NOSTALGIAS MUSICALES Y EVOCACIONES CITADINAS -III-

OpiniónCiudadNOSTALGIAS MUSICALES Y EVOCACIONES CITADINAS -III-

Una explosión de recuerdos musicales y también etílicos generó esta recopilación improvisada de los bares y tabernas que amenizaron por décadas las noches pereiranas. Muchos amigos, muy perniciosos, por cierto, han traído a mi memoria muchos otros lugares que evoco en esta entrega.

En el edificio de la vieja Cámara de Comercio estaban en el primer piso Iskidara, elegante y discreto bar para la hora gris y en el mezanine Akí, pequeña taberna rockera donde escuché por primera vez «Angie» de los Rolling Stones. En los bajos del antiguo Teatro Nápoles, por la calle 20, estuvo Chaplin de nuestro amigo y crítico de cine Germán Ossa. Un sitio para la canción social y para la música en vivo. Frente al Parque de banderas estaba El Enano Bebe, trasteado después a la 21 con 8ª.


Abril, en la calle 23 entre 7ª y 8ª nos deleitaba con música de la «nueva trova cubana» y música suramericana. Y muy cerca, en la 7ª entre 27 y 28 funcionó Arlequín, atendido por sus propietarios, una pareja de jóvenes. En el centro comercial Alcides Arévalo estaba Fantasio y sobre la séptima, diagonal de la alcaldía, Fuente Azul, la cantina preferida de los jugadores del deportivo Pereira.

En algún lugar que no recuerdo estaba Los Cuervos y en la 8ª con 12 el muy sórdido Copacabana. En la 30 de agosto con 26 esa joya que era la Casa del Pandeyuca, atendido por lindas sardinas y que ofrecía no solo esta golosina (me refiero a los pandeyucas) sino cervezas y baladas. Allí conocí la maravillosa voz de Al Bano Carrisi y las primeras canciones de Dyango. Al frente, en diagonal, estaban Las Nereidas, una casa de dos pisos prohibida para jóvenes y con mucho sabor a pecado. Siguiendo al occidente por la avenida 30 de agosto estaba Cacharpari, en el hotel Torreón. Su penumbra escondía la asidua presencia de Oscar Vélez «Plumón». Al final del área urbana, llegando a Belmonte, estaba la Fonda del Gordo Rojas, atendida amablemente por su propietario sobre todo en las noches de bohemia.

Regresando al centro de la ciudad recordemos la Taberna Alemana, en una ramada ubicada en un sótano donde hoy está el edificio Don Bernardo, con orquesta teutona y música en vivo. Allí los Ayer’s de Medellín nos visitaban con frecuencia. La Fuente de soda Bolívar, en una esquina de la plaza, sitio icónico para el cortejo pereirano donde los helados se transformaban en cervezas.

Una cuadra abajo del Lago, sobre la 25, estaba el Bar Chispas, donde el tango hacía de las suyas en una casona vieja que se resistía a morir. Muy cerca da allí, en la 9ª con 22 estaba la Tertulia de Fabián, un fabuloso rincón para escuchar la mejor música entre tangos, boleros y baladas.

Y por cierto cómo no recordar a Tango mío, en el edificio Las Garzas sobre la calle 35. «Sancocho», su propietario, servía el licor y también ayudaba a consumirlo. Casi nadie sabía su nombre, pero todos desfrutábamos de su sapiencia musical.

Sobre la 8ª con 22 estaba La Costilla de Adán, que albergaba una pequeña taberna en la que con mucha frecuencia se presentaban artistas pereiranos.

Mi amigo Jimmy Contreras, el mejor cantante de boleros que ha dado la comarca, abrió frente a la Ruana otro lugar para la música en vivo, Donde Jimmy Bolero Show. No duró mucho.

De los veintiún exquisitos lugares de las noches pereiranas que relacioné en esta entrega no sobrevive ninguno. Todos sucumbieron ante la ruidosa y vulgar música de la modernidad. Gracias a los lectores por su ayuda. En la próxima entrega incursionaré en el universo de las discotecas y bailaderos históricos de nuestra querendona Pereira.

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