una sensación persistente de inseguridad.

No todas las personas tienen los mismos síntomas, y si aparece alguno, no significa necesariamente que padezcan un trastorno. En muchos casos, las reacciones disminuyen con el tiempo, el apoyo social y la recuperación de rutinas; la persistencia, la intensidad y el impacto en la vida cotidiana son importantes. Con respecto al sueño, este puede alterarse  porque el organismo sigue en estado de vigilancia; además, dormir implica soltar parte del control consciente, algo que puede sentirse inseguro después de un sismo. Así que intentar obligarse a dormir o reprocharse por el miedo que se siente suele aumentar la tensión. Es mejor reconocer la reacción sin juzgarla y recordar que el cuerpo está respondiendo a una alarma que puede ir apagándose gradualmente. Para ayudar a recuperarse, conviene mantener horarios regulares de levantarse y acostarse, reducir la cafeína desde la tarde y evitar alcohol como recurso para dormir. Antes de ir a la cama, puede ser útil bajar la intensidad de las luces y las pantallas, hacer respiraciones lentas y practicar una actividad tranquila. Si el sueño no llega tras un rato, levantarse y hacer algo relajante con poca luz puede ser mejor que permanecer en la cama angustiado.

También ayuda acordar medidas razonables de seguridad con la familia, conocer las rutas de salida y seguir indicaciones oficiales; asimismo, evitar revisar noticias o alertas de forma constante al acostarse. Hablar con alguien de confianza y retomar poco a poco las actividades cotidianas favorece la sensación de estabilidad. Si el miedo, las pesadillas o el insomnio persisten, empeoran o interfieren con el trabajo y las relaciones, es recomendable consultar a un profesional de salud mental. La psicoterapia puede ayudar a procesar lo vivido y a reducir la respuesta de alarma; además, un profesional de salud también puede evaluar otras causas del insomnio. Recuperar el sueño no significa olvidar el sismo: significa ayudar al cerebro a distinguir el recuerdo del peligro presente y devolverle espacio al descanso.

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