Hace unos pocos años, ante una pregunta que le hicimos a un galeno sobre el gusto o los disgustos por la leche deslactosada, esto me contestó: si usted le quita la lactosa a la leche, entonces usted en vez de estar tomando leche, está tomando agua. Como anillo al dedo con este preámbulo, traigo a colación las discusiones que se vuelven a generar desde las instituciones, que tienen que ver con la leche y sus derivados.
Desde el Congreso de la República se abrió por estos días el nuevo debate sobre la pureza de la leche que se vende en algunas tiendas de mercado, con marcas entre otras como Parmalat y Latti, esta última perteneciente a las tiendas D-1 en todo el país, que supuestamente no son bolsas de leche sino de lactosuero, líquido diferente a la leche entera. El lactosuero, es un líquido amarillento que sobra de la coagulación de la leche durante el proceso de fabricación del queso. Aunque contiene algo de agua, lactosa y una pequeña parte de minerales, no tiene el mismo valor nutricional ni la misma cantidad de proteínas y calcio que contiene la leche pura.
La controversia explica sobre un subproducto de desecho industrial sumamente económico, utilizado legítimamente como ingrediente en numerosos alimentos como la leche, para hacerla rendir y abaratar costos. De otro lado, el verdadero problema parece ser el engaño o fraude al consumidor y no la posibilidad de que el lactosuero produzca en los humanos alguna especie de envenenamiento o intoxicación.
Pero qué hace la Superintendencia de Industria y Comercio frente a este caso? Esporádicamente algunas empresas han sido sancionadas al engañar al consumidor y comercializar productos adulterados con altos niveles de lactosuero como si fueran leche entera. Por este motivo con el fin de evitar demandas por publicidad engañosa y cumplir la ley, otras marcas optaron por colocar leyendas visibles en bolsas o empaques que aclaran de forma directa: Este producto no es leche.
En todo caso, se trata de acordar con claridad sobre las condiciones normativas de tratamientos, precios y demás, para que estas bolsas del preciado líquido lleven legalmente el nombre de leche y en casos contrarios de acuerdo a la verdad del contenido, se puedan éstas etiquetar con denominaciones como alimento lácteo o bebida láctea.
Cabe agregar que en la Cámara de Representanres se presentó el proyecto de Ley 485, que proponía establecer un sellado frontal de advertencia para productos lácteos que contengan lactosuero, imitaciones u otros ingredientes que rebajen su calidad nutricional. Se buscaba que el consumidor pudiera distinguir claramente qué está comprando, y proteger la competencia y la producción nacional de leche.
Sin embargo, hay que precisar que ese proyecto fue archivado por tránsito de legislatura en junio de 2026. Por tanto, no sería correcto decir que actualmente existe una Ley aprobada por el Congreso que obligue a las tiendas a colocar esa advertencia.
José Manuel Jaramillo A. Directivo SOER (Sociedad Escritores de Risaralda.


