ANGUSTIAS Y RECONSTRUCCIÓN

OpiniónANGUSTIAS Y RECONSTRUCCIÓN

La tragedia del 10 de agosto continúa planteando interrogantes que los ciudadanos trasladan a quienes ejercen el oficio de columnistas. Son voces de damnificados que perdieron viviendas, locales, oficinas y patrimonios levantados durante décadas, y que esperan respuestas concretas sobre los auxilios y mecanismos financieros para reconstruir sus propiedades.

El Fondo Milagro ha anunciado recursos y programas, pero persisten inquietudes fundamentales: ¿cuándo y cuánto recibirá cada afectado?, ¿qué requisitos deberá cumplir?, ¿habrá subsidios directos o créditos de largo plazo, intereses reducidos y períodos de gracia? Particular preocupación despierta la situación de los estratos medios y altos ampliamente perjudicados, cuya anterior condición económica no significa disponer hoy de insumos para recuperar lo perdido.

La paciencia ciudadana ha sido admirable, pero no puede convertirse en espera indefinida y, como expresaba un ciudadano en la Plaza de Bolívar, también tiene límites. Se necesitan reglas transparentes, cronogramas y decisiones oportunas. La reconstrucción inmobiliaria no admite incertidumbres interminables.

En medio de estas angustias corresponde reconocer las gestiones que, dentro de su competencia, viene adelantando el alcalde Mauricio Salazar. Entre ellas sobresale la estrategia de generación de cinco mil empleos temporales destinados a labores de limpieza, pintura y recuperación del espacio público y que contribuye, simultáneamente, al ingreso familiar y al restablecimiento de la ciudad. Especial significado reviste la gestión relacionada por él con la Fundación Santo Domingo, encaminada, según lo anunciado, a promover estudios y planes técnicos para orientar el modelo urbano. Su importancia radica en la realidad de contar ya con el importante financiamiento y coordinación de esa entidad que contará con especialistas nacionales e internacionales que contribuyan a concebir una Pereira moderna, funcional, segura y ambientalmente sostenible. Estos instrumentos, esperados para los primeros meses del próximo año, podrían convertirse en una verdadera carta de navegación territorial y aportar elementos fundamentales para la revisión del Plan de Ordenamiento Territorial. De ahí la conveniencia de considerar el aplazamiento de su discusión y aprobación en el Concejo hasta disponer de dichos documentos consolidados.

No sería razonable, se ha repetido, reconstruir por solo donde estaban los edificios destruidos, reproduciendo deficiencias urbanísticas que desde tiempo atrás reclamaban soluciones. La tragedia, sin desconocer su dimensión humana, abre una oportunidad excepcional para transformar el centro, mejorar la movilidad, establecer estacionamientos periféricos, ampliar espacios peatonales y constructivos; recuperar parques, arborización y patrimonio arquitectónico, además de modernizar redes de servicios y garantizar accesibilidad universal.

También será indispensable vincular a las universidades, sociedades profesionales, gremios económicos y organizaciones ciudadanas. La planificación debe acompañarse de participación social, estudios de riesgo sísmico, mecanismos de financiación, sin dilatar con estériles discusiones y contar con una gerencia técnica capaz de asegurar continuidad más allá de los períodos administrativos.

Sin embargo, la visión de futuro no puede eclipsar las urgencias presentes. Mientras se proyecta la nueva ciudad, miles de personas necesitan resolver dónde vivir, cómo recuperar sus establecimientos y de qué manera atender obligaciones económicas que no desaparecieron con el terremoto.

El Gobierno Nacional, el Fondo Milagro (la presencia allí de Liliana Restrepo y Ana María Cuartas son prenda de confiabilidad en sus misiones, a pesar de las limitaciones) y las autoridades territoriales deben articular respuestas diferenciadas, equitativas y verificables. “Pero ningún recurso debe quedar inmovilizado mientras haya damnificados que necesitan un techo y cumplir los requisitos para recibirlo”, tal como lo dice un editorial de Diario Del Otún. No se reclaman favores misericordiosos, sino solidaridad republicana y respaldo institucional a quienes han contribuido al progreso regional y del país.

La reconstrucción exige dos velocidades inseparables: prontitud para aliviar el sufrimiento y rigor para planificar el porvenir. Pereira necesita recuperar sus construcciones, pero también su confianza, su economía y su horizonte de grandeza. ¡QUÉ NO NOS COJA LA NOCHE!

Jaime Cortés Díaz

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