sábado, febrero 7, 2026

VITALIDAD SIN FECHA DE EXPIRACIÓN

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Hoy levanto la voz en nombre propio. Tal vez esta expresión sea incomprendida por los lectores, pero tomé la decisión de abandonar prejuicios, no míos, sino de una sociedad tan dada a opinar y ser la panacea ante lo circunstancial de la vida.

Empiezo por invitar a derribar mitos construidos a lo largo de años y que son objeto de mi análisis.

Ante todo, anhelo dejar sentado que la mente tiene el poder de llevarnos a sitios inimaginables, pero, también el poder de destruirnos. Buscar el equilibrio se convierte en una misión constante, es decir, hay que trabajar todos los días en ello.

Cuando se es joven, disponemos del mundo logrando alcanzar altos sueños (estamos ávidos de conocimiento, de explorar nuevas experiencias, de vivir con pasión cada segundo), aunque en ese viaje, podamos perder el norte, pero, está presente la fuerza y devoción necesarias para alcanzar la cima, sin importar lo frustrante que pueda llegar a ser. No hay asomo de cansancio, la energía es un estallido que irrumpe nuestro ser para indicarnos que todo es superable, nos permite levantarnos sin importar cuántas veces hallamos tropezado. Entonces, empezamos a escribir nuestra propia historia.

Con el paso del tiempo desarrollamos habilidades, destrezas y virtudes, producto de ese proceso realizado con antelación y se continúa construyendo, incluso se proyecta una familia como el punto culmen de este recorrido. Es la visión de muchos.

Ahora bien, como todo lo cíclico, enfrentamos cambios físicos para los que no estamos preparadas, los años vienen con un ramillete de sorpresas que pueden conducir a un abismo de incertidumbre sin encontrar más respuestas que las ofrecidas por las amigas, la sociedad y Google. Abordar esos cambios es complejo, no hay tratados ni manuales que brinden respuestas a tantas incógnitas presentes.

En este punto, leernos debería convertirse en compromiso diario. Cuando menciono, leernos, me refiero a comprender lo que mi mente y cuerpo gritan, pero, no sabemos escuchar. Pareciera que anduviéramos en automático, actuamos por inercia. Si por alguna circunstancia aparece la migraña o un fuerte dolor de cabeza inusual, viene la pregunta, ¿qué me estará originando ese dolor? Y la mente divaga sin hallar respuesta, pero, cumplió su misión, desatar una tormenta, somatizamos dicha experiencia, me vuelvo irascible, se descompuso el momento, entré en caos.

Las máquinas más potentes se deterioran, nuestro cuerpo también, pero, yo tengo el control sobre él sintiendo que todo seguirá su curso.

Si bien es cierto que en la juventud la piel es una tacita de porcelana, hay flexibilidad en el cuerpo, agilidad en el andar, nitidez en la mirada, pulcritud en la audición, raciocinio para sortear los avatares de la vida, solidez para argumentar, alegría al sonreír, fuego para amar, … en fin, todo un cilindraje de revoluciones que dan cuenta de esa maravillosa e irrepetible etapa de la vida, debo ser consciente de ello, La tuve en mis manos, en mi cerebro, en mi ser, ya no. Y lo comprendo como algo natural.

Han pasado los años, me refiero a los años calendario, porque el deseo de continuar sintiendo la fuerza de la vida, la calidez de un abrazo, el discurso cálido que apacigua las turbulencias de los días agitados por el enojo, el desengaño, la ingratitud, son compensados por una sonrisa a tiempo y una cara afable, para mostrarnos que, aunque sumen cada 365 días, no caducan, es el tiempo, pero, no la vida.

Pero, ¿qué es vida? Podría definirla como animación y vitalidad de una persona. Me centro en ella, para defender mi postura en estas líneas.

Una mujer cuando comprende cómo está escrita su existencia sorteará de manera inteligente, los cambios que trae consigo cada estación de la vida. El mayor problema radica en la mente. La menopausia, no puede anularnos, existen mentes frágiles que repiten patrones establecidos por ellas mismas. Una mujer siempre será ese botón que puede florecer si lo desea. Ahora, habría que pensar si quiere convertirse en ese jardín florecido para otro o simplemente para ella. Es su decisión.

Con este proceso sólo nos fisuramos, pero, nos reconstruiremos cuando dejamos de verlo como un obstáculo para avanzar en ese trayecto.

Quiero derribar ese tabú que nos sumerge en el abandono más grande,” ya no sentimos, perdimos la capacidad de disfrutar de un encuentro íntimo, porque al asomar la menopausia, traerá consigo una perversa compañía. La frigidez; por consiguiente, la vida en pareja, llegaría al fin, la mía, también”.

Trabajamos tanto con la mente y nos creemos todo, pero, ¿por qué no, centrar la atención en cada una?” Soy muy importante por eso, siento, sueño, vibro”. Todo esto me pertenece, aun teniendo una edad cronológica, porque una manera de morir lentamente, es, negarse a vivir el encuentro con las emociones.

También puedo mostrar pasión en un abrazo, en una caricia, o un te quiero.

Ojalá entendamos el lenguaje del gusto, del tacto, del sonido, de la voz, de la mirada. Son formas de continuar caminando, no importa si es torpe, podemos transformar esa locomoción en algo más veloz si le decimos a la mente que queremos sentirnos, vernos, mostrarnos bellas, lúcidas, atractivas, pero sobre todo convencidas de que en cada una habita ese fuego que no debe apagarse mientras haya un asomo de luz. La llama tiende a mostrarse débil, solo si permito que el viento llegue y le arrebate ese brillo. No es la edad, soy yo. Todo depende de mí.

Es un momento en el que valdría la pena repensar la vida en pareja, la libido no se apaga si cuento con ese ser que me hace sentir importante, esencial para su vida, su compañía, consejera, amiga, cómplice, pero, sobre todo su pareja, la que puede convertir un encuentro en el más maravilloso sueño.

Adiós prejuicios, somos vitales, aún.

3 COMENTARIOS

  1. Ay que maravillosa reflexión !!! me queda: recordarme no dejarme morir lentamente, y darle el lugar a cada emoción para poder seguir manteniendo mi luz !!
    Gracias gracias gracias.

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