Para las nuevas generaciones, el nombre de Laureano Gómez quizá diga poco. Sin embargo, para comprender la historia de Colombia y su turbulento pasado, marcado por la violencia política y el sectarismo, resulta indispensable conocer quién fue y qué representó. Más aún cuando algunos de sus postulados parecen encontrar eco en el nuevo gobierno.
Laureano Gómez Castro es considerado uno de los principales ideólogos de la extrema derecha colombiana. Su pensamiento ha sido asociado con el franquismo (quien apoyó a Hitler) y es reconocido por su autoritarismo, por posturas racistas, supremacistas blancas, antisemitas y profundamente elitistas. Estas características no son una invención de sus críticos; están ampliamente documentadas en la historiografía colombiana. Basta citar uno de sus discursos para comprender su pensamiento:
«Otros primitivos pobladores de nuestro territorio fueron los africanos, que los españoles trajeron para dominar con ellos la naturaleza áspera y huraña. El espíritu del negro, rudimentario e informe, como que permanece en una perpetua infantilidad. La bruma de una eterna ilusión lo envuelve y el prodigioso don de mentir es la manifestación de esa falsa imagen de las cosas…» (Discurso en el Teatro Municipal de Bogotá, 1928).
A ello se suman sus críticas al voto universal, al que calificaba como «contradictorio con la naturaleza jerárquica de la sociedad», y su oposición a los derechos políticos de las mujeres.
Colombia ha padecido una larga cadena de guerras civiles y episodios de violencia. Basta recordar la insurrección conservadora de 1851 contra las reformas liberales que impulsaban la abolición de la esclavitud y la separación entre la Iglesia y el Estado; la Guerra de las Escuelas (1876-1877); la Guerra de los Mil Días (1899-1902); y el período conocido como La Violencia (1946-1953), exacerbado tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, hecho que desencadenó masacres, desplazamientos campesinos y el surgimiento de guerrillas liberales. La memoria histórica no es intrascendente.
Estas breves referencias históricas resultan pertinentes para analizar el pensamiento del próximo presidente de Colombia, quien en diferentes ocasiones ha expresado su admiración por Laureano Gómez. No resulta casual, además, la presencia en su equipo de figuras vinculadas con ese linaje político, como el ministro de Hacienda, Miguel Gómez, nieto de Laureano Gómez, o Nicolás Gómez, hijo del senador electo Enrique Gómez Martínez, entre otros nombres que podrían sumarse a la lista.
Hoy, liberales y herederos del laureanismo, se unen para repartirse las tradicionales «mermeladas» burocráticas y presupuestales. El objetivo es cerrar filas contra cualquier propuesta de transformación social, contra la ampliación de derechos, contra la igualdad de género y, en general, contra todo aquello que cuestione el modelo de concentración del poder y la riqueza. Se promueve, una defensa irrestricta de la privatización, una reducción sustancial de impuestos para los grandes capitales.
Y mientras tanto, las camanduleras que invocan el amor, la reconciliación y el rechazo a la venganza, hoy guardan un silencio complaciente frente al genocidio que padece el pueblo palestino, pues el nuevo gobierno entra a apoyar incondicionalmente a Israel.
Harold Salazar A


