La normatividad sismorresistente en del país arranca con el terremoto de Popayán, uno de los más destructivos, ocurrido el 31 de marzo de 1983 que, pese a su magnitud moderada de 5.5, su impacto devastador se debió a su poca profundidad de 15 kilómetros. Un año después, en 1984, se expidió el primer código sismorresistente como respuesta a la tragedia, la cual rigió por 14 años hasta 1997, cuando el Congreso aprobó la ley 400, marco legal bajo el cual se expidió la NSR-98, siendo después actualizada en el 2010, con la NSR-10, la que hoy sigue rigiendo. Desde su expedición, mediante el decreto 926 de 2010, la NSR-10 solo ha recibido modificaciones puntuales, cuando al paso de estos 16 años ha habido avances importantes en los temas de sismorresistencia y antisismicidad, entendido el primero, como la respuesta de la estructura frente al terremoto, soportándolo para no colapsar y salvar vidas, sin evitar que la edificación sufra daños. El segundo término, antisísmico, es un concepto ideal que implica anular por completo los efectos del sismo, utilizando alta tecnología de aislamiento de base, desacoplando, absorbiendo y disipando la energía de los terremotos en las estructuras. La ingeniería antisísmica no nació en la era moderna. Hace 5.000 años, la Civilización Caral, construyó en la costa peruana imponentes estructuras sin contar con normativas ni cálculos modernos, pero sí con una asombrosa resiliencia ante los sismos. Investigadores de la Zona Arqueológica Caral y la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), revelaron que sus pobladores crearon técnicas ancestrales capaces de optimizar la respuesta estructural de sus Pirámides durante el movimiento telúrico. Esta estrategia constructiva se denomina shicras, que eran unas bolsas hechas con fibra vegetal rellenadas con rocas de diferentes tamaños, que los antiguos constructores integraban en las cimentaciones y plataformas piramidales. Durante el sismo, la masa contenida disipaba la energía al permitir que el relleno absorbiera el impacto del mismo. Fue una solución sorprendente adaptada a los recursos disponibles. El ingeniero Julio Vargas Newman, especialista de la PUCP en arquitectura, en coordinación con el Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento del Perú, evaluó la técnica precolombina de las Shicras con positivos y asombrosos resultados, concluyendo que el sistema ancestral aportaba evidencia científica para mitigar el impacto de un sismo y ser aplicado en las edificaciones actuales. Pues bien, con el pavoroso sismo del pasado 10 de agosto, De la Espriella se vio enfrentado, en menos de 72 horas, a 320 fallecidos y otros tantos desaparecidos, 5.234 heridos, la destrucción de 32.000 viviendas y 138.642 averiadas, 314 edificios colapsados y 6.206 deteriorados, sin contar con serios daños en infraestructuras viales, educativas y de salud, evidenciándose la urgencia de poner al día la Norma NSR-10 de hace 16 años, que en comparación con el estándar internacional que la propia norma colombiana toma como referencia; el International Building Code de Estados Unidos, se actualiza cada tres años. Por lo visto, deberemos prohibir totalmente las construcciones sobre el Colector de Egoyá y áreas de influencia, las que siempre resultan más afectadas, dedicándose estos terrenos a un moderno y amplio parque, propendiéndose por la extensión de la ciudad hacia los bellos terrenos de Cerritos y Condina, como ya viene sucediendo. Sin duda alguna, nuestra amada Pereira renacerá de sus escombros, mucho más bella, moderna y segura. Nuestra valentía y carácter, unidas a nuestra fortaleza, propiciarán la construcción de la ciudad de nuestros sueños.
Alberto Zuluaga Trujillo. Alzutru45@hotmail.com


