Dios los hace y ellos se juntan.
Esta historia se desarrolla en el fascinante mundo de los animales, allí algún día necesitaron de organización y aprobaron escoger a quienes detentarían el poder. Esto se mantuvo por siempre y en cada ocasión algunos animales brillaban por su locuacidad, los lagartos sobre todos los demás, así como los sapos y no pasaban inadvertidas las víboras y los buitres.
Con el correr de los años se fue haciendo visible la presencia de un animal que hacía creer a los demás que les estaba ayudando, cuando en verdad el que sacaba partido era él. Experto en el arte de la adulación, con aceitada lengua, brazos fáciles de estirar para repartir abrazos y sobre todo facilidad de camuflaje, para parecer socio de todos y empleado de ninguno.
Siempre se le veía en las reuniones sociales y se daba sus mañas para conocer secretos, unos publicables y otros no, de todos y cada uno de sus amigos (o será mejor victimas), vestía sus mejores galas y hasta alardeaba de su extensa cultural general, a pesar de haber reprobado la educación sica y de no ser siquiera normal en su palabra y expresión.
Era bueno de estómago, pues no solo recibía, de todo lo que le daban, sino que además no tenía escrúpulos para digerir adulaciones y en su afán de expandir su poder de convencimiento, busco el socio ideal para lograr su cometido.
Pactó una cita con el loro, al fin y al cabo, aunque hablaba mal y solo repetía lo que le decían, tenía poder porque era el dueño de la Voz.
Pocas veces atinaba al ganador, pero su facilidad de cambio de piel, le permitía acercarse al vencedor y convencerlo de ser él, “el culpable” de su triunfo y crear la necesidad de un pago a tan encomiable labor, así fue siempre y así sería por mucho tiempo más.
Señor Camaleón; Don Camaleón y hasta jefe eran las palabras que más le gustaba escuchar, pues dependiendo de quienes vinieran el tono era directamente proporcional a la elevación de su ego… Sí, ese era el personaje.
Moraleja. Si necesitas adulación busca al Camaleón, pero ten cuidado no siempre veras su verdadera piel.
Cualquier parecido con algunos y sobre todo en época electoral, es mera realidad.
Carlos Alfonso Riaño Acevedo.
Abogado. Comentarista Deportivo y algo loco


